ALERTA SOBRE POSIBLES ATAQUES CON AVIONES
El operativo que frustró el contrabando de un misil tierra-aire que supuestamente iba a ser utilizado para derribar aviones comerciales en el área de Nueva York fue celebrado ayer por Estados Unidos y Rusia como un gran avance en la cooperación antiterrorista entre ambos países. Sin embargo, el hecho no hizo más que acrecentar los temores a un posible ataque con lanzamisiles portátiles.
El presidente estadounidense George Bush intentó alejar las preocupaciones, pero la alarma se profundizó aún más con la decisión de British Airways de suspender todos sus vuelos a Arabia Saudita y la advertencia del Departamento de Estado a los ciudadanos norteamericanos para que no viajen a ese país, ya que hay evidencia “creíble” sobre posibles atentados contra objetivos occidentales.
Tras el arresto, anteayer, de tres hombres que participaban en una operación para importar ilegalmente un misil SA-18 Igla a Estados Unidos, varios legisladores norteamericanos alzaron sus voces para pedir de manera urgente nuevas medidas de seguridad aérea, como la instalación de equipos de defensa en las aeronaves comerciales. La senadora californiana Barbara Boxer prefirió calificar el golpe contra la red de contrabando como “una llamada de alerta”.
“Exhorto al secretario de Seguridad Interior, Tom Ridge, a acelerar el desarrollo de mecanismos de defensa contra lanzadores portátiles de misiles”, dijo Boxer en un comunicado. “Por algún tiempo hemos sabido que estas armas están en manos de terroristas alrededor del mundo y ahora queda claro que están dispuestos a usarlas contra aviones norteamericanos.”
En una operación conjunta con los servicios de inteligencia británicos y rusos, el FBI detuvo anteayer en Newark, Nueva Jersey, al traficante de armas británico Hemet Lakhani, de 68 años, que había intentado comprar un misil de fabricación rusa SA-18 Igla para venderlo a un supuesto terrorista musulmán, que lo utilizaría para derribar un avión, informó ayer el fiscal Christopher J. Christie. Lo que no sabía el traficante, de origen indio y admirador de Osama ben Laden, era que su proveedor y su comprador eran en realidad agentes encubiertos rusos y norteamericanos que le habían tendido una trampa.
Otras dos personas vinculadas con el frustrado negocio, Yehuda Abraham y Moinuddeen Ahmed Hameed, dueños de una joyería en Manhattan, también fueron arrestadas, acusadas de lavado de dinero en la operación.
Se trata de la primera vez que los servicios de inteligencia rusos y norteamericanos, enfrentados a muerte durante la Guerra Fría, trabajan en la más estrecha colaboración.
El vocero del Servicio Federal de Seguridad ruso (sucesor de la KGB), Sergey Ignatchenko, felicitó a ambos países por superar las enemistades del pasado y afirmó que esta investigación “marca una nueva era en el desarrollo de la cooperación entre los servicios especiales de estos países”.
Por su parte, el representante de Florida, John Mica, estimó que costaría entre 800.000 y un millón de dólares por avión adaptar los equipos de defensa aérea militares a las 6800 naves comerciales que hay en Estados Unidos hoy. Se trataría de bengalas-señuelo, lásers de gran potencia o equipos infrarrojos especiales con la capacidad de desviar de curso los cohetes lanzados desde la tierra.
“Tendrían que estar en todos los aviones nuevos y en aeronaves seleccionadas que lleven grandes cantidades de pasajeros”, explicó.
“El peligro de que una aeronave sea derribada por uno de estos misiles está ahora delante de las narices del Departamento de Seguridad Interior”, dijo por su parte el senador del Estado de Nueva York, Charles Schumer, quien destacó que sería demasiado riesgoso tomarse más tiempo en pensar si es o no conveniente “armar” los aviones comerciales.
Sin embargo, el presidente George W. Bush buscó calmar a la población y aseguró que no hay grandes riesgos al volar por su país. “Estados Unidos es un país seguro para volar. Nos concentramos en los aeropuertos, que son mucho más seguros después del 11 de septiembre”, afirmó el mandatario desde su plácido rancho en Texas. “El hecho de que hayamos sido capaces de atrapar a este tipo (sic) es un muy buen ejemplo de lo que estamos haciendo para proteger al pueblo norteamericano”, apuntó.
Gran Bretaña y Australiano parecen compartir la visión de Bush. Ayer, ante la posibilidad de un atentado de musulmanes extremistas contra alguno de sus aviones, British Airways suspendió “hasta nuevo aviso” todos sus vuelos a Arabia Saudita. Mientras tanto, el director de la Organización Australiana de Seguridad e Inteligencia, Dennis Richardson, advirtió que por la estrecha alianza de su país con Estados Unidos, Australia se puede convertir muy pronto en blanco de terroristas.
“Hay una verdadera preocupación de que sólo sea cuestión de tiempo antes de que ocurra un ataque catastrófico”, dijo Richardson. “El hecho de que estemos en estrecha alianza con Estados Unidos y de que nos hayamos precoz y activamente comprometido en la guerra contra el terrorismo contribuye a hacer de nosotros un objetivo.”
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