ALUVIÓN ARGENTINO
La zona de Bois de Boulogne se tiñó de celeste y blanco porque la Legión gana y avanza de cualquier modo en Roland Garros. Porque se va desde la pelea y el sufrimiento a la dosis de fortuna.
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Domingo histórico, como pocos en la historia de los Grand Slam. Porque las victorias de Guillermo Coria, Juan Ignacio Chela y Paola Suárez, ya clasificados para los cuartos de final, no sólo marcaron la voracidad de nuestros tenistas, sino que rompieron una serie de récords que aún pueden seguir incrementándose (ver Pág. 6). Entre ellos, que por primera vez en 22 años hay dos argentinos en los cuartos de final del cuadro masculino de la prueba más importante del mundo sobre polvo de ladrillo.
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Roland Garros sigue siendo una invitación para ir de un lado hacia el otro. De escuchar gente que pregunta por los argentinos como si hubiese salido de un pozo. Y que se asombra cuando ve que Coria, en apenas 25 minutos, casi sin transpirar, se colocó a dos partidos del encuentro decisivo, tras vencer al francés Nicolas Escudé por 6-0 y abandono, debido a una tendinitis en el hombro derecho.
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El tercer favorito, que espera al español Carlos Moya en un choque que promete ser de lujo, sólo tuvo oposición del francés en el primer game. Posteriormente, se trató de un paseo del semifinalista de 2003 en el court central, porque casi no encontró oposición por parte de un Escudé que pidió asistencia médica cuando el score estaba 3-0. Para Coria fue tal el desconcierto que su padre, Oscar, después del triunfo, salió a buscar a un juvenil argentino -el elegido fue Juan Martín del Potro- para que se entrenara durante una hora y media con el N° 3 del mundo, que llegó a una instancia de este tipo en un Grand Slam por tercera vez en su carrera. Para un torneo que se destaca por los partidos de largo aliento, la rápida victoria puede ser un punto de ventaja para Coria, teniendo en cuenta el desgaste que tendrá en los próximos días si pretende llegar a la definición.
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Entrecortado por la lluvia, en medio de la tensión de alcanzar por primera vez los cuartos de final en un certamen de estas características, Juan Ignacio Chela (22°) marcó la apertura del marcador de los duelos que argentinos y franceses sostuvieron ayer en el court Philippe Chatrier ante Olivier Mutis por 4-6, 6-2, 7-6 (7-5) y 6-2.
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Chela sabía que jugaba el partido más importante de su carrera. Los nervios le jugaron una mala pasada en el arranque. Mutis, en ese momento más suelto, arriesgó con cualquier pelota que se le cruzara, mientras el argentino no salía del asombro. Más allá de los quiebres alternados, el francés prevaleció y se llevó el primer capítulo.
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La reacción de Chela le puso pimienta al partido. Abandonó los tiros flojos y no sólo empezó a mover al francés por las líneas, sino que le hizo sentir el rigor de su potencia. Rápidamente, el encuentro se emparejó, pero en el arranque del tercero, la lluvia detuvo el partido por 25 minutos.
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En el regreso se vio lo mejor, porque se entremezclaron los nervios de Chela con la impotencia y los miedos de Mutis. El 3-1 de Chela, que parecía una plataforma de despegue hacia la victoria, se diluyó. El francés empujaba, pero no alcanzaba. El tie-break desató el nudo. A dos dobles faltas de Chela les siguió el descontrol del francés, que con un revés ancho le entregó la llave del partido al argentino, que, ya encarrilado, manejó con más comodidad el encuentro. Con un revés a la red, Mutis firmó su sentencia. Chela soltó su raqueta y levantó los brazos. El sufrimiento se trasladaba al court N° 1…
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Los años del circuito le posibilitaron a Paola Suárez (14ª cabeza de serie) descifrar el enigma que le propuso la china Jie Zheng por 6-4 y 7-5 en un festival de quiebres de servicio que duró 1h40m y que incluyó 12 breaks en 22 games. Y el partido entregó bastante de lo que se suele ver en el circuito femenino: eternos peloteos hasta que alguna de las protagonistas se equivoque. Pese a todo, la pergaminense, engripada, debió pelear ante la incansable Zheng. Pero con correr no sólo alcanza para jugar al tenis. La mayor variedad de Suárez fue clave en los cierres de los dos capítulos. Y casi al mismo tiempo que Escudé se retiraba ante Coria, se aseguró el pase a los cuartos de final en un Grand Slam por tercera vez y la segunda en este Roland Garros que ve avanzar a los argentinos a la velocidad de un rayo.
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