Aparece la "Poesía reunida" de Raúl González Tuñón
Poeta de la aventura, Raúl González Tuñón -de quien se publica por estos días el volumen "Poesía reunida"- supo enlazar en su obra a los opuestos: fue porteño y cosmopolita, partidario de la vanguardia formal y a la vez militante político, en tanto que en su expresión poética combinó la imagen fulgurante con una oralidad extendida.
Su poética aparece resumida en estos versos: "Traigo la palabra y el sueño, la realidad y el juego de lo inconsciente/ lo cual quiere decir que yo trabajo con toda la realidad", certifica su lugar destacado en el mapa de las letras continentales con una producción sostenida desde su libro "El violín del diablo" (1926).
"Poesía reunida", la nueva compilación de González Tuñón, nacido en Buenos Aires en 1905 y fallecido en 1974, en esa ciudad a la que no dejó de cantar, lleva prólogo del crítico Jorge Monteleone, con una selección de textos a cargo del hijo del poeta, Adolfo y de su sobrino nieto Eduardo Álvarez Tuñón, también escritor, autor entre otros libros de "La secreta mirada de las estaciones" (poesía) y "El desencuentro" (novela).
En un breve texto introductorio titulado "La música del mundo", los familiares del poeta señalan a esta compilación -editada por Seix Barral- como "la más exhaustiva que se ha hecho" al incluir libros completos como "La rosa blindada", "Poemas para el atril de una pianola" y "El rumbo de las islas perdidas".
La vigencia de la obra de González Tuñón entre los jóvenes, tiene que ver, según lo señala su sobrino nieto, con "la vitalidad de su poesía, su fuerza y esa forma rebelde y profunda de tratar todos los temas".
Respecto al criterio de selección, dice, se basó en la difusión de los libros citados, además de primar la idea de ofrecer al lector "Un panorama completo de uno de los poetas esenciales de la Argentina, que, por razones vinculadas a su ideología política fue censurado y no accedió a ediciones dignas, salvo aquellas que hicieron, por admiración y con sacrificio, los jóvenes de la generación del `60".
Así y todo, con marcadas franjas de ninguneo, la presencia de González Tuñón resulta ineludible con publicaciones dedicadas a estudiar su vida y su obra, y a difundir sus textos, entre ellos la biografía de Pedro Orgambide "El hombre que blindó la rosa" y las antologías "Raúl González Tuñón" (prologada por David Viñas) y "R.
G. T. Juancito caminador".
Una faceta cardinal en la obra se enmarca en los años 20, con la irrupción de los movimientos de ruptura que reivindican las palabras en libertad, el culto a la imagen y una modernidad encarnada en el dinamismo de la urbe moderna; Tuñón participa de este espíritu iconoclasta, aunque articula su poesía a una circunstancia propia que cuestiona y redefine constantemente el lugar del creador.
"Tuñón nunca dejó de ser vanguardista -indica Eduardo Alvarez Tuñón-, desde sus primeros libros hasta los últimos. Enrique Molina dijo una vez que Tuñón había sido el primer surrealista en lengua castellana.`La Calle del Agujero en la Media`, escrito en Paris en 1929 es una demostración; también `Todos Bailan`, donde hay imágenes sorprendentes y poemas de ruptura".
Aunque el peso testimonial de su poesía se dio cuando se había difuminado el impulso de la vanguardia, muchos críticos lo ubicaron en la línea del grupo Boedo: "En realidad lo ubican en Boedo por la inquietud social y por esa tendencia a encasillar típica de la crítica y de las universidades. Él fue colaborador de la revista `Martín Fiero` y era, esencialmente, de Florida", señala el sobrino nieto del poeta.
En la línea de lo testimonial, el escritor guatemalteco Luis Cardoza y Aragón subraya que la poesía de Tuñón "no tiene ese carácter predicador, perentorio, primario de la poesía de mera propaganda elemental… Suave su rosa blindada que no cesa de ser rosa".
Esta poesía de circunstancia hay que situarla según Eduardo en la época: "Es de un profundísimo lirismo. Octavio Paz dijo que Tuñón era el Darío de la poesía social y que libros como `España en el Corazón` de Neruda y `España aparta de mi este cáliz` de Vallejo, no hubieran sido posibles sin `La Rosa Blindada`, que es un hito`. La poesía social de Tuñón tiene muchísima fuerza y responde a una coherencia de vida admirable".
Existe una línea del autor de "La rosa blindada" escasamente frecuentada por la crítica: su sintonía con la poesía norteamericana, con poetas como Whitman y luego Carl Sandburg; entre sus lecturas estaban Bret Harte y O. Henry: "Exactamente, Tuñón era un ferviente lector de Whitman y de Sandburg, admiraba ese vitalismo lírico, lo que llamaba `la exaltación`. También admiraba a Edgar Lee Masters. La América de Tuñón no es la América Roosvelt, pero había en él una seducción por las ciudades y el jazz, eso se nota mucho en `La calle del agujero en la media`", remarca Alvarez Tuñón.
El grotesco es otro rasgo expresivo que destaca en la obra del poeta: personajes inconclusos, habitantes del desacomodo, rasgos que según su sobrino nieto "tienen que ver con su fascinación por los circos, los titiriteros, todos los seres que participan con encanto en el universo, desde una zona lateral pero conmovedora".
Hay además en la obra de Tuñón una marca que lo acredita como porteño (alusiones al barrio, al tango, etc.); que en su caso es deudora de las poéticas de Evaristo Carriego y Héctor Pedro Blomberg.
"Era, como dijo Juan Gelman, `incanjeablemente porteño`; Buenos Aires esta presente no solo en la temática sin o también en el tono. Borges dijo que era `el otro poeta del suburbio`", describe Alvarez Tuñón.
El sobrino nieto del escritor se refiere también al Tuñón periodista, profesión que lo llevó a desempeñarse en numerosos medios como los diarios Crítica y La Protesta, además de revistas como Caras y Caretas y El Hogar.
"Tuñon era un gran periodista y cubrió la guerra de España como nadie. Sus notas son las de un poeta. Por un momento hablan los ríos, los montes, los árboles; hay poesía de circunstancia en sus escritos", concluye Alvarez Tuñón.
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