Ángeles y demonios
Un revulsivo. Nirvana cambió el rumbo de la historia del rock en los primeros 90, como antes hicieron Presley en los 50, los Stones en los 60 y los Sex Pistols en los 70. Pero apenas tres años después de la publicación de su segundo disco —Nevermind provocó la hecatombe—, su atormentado líder, Kurt Cobain, se voló la cabeza de un disparo en su casa de Seattle. Era el 5 de abril de 1994, Cobain contaba 27 años y una dramática existencia sólo iluminada por el nacimiento de su hija, Frances Bean, con Courtney Love. Aquel disparo fue como el ahorcamiento de Ian Curtis, la torturada voz de Joy Division, en 1980. Dos crisis personales, dos juguetes rotos. Cobain abandonó la vida y entró en el terreno del mito. Ahora Cobain vuelve a España, con la publicación de sus diarios. Unos textos condensados —en origen son más de 800 páginas garabateadas en 23 cuadernos— que sacan a la luz sus ángeles y demonios, la epopeya de un muchacho de Seattle en el que la heroína acabó conformando un cóctel explosivo con su difícil infancia, sus obsesiones sexuales y la espiral de excesos a la que el éxito de Nirvana lo llevó con los supervivientes Grohl y Novoselic. Los diarios de Kurt Cobain (Mondadori), ahora publicados en España, no hacen sino seguir echando leña al fuego de la leyenda —con sustanciosos rendimientos económicos para su viuda—, como está ocurriendo con una al parecer interminable discografía póstuma. Pero, como esos discos, son una pieza fundamental para completar el complejo puzzle vital y artístico del que pasó a ser considerado (tampoco los Ramones pretendieron inventar el punk rock) creador del grunge. Me odio. "Me odio a mí mismo, y quiero morir" era un lema, ¿vital?, más contundente que el casi ascéptico no hay futuro del punk. Pero si Rotten y sus compinches prendieron la mecha y se esfumaron en apenas dos años, la carrera de Nirvana al menos se prolongó seis. Los diarios arrancan en 1988, cuando Cobain y compañía buscan contrato discográfico, antes de la catapulta de Smells like teen spirit; y concluyen el 4 de marzo de 1994, el día antes de un primer intento de suicidio, en Roma. Fue una estupidez. La heroína, en la que supuestamente desembocó para aliviar una dolencia estomacal, no fue el remedio. "Fue una estupidez lo que hice. Me compadezco de quien piense que puede utilizar la heroína como medicamento porque, la verdad, no funciona." Una premonición. "He pasado un mes cometiendo actos de rebeldía como robar alcohol, destrozar escaparates, meterme en peleas… y no ha pasado nada. Así que he decidido que durante el próximo mes voy a dejar de sentarme en el tejado de casa y pensar que voy a saltar, aunque sé que me terminaré matando." Energía y libertad. "Adoro el punk rock más que ninguna cosa en este mundo. Para mí significa libertad. La música es energía. Un ambiente, una atmósfera. Sentimiento. Mis letras son una gran pila de contradicciones. Se dividen entre opiniones sinceras y sentimientos y refutaciones sarcásticas y espero que graciosas hacia los clichés de los ideales bohemios agotados." El canon. "Me gustan: las chicas de ojos raros, las drogas, la pasión, la inocencia, asesinar la voracidad, jugar mal mis cartas, la naturaleza y los animales, hacer sentir superior a la gente en reacción a mi apariencia, sentir prejuicios hacia la gente que tiene prejuicios…" El precio de la fama. "Me siento violado no por las exageraciones de la prensa o los cotilleos, sino por la violación de mis pensamientos personales. Arrancado de mis internamientos en hospitales, viajes en avión, estancias en hoteles… Me veo forzado a decir que os jodan a todos los que no tenéis ninguna consideración por mí como persona. Me habéis violado mucho más fuerte de lo que podáis imaginar. ¡Que os jodan!"
Este contenido no está abierto a comentarios

