“AMMAR CRECIÓ EN EL DOLOR A PARTIR DEL CRIMEN DE SANDRA”
Elena Reynaga, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas (Ammar), estuvo en Rosario en el marco de la capacitación que llevan a cabo las trabajadoras sexuales para convertirse en multiplicadoras de la prevención del sida. Este proyecto es llevado adelante por Ammar y el Promusida (Programa Municipal de Sida). En diálogo con El Ciudadano, Reynaga aseguró que a partir de la muerte de Sandra Cabrera (líder de Ammar en Rosario, asesinada el 27 de enero pasado) la organización, lejos de desarmarse se hizo más fuerte porque creció en el dolor. Para Reynaga, las trabajadoras sexuales consiguieron un lugar de contención para poner un freno al maltrato y a la violencia. También se refirió a la sanción del Código Contravencional de la ciudad de Buenos Aires, donde se penaliza la pobreza al atacar directamente a los vendedores ambulantes y a la oferta de sexo callejero que, en general, ejercen las mujeres sin recursos. “Este código transforma al Estado en un Estado proxeneta, a partir de la legalización del cobro de una multa por trabajar en la calle”.
—¿Como repercutió en la organización la muerte de Sandra Cabrera?
—Fue un golpe muy fuerte, pero en la organización produjo el efecto contrario al que esperaba el enemigo. Pensamos que la organización iba a desaparecer, pero a partir de la muerte de Sandra se creo un equipo muy fuerte, donde hay siete chicas trabajando mucho. La organización comenzó a crecer partir del dolor. Las chicas entendieron la gravedad de lo que había ocurrido y la organización creció.
—¿Qué significa Ammar para una trabajadora sexual?
—Ammar cambió la realidad de las trabajadoras sexuales. Hoy las chicas saben que si les pasa algo tienen donde denunciar, la compañera sabe que pueden ayudarla. Antes, te veían en la esquina y para la gente no eras un ser humano. Hoy la gente sabe que esa mujer tiene una historia y que por alguna razón está parada en la esquina. A través de nuestro trabajo logramos posicionarnos, porque hoy golpeamos la puerta de los gobernantes y nos atienden. Los gobiernos deben aprender que legislan par todos y para todas.
—¿Cuál es su utopía con respecto a Ammar?
—Que ninguna mujer tenga que pararse en una esquina para sobrevivir. No decimos que no haya más trabajadoras sexuales, sino que puedan elegir y que pueda haber igualdad de derechos. La mayoría de las mujeres termina en una esquina para poder poner fin a una situación de pobreza. De hecho, cuando tienen la posibilidad, se van de la calle. La mayoría de las mujeres que trabajan en la calle es pobre y no tiene educación, pero sí ganas de estudiar y de formarse.
Código Contravencional
—En enero se pone en marcha el Código Contravencional en la ciudad de Buenos Aires. ¿De qué manera va a afectar a las trabajadoras sexuales?
–En la Legislatura porteña se combate la pobreza, y el Código Contravencional sancionado este año afecta a todos. Si bien no lograron que se encarcele a los menores, igual avanzaron en la penalización de la pobreza. Y el objetivo es sacar a los pobres de la calle, a los vendedores ambulantes, a las trabajadoras sexuales y a los travestis. Con esta ley, el Estado pasa a ser un “Estado proxeneta”, donde se legaliza la coima, porque a la trabajadora se la obliga a cumplir cinco días de trabajo solidario, o a pagar 800 pesos de multa. Y eso hoy es legal. En Buenos Aires, un grupo de vecinos militantes de derecha impulsa estas medidas y cree que en realidad habla por todos, pero la gente no tiene esa mirada hacia las trabajadoras sexuales, me parece que con esas medidas subestiman a la población.
—¿Cree que de esta manera se va a ejercer más violencia contra la mujer?
—La violencia que se ejerce contra la mujer debe ser un tema de Estado, no es sólo la violencia explícita, porque las cosas que le dicen a una trabajadora sexual en una comisaría también hacen mucho daño. La crisis agudizó la violencia y el abuso. Se trafica con niños, con extranjeros y no se investiga. Las organizaciones no gubernamentales (ONGs) terminan haciendo un trabajo mucho más importante que el que hace el Estado en esa materia.
Impunidad
La liberación de Diego Parvluczyk, el policía imputado por la muerte de Sandra Cabrera, consternó a las trabajadoras sexuales, ya que es posible que el homicidio de la dirigente quede impune. “Parvluczyk es la punta del ovillo donde se junta una complicidad de poderes –opinó Elena Reynaga–. El hecho de que esté en libertad habla de que la Justicia no es igual para todos. No se qué hubiese pasado si el crimen hubiese sido contra otra mujer. No se investigó a fondo y no se protegió a los testigos como se debía; de hecho una compañera se fue de la institución y se mudó tres veces. Fue un crimen político por todos estos factores”, agregó.
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