ALERTA POR “POSIBLES ATENTADOS” EN EL SUBTERRÁNEO DE NUEVA YORK
El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, alertó ayer sobre “posibles atentados en el subterráneo” de esa ciudad, luego de que el FBI recibiera “amenazas específicas”. Sin embargo, voceros de esa agencia policial aclararon que las informaciones “no fueron confirmadas” y que la amenaza no era considerada como “ejecutable” por los expertos.
Las advertencias del intendente fueron transmitidas en una conferencia de prensa, horas después de que el presidente George Bush acusara a Irán y a Siria de promover el terrorismo. La acusación del líder de la Casa Blanca tuvo lugar casi en simultáneo con una apreciación similar del premier británico Tony Blair, quien sostuvo que, aunque carece de pruebas fehacientes, hay rastros iraníes en la artillería usada por la resistencia iraquí.
En su sorpresiva conferencia de prensa, el alcalde Bloomberg informó que había decidido aumentar la vigilancia en el metro neoyorquino y que el nivel de alerta continuaba siendo “naranja”, como el fijado tras los atentados del 11 de setiembre de 2001.
Bloomberg aclaró que los neoyorquinos pueden seguir utilizando el subterráneo y que seguirá viajando en él “como lo hacen millones de ciudadanos”.
“La investigación continúa, pero no quiero dar información más detallada”, dijo el alcalde.
Al comentar las advertencias de Bloomberg, analistas que siguen la política de Washington recordaron que las denuncias sobre posibles ataques terroristas han sido a menudo reavivadas por la Casa Blanca cuando decae la popularidad de Bush y como un modo de galvanizar a la opinión pública detrás del miedo que provoca la posibilidad de otros atentados. A esa estrategia asociaron las aclaraciones de los voceros del FBI, quienes —comentando la “calidad técnica” de las amenazas recibidas— relativizaron su importancia.
En un enérgico discurso ante la Fundación Nacional para la Democracia, Bush afirmó que “los terroristas pretenden imponer un imperio radical islámico desde España a Indonesia”. Y en una dura advertencia disparó: “Siria e Irán tienen una larga historia de apoyo a terroristas y no se merecen la paciencia de las víctimas”.
También pidió paciencia sobre Irak pues hace falta “más tiempo y más sacrificio” para terminar con los terroristas, que usan esa guerra como una “excusa” para intimidar al mundo. “Contra semejante enemigo sólo hay una respuesta efectiva: nunca daremos marcha atrás”, advirtió.
Desde Londres, Blair señaló que “los nuevos explosivos” que utiliza la resistencia en Irak podrían provenir de “elementos iraníes o (del grupo islámico) Hezbollah”, apoyado por Teherán. Con todo, el premier británico afirmó que no tenía pruebas fehacientes de esa conexión, que fue rechazada enérgicamente por Irán.
La ofensiva de Bush tiene lugar cuando su imagen está en caída —llega al 37% según la CNN, el índice más bajo de su gestión— tras las gruesos errores de la acción oficial luego del huracán Katrina, los continuos atentados en Irak con las consiguientes bajas estadounidenses y el rojo en alza en las finanzas públicas.
Analistas políticos y críticos del presidente plantearon su extrañeza especialmente por las acusaciones presidenciales contra Irán, un país de mayor relevancia que Siria. Teherán es una de las capitales del mundo islámico que más ha rechazado a la red Al Qaeda, liderada por Osama bin Laden, y ha sido enemiga declarada del régimen talibán, al que acusa de denigrar al islam en su conjunto. Asimismo, Irán —un productor petrolero de primer nivel— tiene intereses estratégicos en mantener estabilidad en la zona del Golfo y especialmente en Irak, donde el 60% de la población pertenece a la rama shiíta del islam, dominante entre los iraníes. Ayer, el premier iraquí, Ibrahim Jaafari, también rechazó las acusaciones de injerencia iraní en Irak y afirmó que las relaciones entre Teherán y Bagdad eran “muy amistosas”.
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