ALIVIADO POR EL ABRAZO DE KIRCHNER, ARSLANIÁN PROMETE MÁS BATALLAS
Reconoce que está más gordo y que fuma mucho. Pero dicen que, después del abrazo que el miércoles le dio el Presidente en la Casa Rosada, León Arslanián ayer volvió exultante a su despacho. Y que por eso empezó a dar órdenes hasta embarullar a la mayoría de sus colaboradores.
Es que el ánimo siempre temperamental del ministro de Seguridad bonaerense pasó del ímpetu agresivo que dominó los últimos días, en los que se llegó a hablar de su renuncia, a esta euforia mesurada con la que se dejó abrazar delante de fotógrafos y camarógrafos.
“A mí no me van a echar otra vez estos tipos, como lo hizo Ruckauf”, le escucharon decir a Arslanián, quien todavía acumula rencor por aquella zancadilla que el entonces candidato a gobernador por el PJ le hizo en 1999, saliendo a pedir “mano dura” en plena campaña y obligando a que Eduardo Duhalde lo despidiera de su gabinete y tirara por la borda la reforma de la Policía bonaerense que intentaba el ministro.
Arslanián ve ahora esos mismos fantasmas detrás de sus dos obsesiones: la seguidilla de secuestros en la Provincia y la polémica con Juan Carlos Blumberg, quien lo acusa de manejar oscuramente el dinero de la seguridad y de cobrar fondos reservados para fines políticos.
En una entrevista que Clarín publicó el domingo pasado, Arslanián les tiró a Blumberg y a quienes lo acompañan en las críticas a su gestión el antecedente que nadie le discute. “No me perdonan que haya juzgado a Videla”, dijo, como para arrinconar a quien se le ponga en el camino.
En el entorno de Blumberg reconocen que la polémica con Arslanián no aporta soluciones, pero protestan por el estilo del ministro. “Lo respetamos por haber juzgado a las Juntas, pero también fue ministro menemista y su estudio defendió a Víctor Alderete”, recordaban ayer.
Sin reparar en costos, Arslanián descargó su furia hace una semana por algunas críticas que le hicieron vecinos de San isidro, acusándolos de gritar como “marranos”. Y tampoco admite el error de haberse ido a descansar en un spa de Punta del Este, lejos del terror cotidiano que se vive en el conurbano.
“Hubiera sido una hipocresía”, repiten sus defensores. “¿Por qué va a ocultarlo si ahí tiene casa y siempre veraneó en ese balneario?”, explican.
De todos modos, las excusas de Arslanián no calmaron la preocupación del gobernador bonaerense ni la del Presidente. Eso fue lo que le dijo Néstor Kirchner a Felipe Solá en el encuentro a solas del martes. “Yo lo banco a muerte, pero el Gordo no puede estar peléandose contra todo el mundo.”
Aunque un intento muy discreto por abrir un canal de diálogo entre Arslanián y Blumberg murió antes de nacer, Solá prometió hablar con su ministro para calmar la tormenta.
Pero, al mismo tiempo, le pidió a Kirchner un poco de acompañamiento público para enfrentar el malhumor social que despierta la ola de secuestros en el Gran Buenos Aires.
Por eso, el Gobierno dispuso el envío de alrededor de 400 efectivos más de Gendarmería y Prefectura para reforzar la Zona Oeste del conurbano, el lugar adonde parece haberse corrido el delito por la saturación policial en la Zona Norte. En el Oeste, precisamente, vive Patricia Nine, la secuestrada que concentra la atención de la Casa Rosada y de la Gobernación.
Con nuevos bríos y más oxígeno político, Arslanián encara una etapa decisiva de su gestión que tiene a la depuración de la Policía bonaerense como eje de la batalla contra el delito. Pero deberá conseguir resultados rápidos y concretos para convencer a una sociedad que el año próximo debe juzgar a sus dirigentes en las urnas.
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