ALGUNAS CASAS DE INUNDADOS NO SON HABITADAS POR SUS ADJUDICATARIOS
En las viviendas para inundados erigidas en Hugo Wast y avenida Santa Fe, del barrio Loyola Norte, El Litoral pudo constatar al menos dos viviendas -de un total de 10 visitadas por este medio- que están habitadas por personas que no son las adjudicatarias de las unidades.
Quienes ahora ocupan esas casas aseguran que les fueron “prestadas” por los reales beneficiarios, sin mediar trámite alguno y de manera informal. “La chica que estaba acá se fue a vivir con su padre porque no se llevaba bien con el vecino, y nos prestó la casita a nosotros”, contó una mujer. En efecto, la titular de la vivienda -cuyo nombre reservaremos- figura en la lista de adjudicatarios que está en poder de la Municipalidad pero en los hechos no vive en el asentamiento.
En ese lugar se erigen 84 viviendas financiadas por la Unión Europea, a través de la Cruz Roja Alemana, y que fueron cedidas en comodato a personas del cordón oeste de la ciudad que perdieron sus casas con la inundación.
El segundo caso es el de otra mujer que intercambió su casa con un adjudicatario. El pariente suyo quería irse del lugar, mientras que a esta vecina dijo “convenirle” radicarse en el asentamiento de Hugo Wast por lo que, sin más, hicieron el enroque.
Sin embargo, el contrato de comodato expresa claramente que estas casas (hechas con módulos evolutivos) deben ser ocupadas “exclusivamente” por los adjudicatarios.
La cláusula segunda -que firmó cada beneficiario, el intendente Martín Balbarrey, el director del Instituto Autárquico de la Vivienda, Ramón Zanazzi, y el director municipal de Vivienda, Alfredo Migone-, dice expresamente: “El comodatario (beneficiario) destinará una parcela para vivienda de su grupo familiar exclusivamente quedándole expresamente prohibido ceder, transferir, locar y/o subarrendar a cualquier título, incluido gratuito, los derechos emergentes del presente contrato de comodato”.
CARAS NUEVAS
Los vecinos más antiguos del barrio mostraron su preocupación por esta situación y reclamaron que se realice un seguimiento de cada caso.
“Notamos que la gente a la que le adjudicaron las viviendas no es la misma que está ahora. Las caras cambiaron y los chicos que vivían en algunas casas no están más; hay sólo gente grande”.
Si bien dicen desconocer qué trato hicieron entre los viejos y los nuevos habitantes, algunos apuntan que hubo casos en que se ofrecieron a la venta a un precio de entre 1.000 y 1.500 pesos. “Creo que también las alquilan”, aseguró una vecina de enfrente.
La presencia de nuevas caras inquieta a los habitantes de Loyola porque “tenemos como vecinos a gente que no conocemos, cuando éste es un barrio de 30-40 años y todos sabemos quién vive al lado”.
Por eso, aunque aseguran que la convivencia es buena, algunos optaron por tomar precauciones de seguridad en sus viviendas como “nunca dejarlas solas”.
QUIÉN CONTROLA
Consultado sobre este tema, Migone no deslindó la responsabilidad en cuanto al seguimiento, pero aseguró que la Municipalidad controla de “motus propio” y no porque tenga la obligación formal de hacerlo.
“El municipio cedió el terreno, y no quedó delegado para sacarle la casa a alguien y cedérsela a otra persona”, se atajó. Aunque dijo conocer “al menos un caso” de una “devolución del bien”, señaló que de constatarse irregularidades “necesitaríamos que renuncien a la casa y, luego de recibida la devolución, tenemos que solicitar a Cruz Roja Alemana que nos autorice a dársela a otro inundado”, detalló.
Sin embargo, el coordinador del proyecto de módulos evolutivos de la Cruz Roja, Omar Descalzi, aseveró que la misión de la entidad finalizó con la entrega de las viviendas donadas, “después todo quedó en manos de la Municipalidad; incluso ellos elaboraron el listado de adjudicatarios”.
Y negó que Cruz Roja tenga la facultad de autorizar a la Municipalidad a entregar la casa a otra persona en caso de que ésta decida devolverla. “Eso es competencia del municipio”, aseveró.
PRÉSTAMO POR DOS AÑOS
Algunos vecinos manifestaron la preocupación que sienten por los términos que impone el contrato que firmaron con la Municipalidad.
En su cláusula primera dispone que “el comodante (la Municipalidad) otorga gratuitamente en préstamo de uso desde el 5 de febrero de 2004 hasta el 5 de febrero de 2006 la fracción de terreno de propiedad municipal designada como lote N° … de la manzana … situada en el denominado barrio Loyola Norte de esta ciudad de Santa Fe”.
Esta disposición genera una sensación de incertidumbre entre los habitantes ya que supone una posesión precaria del terreno donde se emplazó la vivienda donada por Cruz Roja a título permanente.
“Peor que los presos”
Gloria Suárez es una mujer desesperada. Vive en una casita de barrio Loyola junto a sus dos hijas adolescentes que por falta de calzado abandonaron la escuela.
Antes de la inundación tenía una vivienda de material en Villa del Parque pero cuando quiso regresar la habían usurpado y nunca más pudo volver. Después de deambular por seis centros de evacuados, vivir en la calle y ser desalojada de una vivienda que por gestiones de Derechos Humanos le alquiló Promoción Comunitaria pero nunca pagó, recibió una unidad en Loyola.
“Lo único que pido es trabajo porque me siento fuerte para hacer cualquier cosa, lo que pasa es que se me vinieron todos los años encima”, imploró.
“Siempre fui pobre pero vivía dignamente. Ahora los presos viven mejor que nosotros porque tienen baños (nosotros tenemos que hacer en un balde y después tirar en un baño químico), se pueden bañar todos los días, les dan de comer, reciben visitas, tienen TV con cable, trabajan, estudian. Sin dudas que estamos viviendo peor que ellos”.
LA LLEGADA DEL AGUA
La mayoría de los vecinos coincide con un reclamo común: el agua.
Por ahora cuentan con dos canillas para las 84 casas, y se complica “cuando hay chicos en la familia”, dijo Analía, una joven mamá que al menos debe acarrear 10 baldes por día desde la canilla ubicada a 40 metros.
La Municipalidad ya está en vías de resolver esta situación. El secretario de Asuntos Hídricos, Horacio Ruiz, aseguró que desde mediados del mes de julio están abocados a la construcción de un acueducto para conectar el nuevo asentamiento urbano al sistema de distribución.
Se trata de hacer una conexión de 600 metros de largo, desde Hugo Wast y Caferatta hasta el barrio. Una vez finalizada esta etapa, hay que realizar la conexión domiciliaria, que Ruiz estima comenzar en dos semanas.
Para esa fecha está previsto abrir otro frente de trabajo para iniciar la misma obra en Las Delicias, donde viven más de 60 familias.
Ruiz informó que los trabajos tienen un plazo de ejecución de 90 días, pero podrían finalizarse en 65, “siempre que las condiciones climáticas acompañen”.
BUENA CONVIVENCIA
El barrio de inundados de Loyola no es tan problemático, al menos en cuanto a seguridad y convivencia se refiere, que otros como el de Callejón Roca. “Acá los patrulleros se ven a cada rato y si bien hay algunas banditas de chicos, no hacen nada”, contó Sebastián Suárez, que proviene de La Tablada.
Dos comercios ubicados frente al asentamiento por calle Hugo Wast aseguraron que la convivencia con los nuevos vecinos es buena. “Los asaltos y robos ya existían de antes, no es de ahora”, contó la almacenera Norma, que vivió hace un tiempo una situación límite con un delincuente que amordazó a su familia y encañonó a su hija. Otro kiosquero se vio favorecido con el nuevo barrio, porque le subieron las ventas. “Son gente buena, no causa problemas”, aclaró.
EL PEOR
El caso de Loyola no es el único. Más grave es lo que ocurre en el asentamiento de inundados ubicado en Callejón Roca, al este de Aristóbulo del Valle, donde a raíz de la inseguridad y la falta de servicios, numerosas viviendas están siendo deshabitadas y hasta desmanteladas, según un informe que publicáramos recientemente.
Algunos ex moradores hasta retiraron los elementos que tenían algún valor (techos, aberturas) y se los llevaron.
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