ALMAGRO, DE PRIMERA
Almagro es de Primera. Como en 2000, pero esta vez con una final casi eterna, que duró 210 minutos. Los 180 de ambos partidos que finalizaron 2 a 2 en el resultado global; los 30 de alargue en busca de un gol de oro que no llegó y una definición por penales que se resolvió en la última ejecución de la serie de cinco.
Más suspenso, más emoción llevada al límite de la capacidad de aguante de los corazones, imposible. Y cuando Martín Ariel Bernacchia se estiró a lo largo de su humanidad hacia su palo izquierdo y conjuró el tiro del tandilense Ezequiel Miralles, los diques que controlaban los sentimientos se desbordaron. De un lado, todo un pueblo y una región vivió una frustración futbolera con dolor, pero con el decoro y el orgullo intactos. Porque se respiraba en esa platea local y en toda esta ciudad el perfume de una comunidad que, en familia, llegó a la cancha alentada por la ilusión de dar vuelta la historia. El 2 a 0 que había logrado Almagro en el partido de ida era una ventaja que se podía remontar.
Del otro lado, los mil hinchas de Almagro, con la barra de Fuerte Apache en el centro de la escena, vivieron el éxtasis con la locura y el desenfreno que supone una consagración para un equipo que, como algunos pingos sangre pura de carrera, atropelló con una fuerza incontenible. Se consagró campeón en el Clausura a puro triunfo y aprovechando el parate de Argentinos. Perdió la primera chance con Instituto y ayer, sacó pecho en rodeo ajeno, luchando contra un rival que llegó a ponerse a tiro de sumarle una nueva frustración.
Fue justo el ascenso de Almagro. Porque a pesar de que el análisis futbolístico pasa a un segundo plano ante tantas emociones liberadas, en la consideración global, prevalecieron los dirigidos por la dupla Hrabina-Sánchez. Sacaron una ventaja importante de local y ayer, en un partido con un alto grado de compromiso, dejaron una mejor imagen en el final. En ese alargue superó a Huracán. Mientras peleó, mientras se contuvo tentado por esos dos goles de ventaja, Almagro fue superado. Pero cuando jugó bajo el influjo de las gambetas y los toques mágicos de Lucas Sparapani, cuando se metieron en el partido Sebastián Carrera y Claudio Filosa, Almagro emparejó a un rival que se había ido a los vestuarios con un 2 a 0 (golazos de Galván y García) inobjetable, que lo ubicaba a un gol de dar vuelta la historia y subir a Primera.
Pero en buena parte del segundo tiempo, mientras Bernacchia y Pardal se cansaron de ahogar gritos de gol, con el correr de los minutos, Almagro controló a Huracán, que caminó al compás de Galván e Izquierdo (éste último estrelló en el travesaño un tiro libre en tiempo de descuento).
Y en el alargue mejoró Almagro, pero no logró bañar con el oro de un gol su mejor producción. Y llegó el aquelarre de los penales. Erraron Galván (palo) y Tonelotto (desviado) y en el último de la serie, Bernacchia se agrandó y se convirtió en héroe.
La alegría se fue hacia un barrio referencial de Buenos Aires. Pero no dejó triste a esta ciudad. Hay una nueva chance de Promoción para este buen equipo de Huracán. Hay esperanzas porque Almagro dio la vuelta y la gente de esta ciudad aplaudió con su tristeza futbolera convertida en reconocimiento después de una final que pareció eterna.
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