ANGEL DAVID COMIZZO HIZO UN BALANCE DE SU MEDIO AÑO EN LA CREMA
Parece que hubiera transcurrido una eternidad, pero apenas pasaron cinco meses desde aquel frío viernes de julio cuando Angel David Comizzo aterrizó en Rafaela. “No firmé nada, pero traigo mi ropa de entrenamiento en el bolso porque vine para quedarme”, le dijo a Olé. Se había ido de River en silencio y en Rafaela lo esperaba una mezcla contradictoria de sentimientos. Estaba el reconocimiento al ídolo, al futbolista consagrado que se iba a calzar el buzo de la Crema en su primera temporada en la A. Pero existían también susceptibilidades, porque este veterano de mil batallas, con sus 41 años y el ostracismo de su última etapa en River a cuestas, llegaba para desplazar a Ezequiel Medrán, pibe de la casa, artífice fundamental del ascenso. Hasta Cachín Blanco, que no lo había pedido, tenía sus reservas: cuando alguien le hizo ver la importancia que tenía Comizzo hablando desde el arco, para ordenar a la defensa, el DT contestó irónicamente: “Más que hablar, lo que tiene que hacer es atajar”.
La vida color Crema. La primera tormenta estalló el día que Blanco decidió incluirlo como titular ante Olimpo, por la 3 fecha. Medrán puso el grito en el cielo, pero enseguida comprendió que el Flaco podía ser el caudillo que Atlético necesitaba. Y vaya si lo fue. En esas primeras fechas, cuando el equipo mezclaba buenos resultados con mejor rendimiento, el Flaco se adueñó del arco y conquistó a la gente.
A la hora de a analizar el Apertura, Angel dice que “tuvimos una primera mitad que me gustó, donde el equipo levantó elogios de todos lados: por su juego, por su despliegue, porque venía recién ascendido, porque era un equipo chico. Hasta llegamos a estar segundos en la tabla”. Para Comizzo, el equipo tocó su techo en Rosario, ante Central. Fue después de la goleada a Gimnasia en Rafaela: “Yo terminé jugando en la mitad de la cancha y Central cambió un volante creativo por uno de contención porque no nos podía parar”.
El derrumbe. Luego de tocar techo, Atlético empezó a rodar, hasta el subsuelo. “Nos tocaron dos semanas fatídicas, con partidos entresemana. Caímos muy abruptamente, en juego y resultados. El equipo tuvo partidos en los que sufrió mucho las expulsiones y las lesiones. En un equipo donde no hay tantas variantes, se hace difícil. Hasta tuvimos la mala suerte de que, en el debut de Piazza, a Gareis se le rompió la rodilla a los siete minutos. Antes, Barrientos volvió frente a San Lorenzo y se lesionó enseguida. Contra Banfield tuvo que jugar Franquito Mendoza, que es muy buen proyecto pero que nunca había jugado en Primera. Parecía que estábamos perseguidos por la mala suerte”.
—Flaco, ¿y ahora? ¿Se puede salir de esto?
—Tenemos que hacer una gran pretemporada física. Atlético demostró que tiene buenos jugadores. Debemos obtener la mayor cantidad de puntos posibles en casa, que es donde debe estar, sí o sí, el éxito nuestro.
—¿En lo personal estás conforme con tu trabajo?
—Normalmente, a mí me gusta hablar del equipo, porque éste es un juego de equipo. Siempre digo que el jugador, cuando termina el partido y llega a la regadera, sabe qué hizo bien y qué hizo mal. Yo sé los errores que cometí, sé los aciertos que tuve, sé cuál fue mi rendimiento. Después, que el periodismo y la gente especializada evalúen, o que lo haga el técnico, que en definitiva es el que a uno lo pone y lo saca.
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