ANTIOXIDANTES PROTEGEN CONTRA DAÑOS CEREBRALES
Los antioxidantes podrían proteger el cerebro contra daños producido por el consumo crónico de alcohol o por lo avanzado de la edad de una persona. Los antioxidantes, ya promocionados ampliamente como sustancias que ayudan a evitar el cáncer, también podrían proteger el cerebro contra los daños producidos por el estrés oxidativo. Nuestros estudios demuestran que ciertos antioxidantes previenen el daño cardiovascular, ciertos tipos de cáncer e incluso podrían tener un efecto positivo para mejorar sustancialmente la calidad de vida durante la tercera edad.
Diferentes tipos de antioxidantes se encuentran en los vegetales, las frutas y en alto grado en frutas secas, particularmente nueces y almendra. En el vino tinto se encuentran sustancias denominada polifenoles, algunos de los cuales se han aislado en diferentes laboratorios y se ha comprobado su efecto protector a nivel molecular.
En los últimos cinco años ha surgido un nuevo campo de estudio que investiga la interacción de nutrientes con genes específicos. En otras palabras, hay comidas “buenas” que para ser beneficiosas necesitan un organismo con los genes adecuados. Los médicos hace años que venimos recomendando dietas sanas y en algunos casos los estudios son un poco confusos: mucho alcohol daña la salud; poco, la beneficia. El interés de mi laboratorio se centró, entre otras cosas, en cómo el alcohol puede dañar neuronas especificas.
El alcoholismo crónico daña partes del cerebro utilizadas en el aprendizaje y la memoria, pero unas ratas a las que se les proporcionó un antioxidante fueron protegidas del daño, en estudios que lideré con un grupo de investigadores de Estados Unidos y España.
Los antioxidantes son sustancias químicas que inhiben la oxidación de una sustancia a la que están vinculadas. El estrés oxidativo produce daño a diferentes tipos celulares a través, entre otros mecanismos, de la formación de radicales libres. Estos radicales libres a su vez “se pegan” y dañan moléculas vitales como proteínas y el ADN. Células jóvenes parecen ser susceptibles a este tipo de daño, incluyendo células cuya naturaleza era impensable hace pocos años: neuronas recién nacidas en el cerebro adulto.
El equipo que lideré en la Facultad Médica Weill en la Universidad de Cornell, alimentó ratas durante seis semanas con una dieta líquida que contenía alcohol. Posteriormente encontramos que el número de neuronas nuevas en partes cruciales del cerebro de esas ratas había disminuido 66%, y la muerte celular se incrementó en más de 227%.
Pero en las ratas que también recibieron inyecciones del antioxidante ebselen no ocurrió el daño a las células en desarrollo. Esas ratas tenían las mismas características cerebrales que las del grupo que no recibió alcohol.
El antioxidante ebselen fue usado porque se sabe que tiene efectos protectores en el hígado y el tracto digestivo y tiene pocos efectos secundarios en los seres humanos.
El encontrar formas de mejorar las funciones mentales en casos como el que comprobamos, podría tambien aumentar los resultados positivos de los tratamientos para mejorar la calidad de vida en la tercera edad.
La buena noticia es que muchos de estos avances y descubrimientos en ciencias básicas están comenzando a ser estudiados en humanos. El descubrimiento de que el alcohol mata a neuronas jóvenes despertó también mi interés en síndrome alcohólico fetal, la principal causa de retardo mental, no genético, en el mundo.
En estudios preliminares en nuestro laboratorio en Nueva York hemos obtenido resultados muy optimistas, que no puedo adelantar en detalle hasta que sean publicados en la literatura científica.
El envejecimiento afecta a todo el cuerpo, y si bien la medicina nos permite prolongar la expectativa de vida a través de la mejoría funcional de muchos órganos, esfuerzos similares para mantener el funcionamiento cerebral no han tenido demasiado éxito. El evitar el deterioro del cerebro sigue siendo la asignatura pendiente. Se sabe que el estrés oxidativo tiene un rol importante en disminuir la funcionalidad de las neuronas, y muchas de mis investigaciones ya están demostrando que se pueden entender y revertir estos mecanismos.
Esto significa que potencialmente se puede prevenir o disminuir la progresión de enfermedades como Alzheimer o Parkinson. Actualmente decenas de millones de personas en el mundo padecen estas enfermedades, que están en franco aumento y de no encontrar una solución, la capacidad de tratar a estos pacientes se verá desbordada.
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