Anotá esta palabra
Los primeros pobladores de los valles entre las montañas del sur se establecieron en los faldeos de los cerros, en lugares estratégicos, desde donde podían engordar el ganado y la vista, rodeados de una tranquilidad bucólica y de un pensamiento de prosperidad que jamás se midió en hectáreas y sí, en la idea de cambiar la suerte de aquella Europa empobrecida que los expulsó a finales del Siglo XIX.
Los nietos de esos pobladores primitivos, en general, se han quedado a trabajar las chacras de los abuelos, pero más a tono con los tiempos que transitamos, aunque sin perder ninguna de las historias de sacrificios que se contaron en torno a interminables fogones, bajo los techos de tejuelas que todavía se conservan. Hoy, esos nietos han dado vida a una palabra incipiente: el agroturismo.
Los prestadores de “agroturismo” no son otros que los trabajadores de las granjas, que han separado algunas habitaciones para que los interesados en conocer el fenómeno en expansión lleguen y –como dice Ana, una productora llegada de Comodoro Rivadavia- “pasen unos días como si hubiesen ido al campo de la tía”. Esa es la sensación exacta que unos siente ante la ausencia del lujo reemplazado por la camaradería y la comodidad.
Aunque no están enrolados en ningún fundamentalismo, la mayoría de los granjeros trabajan lo orgánico, en virtud de que no utilizan ningún tipo de fertilizantes. El ganado lanar, los árboles de la zona, frutales o aromáticos, las flores o la elaboración de dulces dan vida a estas pequeñas economías, casi siempre familiares, que han incorporado el alojamiento a visitantes.
Para los que saben lo que es un día campestre quizás la experiencia no resulte muy renovadora. Sin embargo, para los que viven encerrados en el cemento de las ciudades, la opción es un remedio contra el estrés y un desenchufe de la rutina que pocas veces podría encontrarse en otros sitios. Germán, un descendiente de austriacos que trabaja la zona, desmitifica la oferta, aún cuando es uno de los que la brinda.
“Esto es lo que se ha hecho siempre, alojar gente amiga, ser anfitriones; sólo que ahora se cobra”. Lo cierto es que, amigos o viajeros que se enteran de las bondades del agroturismo por Internet, las reservas de la zona lindera con las serranías que dan marco a la zona de El Bolsón, ya están bien cubiertas para el verano que se va a venir. Claro que, para ser proveedor de “agroturismo”, hay que cumplir con un requisito obligatorio.
Todos los granjeros deben ser productores. Esa es la condición. Además, varios propietarios se han agrupado en una suerte de comisión vecinal que les sirve para pelear por reivindicaciones comunes y, sobre todo, para abaratar costo a la hora de comprar insumos u otras necesidades del campo. El “agroturismo” no está planteado como un gran negocio ni reúne las dotes de la hotelería tradicional. No obstante, cada vez hay más gente que elige regodearse con el paisaje e incursionar por esta novedad.
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