ÁLVAREZ: “INTENTARON CONVERTIRME EN EL PATO DE LA BODA”
El intendente Marcelo Alvarez volvió a mandar más mensajes. Atribuyó a una operación política la ola de rumores que lo persiguió en los días de la gran inundación para convertirlo en “una especie de pato de la boda o chivo expiatorio” de la tragedia que dejó 23 muertos -entre ellos tres bebés- y más de 100 mil personas en el desamparo. Ubicó la usina del desprestigio en el gobierno de Carlos Reutemann, “en las terceras, cuartas o quintas líneas… Algunos creen que intentan hacerle bien a la figura del gobernador, pero le están haciendo un daño porque esto tiene un efecto bumerang para todos…”, dijo. Y se mostró dispuesto a decir lo suyo cuando lo llame a declarar el juez que investiga las denuncias contra él y Reutemann por supuestas responsabilidades ante la catástrofe.
Alvarez carga con un gran reproche público: aconsejó a vecinos de barrios del oeste -Chalet, Centenario y San Lorenzo- no preocuparse por la crecida del río Salado, horas antes de que un torrente de aguas sepultara sus viviendas y lo perdieran todo. Pero a mediados de mayo deslizó que también guarda un gran secreto: “en su momento voy a decir sobre qué y quién me basé para decir lo que dije”, se defendió. Y ayer, aclaró cuando llegará el tiempo de hablar: “Voy a esperar que la Justicia me llame”.
-¿Ya hizo autocrítica por lo que sucedió?
-Es muy difícil hacerla ahora, cuando uno intenta construir, mirar para adelante y poner todas las energías en solucionar los problemas de la gente. Ya tendré tiempo para hacer la autocrítica en lo personal y en lo político.
-¿Cree que muchos lo quisieron demonizar por esta inundación?
-¿Qué significa eso?
-Que usted sería el culpable de todo.
-Puede ser. Hay varias cosas que no cierran: rumores o versiones que uno deja correr y se hacen una bola de nieve. Acá hubo de todo: aparecieron las grandes virtudes después del gran dolor que nos tocó vivir a todos, pero también las grandes miserias. Y en política, algunos quisieron aprovechar este tema. No son casuales las cosas que se dieron.
-¿Cuáles?
-Dijeron que estaba desaparecido… Y hasta salió la versión de que se pegó un tiro.
-¿Los rumores salieron del gobierno?
-No me interesa averiguarlo… Hubo una sucesión de cosas que no tienen que ser casuales. Insisto: dijeron: ‘desapareció el intendente’. Y los periodistas que estuvieron en el Comité de Crisis me vieron ahí 20 horas por día durante los primeros tres días que fueron dramáticos y de mucha confusión. Después salió otra versión (sobre el supuesto intento de suicidio), que ya la conocía unos días antes, que era tan inverosímil que la dejé correr porque a lo mejor uno no mide las consecuencias. Bueno, explotó ese tema y sobre todo en lo familiar fue muy difícil, muy duro. Hasta analizo cómo está armado el esquema sicológicamente: `está desaparecido, está deprimido, tiene esto, se pegó un tiro’. Entonces, en el fondo ¿cuál es la lectura? Y… tiene una carga de responsabilidad tal que es culpable de todo. Está bien armado, de ahí (surge eso de) que `no estaba, que no era el intendente, que no es ingeniero hidráulico’. Después viene lo de la pelea con el gobernador, `Alvarez se distancia de Reutemann’. Yo no tengo ningún problema con el gobernador. Sí puedo decir que hay algo, en las terceras, cuartas, quintas, sextas líneas, que viene de arriba, de abajo, de adentro, de afuera. Sí hubo un efecto sicológico de algo que hoy en día me tiene sin cuidado. Yo no me puedo encargar, no tengo tiempo físico, material, mental, sicológico ni emocional para responder o estar pensando en este tipo de operaciones.
-¿Es el entorno de Reutemann?
-No, no dije eso. No tengo noción de eso, ni me interesa de dónde sale. En realidad, no me interesa de dónde sale.
-¿Sale del gobierno?
-No lo sé. Tampoco me interesa perder tiempo en averiguar ni intentar saber de dónde salió. Pero si uno racionalmente suma dato por dato, semana por semana, los rumores, la ola de versiones y hace un conjunto de cosas, dice: bueno, en esto las cosas no se dan por casualidad, sino que aparecen maquiavélicamente armadas por algún personaje perverso.
-Pero usted habla de funcionarios de terceras o cuartas líneas que pertenecen al gobierno.
-Algunos creen que intentan hacerle bien a la propia figura del gobernador, pero le están haciendo un daño porque esto en realidad tiene un efecto bumerang para todos…
-¿Se siente un chivo expiatorio?
-Creo que se intentó con esta ola de rumores que no son casuales (…) convertirme en una especie de pato de la boda o chivo expiatorio. Es como la historia oficial, a la historia la escriben los que ganan, pero después llega el revisionismo… Tengo la conciencia total y absolutamente tranquila, de lo contrario no estaría con energías y ganas para seguir peleando la situación. La lucha es muy desigual. Creo que hubo causalidades que han llevado a que intenten ver en la figura del intendente un chivo expiatorio.
-Pero da la sensación de que hay cosas que no ha contado, que tiene cosas para decir, quizás ante un juez. ¿Es así?
-Exactamente. Ya hay una causa judicial y para no entorpecer en lo más mínimo el accionar de la Justicia, mi deber es callarme con respecto a ese tema y esperar que la Justicia me llame… Es lo que aconsejó también el fiscal municipal: callarnos en este momento y decir todo lo que tengamos que decir ante la Justicia. Aunque a las cuestiones políticas las respondo políticamente…
-Entonces, ¿usted está dispuesto a contar todo ante un juez?
-Por supuesto. No antes.
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