ALARMA Y POLÉMICA POR CASOS DE NIÑOS CON TUBERCULOSIS
El problema, que comenzó en febrero de este año pero recién ahora sale a la luz, tiene no obstante distintas lecturas, según las fuentes consultadas. Mientras unos denuncian que se trata de 24 casos, las autoridades lo desmienten y aseguran que no llegan a diez. Y mientras desde la Municipalidad niegan que el contagio se haya producido en el centro municipal, algunos padres de chicos infectados creen que fueron contagiados por una maestra del lugar. En el medio hubo un cruce entre el concejal Alfredo Curi, que acusó al municipio de “ocultar” los datos, y la secretaria de Salud, Mónica Fein, que tildó de “poco serias” las denuncias.
El caso salió a la luz ayer cuando Curi denunció “24 casos de tuberculosis” en el centro Crecer Nº 10, ubicado en pasaje Franco 2038, del barrio Industrial (zona noroeste) y presentó un pedido de informes para que la Secretaría de Salud explique cuáles son las políticas sanitarias que se llevarán adelante tanto de tratamiento para estos niños como de prevención.
“Este hecho demuestra que el municipio no está protegiendo a los niños como corresponde”, declaró el concejal, y destacó que “es notable que la Municipalidad no esté informando sobre este problema”. Junto con esto exigió que se realice un relevamiento de casos de tuberculosis en la zona, porque si son muchos “debería declararse en zona de emergencia sanitaria”.
Ante esta cuestión, la neumonóloga Analía Chumpitás, quien trabajó en el barrio a partir de la aparición de estos casos, señaló a este diario que cuando se detectó la enfermedad de la maestra “se realizó un chequeo en 24 niños”, lo que no implica que todos hayan estado infectados (en el centro dijeron luego que se había tratado de ocho casos).
La profesional aclaró que “los niños no pudieron haberse contagiado de la maestra porque el estado de su enfermedad era bacilar negativo, es decir, que no expectoraba bacilo, o sea, que no contagiaba”. A partir de esto se planteó la necesidad de realizar en el barrio un estudio de la incidencia de la enfermedad por la gran presencia de tosedores crónicos en la zona. Así las cosas, desde el Programa de Tuberculosis se realizó un trabajo con la comunidad. “Encontramos pacientes adultos enfermos y a partir de ellos también niños”, señaló.
Por su parte, Mónica Liborio, titular de Epidemiología, aseguró que se hizo una investigación en el barrio y que se reforzó el personal sanitario para realizar diagnósticos y así derivar a las personas para su correspondiente atención. Además, aseguró que “no se puede decir que en esta zona haya más casos que en otras de la ciudad. Es una exageración decir que se trata de una zona de emergencia sanitaria”, opinó.
DESDE EL BARRIO
“Mi hijo se contagió en el comedor porque en mi familia nadie tiene la enfermedad” aseguró Mirta, la mamá de un niño de tres años que concurre al centro Crecer. Su hijo está sometido desde hace tres meses al tratamiento, y aunque la asistente social le recomendó que no concurriera al centro, ella lo manda igual. “Necesito que le den de comer”, dijo. Allí los niños reciben el desayuno y el almuerzo.
Junto a ella, Carlos también se quejó por su hijo de cinco años que contrajo la enfermedad y está en tratamiento. “A nosotros no nos hicieron ningún tipo de control y no sé si tal vez yo no estoy enfermo también”, manifestó.
El profesor auxiliar del centro Crecer, Mauricio Tiseyra, declaró a La Capital que a partir del diagnóstico de la enfermedad en la maestra “gente del Programa de Tuberculosis de la Municipalidad realizó estudios en los chicos y encontró ocho infectados que están recibiendo la medicación, mientras que al resto se les está haciendo un tratamiento preventivo”. Según Tiseyra, los niños “se contagian en sus casas porque no es raro encontrar adultos con la enfermedad. De hecho, en este barrio hay gente que se muere por tuberculosis”, confirmó.
Mientras el jefe de la Zona VIII de Salud de la provincia, Miguel Rabbia, señalaba días atrás en este diario que “en Rosario logramos quintuplicar la tasa de descenso” y “cada año hay menor cantidad de nuevos enfermos de tuberculosis”, hay zonas de la ciudad donde el bacilo sigue siendo mortal. El hacinamiento, la humedad (hay una zona en medio del barrio donde cada vez que llueve se forma una laguna de agua estancada), y el encierro que se vive son el caldo de cultivo para que se expanda la infección que se da en llamar “la enfermedad de la pobreza”, y aquí se pone en evidencia. Si bien la infección puede afectar a cualquier persona, es más fácil que se dé en lugares de hacinamiento y mucho más si la persona tiene bajas las defensas, como es el caso de quienes padecen desnutrición.
A partir de esta maestra contagiada, los centros de salud de la zona pusieron más personal e intentaron trabajar más en la zona; sin embargo, Tiseyra no dudó en afirmar que “es alarmante la presencia de la tuberculosis”. El centro atiende cada día cerca de 30 niños de dos a cinco años. Está a cargo de cinco profesionales que además de actividades educativas les dan de comer, intentando paliar la desnutrición que avanza sobre ellos.
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