AMBIENTES RIESGOSOS PARA LA SALUD EN MEDIO DE LA CIUDAD
Al norte de la ciudad de Santa Fe, unas 10 cuadras pasando el Gada, está ubicado uno de los tantos reservorios que reciben el agua que se acumula en las calles luego de cada lluvia antes de dirigirse a su destino final, la Laguna Setúbal.
Con el financiamiento de la Universidad Nacional del Litoral, un grupo de profesionales del Instituto de Limnología (Inali), de la escuela Sanidad que depende de la facultad de Bioquímica de la UNL y de la facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas decidió estudiar la calidad de esas aguas y ver si los reservorios son potencialmente peligrosos para la salud de las personas.
Hace unas semanas, los profesionales del Inali Pablo Collins, Susana José de Paggi y Juan César Paggi expusieron en el Segundo Foro Público Local Transformar Santa Fe sobre Ambientes imperceptiblemente riesgosos para la salud del hombre en la ciudad.
La investigación, que todavía se encuentra en etapa de ejecución y tiene para un año más de trabajo, arrojó resultados alarmantes.
A través del sistema de desagües pluviales, el agua de lluvia de los barrios del noroeste es colectada y llevada hasta el reservorio donde permanece durante un tiempo prudencial, a fin de que se produzcan una serie de procesos de descomposición antes de que el agua desemboque en la Laguna Setúbal. “Trabaja como una especie de laguna de tratamiento”, explicó Paggi.
En el trayecto, se arrastra además una importante carga de contaminantes que están habitualmente en la calle como insecticidas, metales pesados, detergentes, hidrocarburos, entre otros, y que quedan estancados en la cuenca urbana, de una extensión aproximada de tres hectáreas.
ALTA TOXICIDAD
Para estudiar la calidad del agua, los especialistas utilizaron como indicador a Daphnia Magna, una pequeña “pulga de agua”, un crustáceo pariente del cangrejo que mide de 1 a 3 mm. y vive en lagos y lagunas y tiene una alta sensibilidad a los tóxicos. “Es como una rata de laboratorio pero para el agua”, graficaron.
Con ella comprobaron que durante eventos de lluvia “el agua alcanza grados de toxicidad muy altos, capaces de ser detectados fácilmente, a tal punto que en algunos momentos ningún crustáceo sobrevive”.
La preocupación principal de los investigadores es que muy cerca del reservorio hay varios asentamientos urbanos donde “crían chanchos, chivos, corderitos, patos, pavos y otros animales que toman agua y comen plantas que están alimentadas por esa agua pluvial que tiene una gran cantidad de contaminantes. Los animales acumulan esos elementos y después los come la gente”. Además, en verano es frecuente que los chicos se bañen en ese agua.
Por eso, aconsejan separar las viviendas de la cuenca de agua. “Ese lugar debe estar cercado, hay que llamar a la reflexión sobre un mejor uso de los espacios urbanos”.
RIESGO IMPERCEPTIBLE
Al observar la laguna, nada de esto parece suceder. De ahí que Collins, Paggi y de Paggi consideren a este problema como “imperceptiblemente riesgoso para la salud”.
“Aquí se produce el efecto de acumulación; quizás con una lluvia no pasa nada pero con la sumatoria de todas las que se producen en varios años y se acumulan en ese reservorio, puede convertirse en altamente tóxico”.
Entre los riesgos mencionaron, por ejemplo, síntomas del saturnismo, patologías derivadas del plomo. “A pesar de que sus consecuencias no se vean hoy, seguramente se verán en las generaciones futuras porque estos espacios son muy peligrosos”.
“Se ve como muy natural que se restrinja el acceso a una planta de tratamiento cloacal, con esto debería suceder lo mismo porque el grado de toxicidad es semejante”, aseguraron.
Si bien esta investigación es una una prueba piloto de lo que sucede en un sólo lugar de la ciudad, los especialistas no descartan que esto mismo ocurra en otros reservorios donde se deposita el agua de lluvia.
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