Alarmante suba en la demanda del suplemento alimenticio familiar
:format(webp):quality(40)/https://notifecdn.eleco.com.ar/media/2018/02/bolsones-jubilados.jpg)
Rafaela: Desde Desarrollo Social del Municipio aseguran que la solicitud de los tradicionales “bolsones” aumentó un 25% en los últimos seis meses, en consonancia con el resentimiento de las economías domésticas.
Ya no solo se entregan a vecinos de los barrios más carenciados, sino que los pedidos también alcanzan a otros sectores de la ciudad. También se definió un cambio en la composición, para dotarlos de mayor calidad nutricional.
Según estudios de la Universidad de Avellaneda, a raíz de un seguimiento de la evolución del salario mínimo vital y móvil (SMVM), el poder adquisitivo en Argentina se redujo 6,1% entre los meses de diciembre de 2015 y 2017. Es decir, en los primeros dos años de la gestión de Cambiemos.
Sin embargo, no son necesarios informes universitarios o estadísticos para corroborar lo que cualquier vecino puede palpar en su economía doméstica: la disminución de capacidad de compra continúa viéndose visiblemente afectada.
La corriente inflacionaria que no detiene su marcha y se aleja de la meta propuesta por el Gobierno -convirtiéndola en ilusoria y en un parámetro muy poco confiable para la discusiones paritarias-, los reiterados aumentos en las tarifas de los servicios y las pérdidas de puestos laborales, son algunos de los motivos que ponen en jaque a las familias argentinas.
En Rafaela, la realidad no dista en absoluto. La conflictividad y los hechos de violencia que se suscitan en algunos de los barrios periféricos no son lo único que preocupa a los vecinos que habitan en estos sectores de la ciudad.
El dinero ya no alcanza, las dificultades económicas aquejan y recurrir a medidas extremas deja de ser una alternativa lejana para convertirse, lamentablemente, en la primera opción.
La Secretaría de Desarrollo Social del Municipio es uno de los espacios donde más se revelan los indicadores nombrados con anterioridad, ya que la demanda de asistencia continúa en una preocupante alza.
La doctora Brenda Vimo, a cargo de la dependencia desde los últimos seis meses, reveló que durante ese lapso aumentó un 25% el pedido del Suplemento Alimentario Familiar, comúnmente llamado “bolsón de alimentos”.
Según detalló la funcionaria, visiblemente alarmada por la situación, las solicitudes ya no se circunscriben a familias que habitan en los barrios más humildes de Rafaela, sino que la necesidad también alcanzó a vecinos de otros sectores, que comenzaron a ver sus bolsillos cada vez más apretados, y deben buscar en el Estado una ayuda para cubrir las carencias básicas.
El Presupuesto Municipal 2018 tiene su foco puesto en la prevención en seguridad, uno de los principales requerimientos de los rafaelinos. Pero también tiene importantes partidas para lo que el Gobierno local entiende como “contención social”, atento a una realidad que si bien se recrudeció en los últimos meses, se percibe desde hace tiempo.
De hecho, para este año se presupuestaron 3.082.190 pesos más que en 2017 para el área de Desarrollo Social, lo que equivale a un incremento de casi el 18%.
Sin embargo, las estimaciones pronostican que el dinero no alcanzará para cubrir toda la demanda. En ese sentido, también se busca articular con otras áreas para buscar herramientas que permitan mejorar la situación social, aprovechando cada centavo disponible.
Vale decir, al respecto, que hasta el momento no se ha designado de manera oficial a ningún nuevo funcionario para que se haga cargo de la Subsecretaría de Salud, que operativamente está a cargo de Mónica Andreo y depende de Brenda Vimo.
Esta Subsecretaría también tuvo una suba en las partidas presupuestarias de casi un millón y medio de pesos (9,2% más) para el presente año.
Otra composición
Por otro lado, la doctora Vimo tomó la decisión de cambiar la composición del mencionado Suplemento Alimentario Familiar.
Antes incluía yerba, azúcar, fideos, leche, aceite, arroz y harina. Ahora lo que se pretende es que el “bolsón” disponga de mayor calidad nutricional, por lo que se suprimió la yerba, y con ese mismo dinero se sumaron alimentos que contengan más avena y almidón de maíz, y más fideos.
Estos elementos componen lo que se denomina “una unidad alimentaria”, que es entregada por ejemplo a una pareja. En el caso de que esa pareja tenga dos hijos, se les otorgan dos unidades. Si la composición familiar es mayor, se evalúa el caso para poder darle mayor cantidad de unidades, siempre contemplando que los alimentos tengan mayor cantidad de hidratos de carbono y proteínas, clave para el desarrollo de los infantes.
El panorama es complejo y no arroja datos alentadores. Al aguardo de medidas que reactiven con urgencia las economías regionales, los rafaelinos también padecen las secuelas de un poder adquisitivo en picada. Por lo pronto, en el Estado local se pretenden contrarrestar los pedidos de ayuda a gritos, pero la sábana es muy corta y las herramientas escasean frente a una demanda tan grande. Todo parece indicar que las miradas son de desasosiego y angustia van a ser cada vez más frecuentes.
Más cifras nacionales
El informe citado en el primer párrafo del artículo, de la Universidad de Avellaneda, indica también que Argentina lideró la pérdida de poder adquisitivo por encima de Paraguay, que registró una baja de 4,7% en la capacidad de compra de su salario mínimo; de Brasil, cuyo retroceso fue de 3,4% en el bienio; y de Perú, que bajó 1%. Esto obedeció a un fuerte deterioro en 2016 y una parcial recuperación en casi todos los casos, salvo el paraguayo.
Por el contrario, en Bolivia el poder adquisitivo creció 8,2%; en Chile 6,2% y en Uruguay, 4,9% entre 2015 y 2017, aunque en el último país hubo un retroceso en 2017.
“Por otro lado, al comparar el salario mínimo en moneda dura, se encuentra un panorama similar. Por caso, con una merma de medio punto porcentual (-0,5%) en dólares, nuestro país se encuentra en la segunda posición en terreno negativo, solo por detrás de Brasil, cuyo ingreso mínimo en dólares sufrió un deterioro del 1,3%”, detalló el informe al comparar 2017 con 2015.
Particularmente en el caso argentino, “el proceso de deterioro del poder adquisitivo en los últimos dos años tuvo su raíz en el incremento sostenido en el nivel de precios, con un desacople muy marcado respecto de la variación en los ingresos en el año 2017. El año pasado, por su parte, el establecimiento de cláusulas gatillo en los principales convenios colectivos permitió frenar el proceso de deterioro, aunque la enorme porción de las ramas de actividad no han logrado recuperar la caída de salarios reales producida en 2016”, explicó el documento del Observatorio de Políticas Públicas de la Undav.
Para ejemplificarlo, el estudio compara las cantidades de determinados bienes de la canasta básica que podían comprarse en 2015 y el 2017 en los que se evidencia la pérdida de poder adquisitivo. Por ejemplo, con el salario mínimo pueden comprarse 7,4% menos litros de leche y 7% menos kilos de carne.
Este contenido no está abierto a comentarios

