ALGO MAS QUE DOS DERROTAS
La diálectica del fútbol se nutre, como pocas otras, de un basto arsenal de frases hechas a las que -sistemáticamente- se apela para justificar cualquier derrota. “Una actuación para el olvido” es una de cabecera para una caída inesperada. Y sucede exactamente lo contrario. Lo peor de un resultado adverso, sobre todo si acontece en los términos en que se produjo el traspié de Colón y el de Unión en este fin de semana, es olvidarlo. Conviene recordarlos para corregir sobre la marcha; y en eso andarán Maturana y Blanco esta semana.
Tomemos ahora la actuación de cada uno de los equipos locales.
Más que el resultado en sí, porque con Argentinos cualquiera puede perder, más reviste preocupación el discurso de los protagonistas. Si yo fuera dirigente de Unión, le preguntaría a Cachín Blanco si dijo en serio que “jugando así el equipo pronto va a empezar a sumar”. Porque, puede decirse en defensa de este cuadro rojiblanco que expulsaron a Antuña con el partido en pañales, que metió varios tiros en los palos, que debieron expulsar a Medero; pero más puede decirse que sin Antuña,
Unión logró empatar y se volvió a meter atrás, que la ineficacia para definir, cuando es reiterada, pasa de mala suerte a defecto y que el único argumento ofensivo sigue siendo el de los tiros libres de Raggio (por esa vía llegó el gol de Valli), pero que Raggio y sus compañeros de zaga están para defender y no lo hacen, de modo que poco sirve que a veces puedan atacar.
La cuestión de fondo sigue siendo que Unión no tiene juego. Ya no importa que los otros tampoco (otra frase hecha) porque mientras, el que está descendiendo es Unión y no los otros. Y más de fondo aún sigue siendo la incapacidad del equipo para revertir su suerte, ahora a partir de un discurso que, uno supone, debe ser común denominador en el grupo que no asume las derrotas con auto crítica, sino que se lo pasa culpándo a los demás. Unión no ganó nunca fuera de su casa y no es posible que siempre la responsabilidad sea ajena. Hay que buscar adentro. El problema es que cada vez queda menos tiempo y, se sabe, el tiempo escaso, en fútbol, es amigo de la desesperación.
En cuanto a Maturana, el discurso es otro, es cierto. El entrenador reconoce que su equipo no funciona. Ahora, la pregunta es si a los hinchas les alcanza con que, tras una derrota inesperada en las cifras, el DT reconozca que el equipo no juega bien. Con Talleres, Colón no tuvo capacidad de crear, pero a su vez, se defendió muy mal y se desconcentró a menudo. La concentración se consigue con un toque de atención, pero lo que está en tela de juicio es el sistema defensivo, no por los cuatro del fondo, sino porque Moreno contiene poco y Capurro nada. Es factible que Moreno tenga responsabilidades ofensivas mayores, pero si no cristaliza esas intenciones, Colón no tiene el balón y sufre. Cuando no lo tiene, como con Talleres, es golpeado porque Capurro parece no acomodarse a su puesto de doble cinco y Ledesma no logra multiplicarse lo suficiente para cubrir todo el ancho de la cancha, algo que suena bien lógico.
No faltará quien diga que a Colón le pasó lo que le pasó porque Maturana está atrasado. Nada más alejado de la realidad. Maturana seguirá siendo el prestigioso entrenador que es, sin que importe cómo le va en su derrotero por Santa Fe. Pero de ningún modo Maturana podrá ser obcecado. El técnico comenzará a recorrer, de ahora en más, el delgado límite que separa la convicción de la testarudez. A diferencia de su colega Cachín Blanco, Pacho está a tiempo de cambiar.
LA SINTESIS
Personalidad Astrada. River le encontró la vuelta temprano al torneo y su entrenador al equipo. Astrada reconcilió a los millonarios con la historia. Con Pellegrini, River jugaba de local con dos volantes centrales. Ahora se empeña en ser grande en todas partes, y tiene con qué lograrlo. Sino que le pregunten a Newells.
Alumno y maestro. Ischia y Bianchi se habían enfrentado dos veces. Un triunfo para cada uno y ahora, en la tercera, llegó el empate. Pero el sabor más dulce se lo llevó el Carlitos de Vélez, porque Boca sigue en baja, porque Vélez era visitante y porque, con las inferiores como Bandera, los de Liniers siguen demostrando que tienen una camada que maduró a tiempo como para pelear arriba. Y sin Chilavert.
Un plato más? Talleres, desde los números, refleja una realidad que deberá ser sustentada por la continuidad. 12 goles en 3 partidos es para envidiar. Sin embargo, es preferible no gastar a cuentas antes de comprobar si se trata de un “bleff”. El torneo lo dirá.
Ta’ la próxima.
Este contenido no está abierto a comentarios

