ALBERGUE DE MENORES, VECINOS PREOCUPADOS Y RESPUESTA OFICIAL
Pocos días antes de terminar el año 2005 se conoció la novedad de que en Ituzaingó al 1800, justo al lado de la escuela Mariano Moreno, comenzaba a funcionar un albergue nocturno para chicos en situación de calle, que dependería de la Secretaría de Promoción Comunitaria de la provincia. Los vecinos se enteraron de la novedad por los medios o por comentarios de sus pares y la asimilaron de diferente manera: algunos se acercaron a ofrecer colaboración, otros se mostraron cautelosos frente a la falta de información y algunos dejaron plasmada su preocupación en una nota que elevaron a la repartición oficial, concretamente a la Dirección del Menor, la Mujer y la Familia.
Una reunión de pobladores de Candioti Sur, dirigentes barriales y la funcionaria a cargo de esa oficina, Graciela Martinet, junto con dos responsables del programa, permitió -o al menos pretendió- despejar dudas y conocer el trabajo que se desarrolla en el albergue. Pero, por sobre todo, posibilitó a los vecinos expresar su opinión. El encuentro fue el viernes a la noche en la sede de la vecinal y contó con la participación de la concejala Noelia Chiementín (Ari), quien -desde su experiencia en la docencia, también con chicos de barrios marginados- aportó opiniones y propuestas que permitan “ocuparse” además de “preocuparse”.
Preguntas y respuestas
Martinet, acompañada por un abogado y una terapista ocupacional que coordinan el proyecto pudo escuchar, por ejemplo, preguntas concretas como quién se encarga del cuidado y el control de los chicos, quiénes procuran que no consuman drogas en el interior del albergue y que permanezcan en la casa durante el horario mencionado. Algunas opiniones coincidieron en que, en los primeros días que siguieron a la habilitación de la casa, el personal destinado al cuidado era escaso y, por esa razón, la contención era mínima.
La funcionaria, por su parte, expuso que la asistencia de los chicos es siempre voluntaria, no compulsiva, por lo que el número de alojados fluctúa. Actualmente hay unos 12 chicos que asisten con asiduidad. Aún así, señaló que se había incrementado el número de personas que se encargan de cuidarlos y se incorporaron actividades deportivas de mañana y de tarde, con la colaboración de dos clubes de la ciudad, de manera de posibilitarles una alternativa a la permanencia en la calle.
Una reunión demorada
La habilitación de la casa que funciona entre las 20 y las 8 del día siguiente para que varones de 8 a 14 años, que permanecen en la calle, tengan un lugar donde bañarse, alimentarse y dormir -básicamente- fue un capítulo más de la meneada sucesión de anuncios y reclamos en relación con los chicos que pernoctan en la zona de la terminal, y que pasaron a un dramático primer plano el año pasado, luego de los destrozos producidos en la escuela Bustos.
El trabajo de una comisión interministerial que se había propuesto objetivos para antes de fin de año, el compromiso de abordar el grave tema de las adicciones, el reclamo de las juezas de Menores para que se adopten medidas concretas, derivaron finalmente en el anuncio oficial de la casa de calle Ituzaingó.
En la reunión del viernes se hizo palpable la necesidad de compatibilizar la necesidad de contener a chicos en situación altamente vulnerable, y atender a los temores y recelos de los vecinos. Probablemente, una reunión previa a la habilitación del albergue hubiera servido para despejar dudas y aunar esfuerzos. Sobre el hecho consumado y sin participación previa del barrio, sólo resta que prospere una propuesta que partió de la propia vecinal: formar un grupo de voluntarios que colabore con el funcionamiento de la casa y tender una mano para que “quienes están afuera, empiecen a estar adentro”.
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