"Alguien me robó el nombre y lo usó para cosas malas"
De acuerdo a intimaciones judiciales, registros bancarios y la empresa de información comercial Veraz, el nombre de Jorge Víctor Hassan aparece involucrado en deudas importantes contraídas en Buenos Aires entre 1998 y 2001. Esto es, 7 mil dólares y más de 200 mil pesos, y también la utilización de 150 cheques sin fondos por un valor total que supera los 250 mil pesos. Sin embargo, este hombre de 42 años asegura que alguien utilizó su identidad sin su consentimiento; que nunca fue a Buenos Aires, que es cartonero; que no puede conseguir trabajo, porque su nombre está asociado a ilícitos que desconoce.Y que desde 2000 está recibiendo intimaciones por deudas que, afirma, son ajenas. Hassan dice que no tiene dinero para encarar acciones judiciales y demostrar que no es responsable de los delitos que se le imputan.Este hombre nació y vive en Doctor Riva al 60, en la zona sur de la ciudad, junto a su mujer Ramona Juárez, de 49 años, y tres de sus cuatro hijos, cuyas edades oscilan entre los 24 y los 11. Según dijo, entre 1994 y 2004 se desempeñó como ayudante de limpieza en el entonces hospital Ferroviario (Presidente Roca 2400) hasta que hubo un cambio de firma y lo despidieron. Afirmó que nunca perdió su documento, y para avalarlo, mostró a este diario el original “que está un poco viejito, como comprenderá”. Tampoco recuerda haber cedido su nombre para operaciones económicas. “Alguien lo usó para hacer cosas muy malas”, afirmó.Según explicó, el problema comenzó el 13 de abril de 2000. Ese día, recibió una intimación en relación a un trámite que se había iniciado ante el Juzgado de 1º instancia en lo Comercial número 12, de Capital Federal. De acuerdo a lo que constaba allí, el banco Holandés (Amro Bank, sucursal Argentina, con sede en Florida 361 de Buenos Aires), le exigía el pago de una deuda de 6.680 dólares. En setiembre de ese año, recibió nueva documentación porque, según el banco, había abierto tres cuentas bancarias y había tramitado una tarjeta de crédito Mastercard. Según el informe, el cartonero también había realizado movimientos entre abril y mayo de 1998. El banco lo demandaba por 4.908 pesos y por 946 dólares.La institución le adjuntó la solicitud que un supuesto homónimo había rellenado con sus datos personales. Según dijo Hassan, su nombre completo, el número de documento, el número de Cuil y la fecha de nacimiento coincidían con lo que allí se había escrito. Sin embargo, diferían los domicilios, los teléfonos y el nombre de su padre y su madre. “Cuando supe de esta situación, intenté conseguir abogados, pero sólo uno me dio ayuda, aunque dejó este asunto en 2003. Por consejo del que entonces era abogado mío, mi mujer tramitó un Veraz, y allí saltaron deudas nuevas”, relató Hassan.De acuerdo al Veraz, Hassan contrajo deudas con el banco Galicia, Bansud, Bankboston y con la tarjeta Comfiar, por movimientos realizados hasta diciembre de 2001. La deuda total sumaba 35 mil pesos, y más de la mitad correspondía a compromisos adquiridos con el banco Galicia. Además, se observaban rechazos de 150 cheques sin fondos entre mayo de 1998 y marzo de 1999 por más de 250 mil pesos.“La semana pasada recibimos una comunicación del Boston. Reclaman una deuda que ya no sé si es alguna de estas u otra. Dicen que si no me presento en Buenos Aires, me sacan todo, pero yo no tengo nada. Ni siquiera conozco Buenos Aires”, continuó Hassan.“Al principio, cuando empezó todo esto, mi mujer viajó para allá, pero fue deuda sobre deuda, porque para empezar algún trámite pedimos dinero a familiares y vecinos. Y después a mí me despidieron porque cerró el hospital, y todo se hizo más difícil”, dijo.Hassan relató que “toda la gente del barrio me conoce porque nací aquí”. “Mi mujer y yo cartoneamos, porque no tenemos otra posibilidad. Encima, cuando pido trabajo saltan todos estos asuntos, y me da mucha vergüenza”. El hombre dijo que recibe ayuda a través de los tickets que otorga la Secretaría de Promoción Comunitaria a los beneficiarios del plan Jefes y Jefas de Hogar. “No tengo dinero para comprar una tarjeta de colectivos y llegar a los Tribunales federales para ver qué hago. Menos, para pagar un abogado”, aseguró. El relato pausado de Hassan se diluía por momentos. Entonces era su mujer quien iba hilando la conversación, mientras contaba que alguna vez, cuando había trabajo, ella abrió una verdulería primero y después vendió ropa y bijouterié. “Todo eso se fue, pero queda la fuerza del corazón”, dijo Ramona, que concurre a la iglesia evangelista de Quintana al 500 bis.
Este contenido no está abierto a comentarios

