ALERTA POR FALTA DE GAS ANTE LA TOMA DE UNA PLANTA DE REPSOL
Ayer, por algo más de doce horas, el sistema de gas estuvo en situación de alerta. Fue cuando un grupo de gremialistas tomaron una planta de compresión en Neuquén como protesta por el despido de un obrero. El ministro de Planificación, Julio de Vido; la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, y empresarios en la Argentina y los Estados Unidos se movilizaron para destrabar un conflicto que amenazó con hacer faltar el combustible en gran parte del país.
La polémica se desató cuando la empresa Universal, de origen estadounidense, despidió al empleado Osvaldo Palacios, que trabajaba en un área operada por la petrolera Pioner. Palacios estaba juntando los avales para ser delegado sindical, pero no llegó a formalizar el trámite. Universal, estadounidense, es contratista de la mayoría de las petroleras del Neuquén. Y la reacción gremial, entonces, no se concretó en el lugar de trabajo de Palacios, sino en el área de Repsol-YPF. “Es claro, ahí tenían la llave para hacer sentir el poder”, dijo un petrolero sureño.
A los golpes, según algunas versiones, los hombres del Sindicato de Petroleros Privados de Neuquén y Río Negro tomaron la sala de control de una planta de Repsol-YPF. Disparando los sistemas de emergencia, dejaron fuera de operación tres bombas compresoras de gas. Un total de 7,5 millones de metros cúbicos/día dejaron de fluir del mayor campo gasífero del país, Loma La Lata, que actualmente provee unos 25 millones de metros/día. El total de la demanda nacional orilla los 120 millones. Eran las 8 de la mañana.
“Se encendieron señales de alerta en forma inmediata —dicen en el sector petrolero—. Si el corte se sostenía en el tiempo, podía faltar gas en Buenos Aires, a donde se dirige el fluido de Loma La Lata. Por unas horas, el gas acumulado en el propio gasoducto alcanza para enfrentar la situación. Pero si la solución se demora, la presión empieza a faltar”.
Allí se dispararon las comunicaciones. Repsol-YPF despachó cartas a De Vido; al ministro del Interior, Aníbal Fernández, y al secretario de Energía, Daniel Cameron. Buscaban deslindar responsabilidades en el conflicto y en la posible falta de gas.
“De Vido en persona la llamó a la subsecretaria de Trabajo, Noemí Rial, para que interviniera en el caso”, comentaron fuentes cercanas a la negociación. El punto es que el titular del gremio que había decretado la toma de la planta compresora, Guillermo Pereyra, es definido en Neuquén como “un gremialista muy cercano al Gobierno”. Mientras, los funcionarios buscaban afanosamente y por teléfono, al presidente de Universal, que estaba en los Estados Unidos.
El gremio reclamó desde un principio la reincorporación de Palacios. La empresa se negó a hacerlo. Luego, los trabajadores rechazaron la intervención de Rial, reclamando que el conflicto se ventilara en el área provincial. Eso sucedió recién al anochecer, cuando las alertas ya habían superado el amarillo. A las 21, la Subsecretaría de Trabajo de Neuquén decretó la conciliación obligatoria, y los gremialistas dejaron la planta de compresión. Allí volvieron los técnicos de Repsol, y se reinició el bombeo. En Planificación hubo alivio. Una crisis energética disparada por un gremio amigo les parecía demasiado.
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