AMIA: INCREÍBLE HALLAZGO DE 46 CASSETES "PERDIDOS" HACE DE 10 AÑOS
Son sorpresas que puede deparar el caso AMIA y no muchos más. Pero a diez años del atentado, aparecieron 46 casetes que se habían dado por desaparecidos y que contienen escuchas telefónicas de sospechosos del atentado, grabadas en las horas posteriores al 18 de julio de 1994.
El sorprendente hallazgo fue anunciado por el presidente Néstor Kirchner en una reunión que mantuvo ayer con dirigentes judíos de aquí y de Estados Unidos. Según dijo, estaban guardados en un archivo policial, a pesar de que la Policía llevaba ya nueve años diciendo que los había perdido. Algo parecido ocurrió en la SIDE, donde tenían copia de los casetes pero dijeron que los habían regrabado.
En total eran 66 los casetes perdidos hace diez años. Por lo tanto hay 20 todavía desaparecidos. Así y todo podrían develar uno de los grandes misterios del caso: su desaparición siempre apareció como una maniobra para encubrir irregularidades de la investigación, tan cuestionada el fin de semana durante los actos por el décimo aniversario, incluso por Kirchner. El Presidente había dicho que “la impunidad se empezó a construir antes de hacer explotar la bomba”, en alusión a la hipótesis que hoy parece abrazar el Gobierno. Esto es, que los servicios de Inteligencia seguían de cerca a los terroristas y no pudieron evitar el atentado.
En los casetes perdidos —y ahora recuperados— se guardaban conversaciones grabadas por la SIDE en los días posteriores al atentado, sobre los domicilios de algunos de los sospechosos más importantes. Una era Carlos Telleldín —detenido días después y todavía en prisión— y el otro Alejandro Monjo, dueño de una empresa de compra y venta de autos, a quien siempre se vinculó con altos mandos de la Policía Federal.
Monjo es un personaje hasta ahora lateral del caso, pero no por eso menos importante: fue quien, en la cuestionada teoría oficial, le proveyó a Telleldín la camioneta Trafic que, luego de pasar por las manos del reducidor de autos, pasó a ser el coche bomba que explotó la AMIA.
Al enterarse del hallazgo, el presidente de la AMIA, Abraham Kaul, dijo estar “impactado” y aprovechó a tirarle flores a Kirchner: “Esto demuestra que cuando hay convicción política y voluntad, hay cosas extraviadas que se pueden encontrar y que pueden dar luz a la causa”. A su pedido, los casetes serán enviados al Tribunal que hoy está enjuiciando a los acusados de integrar la conexión local de los terroristas, entre ellos Telleldín.
Al margen de lo que realmente contengan esos casetes, hay una lectura política inmediata e ineludible: la decisión política de dar con esta prueba implica poner la mirada de vuelta sobre la Policía Federal. Es que Monjo nunca fue investigado a fondo, según denunciaron actores del proceso judicial —incluso los fiscales—, gracias a sus vínculos policiales.
La custodia de los casetes estaba desde el principio a cargo del POC, el grupo policial que investigó el atentado en los primeros meses. Esos policías fueron investigados y luego sobreseídos por la jueza María Servini de Cubría, a pesar de que dijeron haber perdido los casetes, junto con otras pruebas sensibles. Pero otra copia de las cintas estaba en la SIDE, donde en el 2001 se abrió un sumario interno para determinar por qué habían desaparecido. Ese sumario concluyó en algo más sorprendente que su desaparición: las copias no habían desaparecido, sino que se habían regrabado con otras escuchas. Técnicas rutinarias para ahorrar insumos habían alcanzado a una importante prueba del caso más trascendente de la década.
En el expediente judicial habían quedado, y todavía están, transcripciones de los contenidos de esos casetes. Pero la desaparición de los originales siempre hizo sospechar que las desgrabaciones pudieron haber omitido palabras o frases. En especial, los contactos entre Monjo y la Policía Federal, o entre Telleldín y la Policía bonaerense.
La importancia o no del hallazgo estará, claro, en cuáles de los 66 han sido recuperados. Si las conversaciones importantes quedaron en los 20 desaparecidos, no habrá servido de mucho.
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