ANGOLA E IRÁN SE DESPIDIERON CON UN EMPATE
Angola llegaba al partido ante Irán con la necesidad de obtener una victoria y a la espera de un triunfo de Portugal sobre México, para poder alcanzar la tan ansiada clasificación a los octavos de final. Sin embargo, el objetivo primordial del equipo de Luis Oliveira Goncalves era tratar de mejorar la imagen dejada en sus dos previas presentaciones.
En tanto, los iraníes, ya eliminados tras las derrotas ante México y Portugal, salían al Zentralstadion de Leipzig con la premisa de conseguir los tres puntos para despedirse de la mejor manera de la Copa del Mundo. El clima dentro del plantel, que ya de por sí no era el mejor, se enrareció aún más cuando el técnico Branko Ivankovic decidió dejar afuera a Karimi, una de las estrellas, por protestar un cambio. Así, la historia parecía un poco más favorable para los africanos.
De entrada nomás, Angola salió con todo en busca del gol, apoyado en el buen manejo de Figueiredo y la movilidad de Akwá y Zé Kalanga. Con el oído puesto en lo que pasaba en Gelsenkirchen, los africanos trataron de conseguir la apertura del marcador para afianzar sus pretensiones. Las noticias eran alentadoras: No habían pasado cinco minutos de partido y Portugal derrotaba a México 1-0, con un tanto de Maniche.
Irán, en tanto, era un cúmulo de buenas intenciones desconectadas entre sí. Ali Daei corría a todas pero no entraba en juego, Mahdavikia estaba más preocupado por tapar las subidas de Mateus que de proyectarse y Hashemian tenía un desgano supremo. Todo se hacía muy complicado para los de Ivankovic.
Primero lo tuvo Mateus, pero el volante no supo resolver. Luego, pudo anotar Figueiredo, pero su remate fue bien contenido por el arquero Mirzapour. Angola sin hacer demasiado era superior y mostraba su hambre de triunfo frente a un rival muy tibio, que seguía sin mostrar absolutamente nada.
Sin embargo, con el correr de los minutos, Angola perdió peso en ataque y por ende la iniciativa. Irán, con más vergüenza que ideas, fue equilibrando el trámite. Con Bakhtiarizadeh y Rezaei más firmes en defensa, Zandi ordenando al mediocampo y Ali Daei adueñándose de la pelota, el equipo de Ivankovic empezó a imponer condiciones.
Las novedades desde Leipzig eran más que alentadoras. Simao, de penal, ponía a Portugal 2-0 arriba y desataba la locura angoleña. Sin embargo, mientras la parcialidad angoleña deliraba con el tanto luso, Ali Daei se perdió el gol de Irán. El delantero le ganó a su marca y solito frente al bueno de Joao Ricardo, inexplicablemente mandó su cabezazo a las nubes. Tremenda desconcentración de la defensa africana, que hubiera sentenciado las cosas.
Es Increíble. Tanto trabajo le cuesta a los equipos llegar a la Copa del Mundo, que no deja de sorprender el poco compromiso con el que Angola enfrentó este partido. Cierto es que no se puede esperar que muestren el toque de Brasil, la velocidad de Inglaterra o el juego aéreo de Alemania, pero claro que se puede exigir un poco más de fiereza, típica de un conjunto africano.
En el arranque del segundo tiempo, todo pareció cambiar. Angola volvió renovado y más generoso con su propuesta. Mendonca tuvo mucho que ver en esto. Las subidas del volante por el carril derecho le dio a los africanos una buena alternativa en ataque. Además, con el ingreso de Flavio por Akwá, el equipo de Goncalves ganó en volumen de juego. Justamente, el recientemente ingresado conseguiría la apertura del marcador para Angola. Zé Kalanga se escapó solo por derecha y envió un centro perfecto, a la cabeza del delantero del Al Ahly de Egipto, quien con un cabezazo cruzado puso el 1-0.
Irán volvía a ser el de siempre, aquel que tuvo muchos problemas con México, el mismo que no tuvo respuestas ante Portugal. En tanto, Angola empujado por su gente iba en busca de otro gol y a la espera de otra ayudita de los dirigidos por Scolari. La ilusión estaba más viva que nunca y la posibilidad de dejar afuera a México, latente. Para colmo, Omar Bravo había errado un penal para los aztecas, que por si fuera poco se quedaron con uno menos por la expulsión de Luis Pérez.
Este contenido no está abierto a comentarios

