APARECIÓ LA PRIMERA CANDIDATA
El cine español ya tiene su primera candidata a la Concha de Oro, máximo galardón que se entregará en la ceremonia de clausura de pasado mañana. Se trata de “Te doy mis ojos”, un film apenas correcto, pero cargado de buenas intenciones que fue recibido con una de esas ovaciones con “ruido” a premio. Este nuevo largometraje de la directora Icíar Bollaín (la misma de “¿Hola, estás sola?” y “Flores de otro mundo”) se atreve con un tema muy delicado como el maltrato a las mujeres y lo hace con cierto didactismo, aunque sin apelar a manipulaciones, excesos ni maniqueísmos.
La ascendente Laia Marull interpreta a Pilar, una mujer sometida por un marido abusivo (Luis Tosar), que no puede contener sus arranques de violencia ni siquiera con la ayuda de un bienintencionado terapeuta. Candela Peña es la hermana que intenta sacarla de ese infierno, mientras que Rosa María Sardˆ interpreta a la madre que termina avalando esta penosa situación. La agudeza de ciertas observaciones y los necesarios toques de humor que existe entre los personajes femeninos son lo mejor de una película muy dura, trabajada con dignidad, pero sin grandes hallazgos en términos estrictamente artísticos.
El otro film que se exhibió ayer en la competencia oficial fue “Veronica Guerin”, producción del poderoso Jerry Bruckheimer en la que el prolífico e inclasificable Joel Schumacher dirigió a Cate Blanchett, que se luce en el papel de una periodista irlandesa asesinada en 1996 por la mafia local por sus constantes investigaciones sobre el tráfico de drogas. Esta épica -que se estrenará en las salas argentinas el 16 de octubre- está basada en una historia real que conmovió a la sociedad de Dublín y ofrece pasajes de indudable potencia dramática, aunque se excede en su mirada sentimental y moralista, mientras ofrece imágenes -como la de unos niños jugando con jeringas usadas por heroinómanos en sórdidos monoblocks- que pueden herir ciertas susceptibilidades.
Mientras siguen llegando directores consagrados como el italiano Bernardo Bertolucci, que está aquí para presentar su mirada al mayo francés de 1968 con “Soñadores”, también hay espacio para jóvenes figuras: tal es el caso de actor azteca Diego Luna (visto en “Y tu mamá también”) que se encuentra promocionando una coproducción entre México, la Argentina y España como el adrenalínico thriller “Nicotina”, en el que interpreta a un hacker enamorado de su vecina, y el western hollywoodense “Pacto de justicia”, donde encarna a un joven cowboy protegido por los veteranos Kevin Costner (también director) y Robert Duvall. La semana próxima lo esperan nada menos que Steven Spielberg, Tom Hanks y Catherine Zeta-Jones para filmar “Terminal”. Toda una estrella.
Joyas del festival
Lo mejor de San Sebastián sigue estando en las muestras paralelas. Uno de los títulos más destacados fue “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera”, bellísimo y sensible film dirigido por el otrora revulsivo cineasta coreano Kim Ki-duk (“La isla”). Rodada en paradisíacos exteriores (un monasterio flotante en medio de una laguna ubicada entre montañas), la película narra a lo largo de varias décadas y en las distintas estaciones a las que alude el título la relación entre un veterano monje y un aprendiz que se enamora de una mujer y tiene una desagradable experiencia en la ciudad para regresar finalmente al lugar de origen. Llena de humor y referencias a la colorida tradición coreana se trata de una película de una frescura y una sabiduría infrecuentes.
Una de las grandes sorpresas de este festival es “Las horas del día”, opera prima de Jaime Rosales, de 33 años, que venía de obtener el premio Fipresci de la crítica internacional en la sección Quincena de Realizadores de Cannes. Se trata de un impresionante retrato de un asesino serial que evita los lugares comunes y las sesudas explicaciones psicológicas propias de este tipo de personajes. La historia se concentra en las vivencias cotidianas, rutinarias, de un hombre gris que maneja un negocio de ropa y mantiene relaciones aparentemente normales con su novia, su madre, sus amigos y su empleada, y termina saltando esa barrera entre banalidad y monstruosidad con una naturalidad pasmosa.
Admirador del cine austero de Robert Bresson, este joven catalán indicó -en diálogo con LA NACION- que rodó este largometraje con fondos propios (nadie se interesó en el proyecto), en apenas cinco semanas y sin que nadie en el equipo recibiera un euro. Tras el paso por Cannes, importantes productoras, organismos oficiales y cadenas televisivas decidieron sumarse y hoy, a tres meses de su estreno español con 14 copias, se mantiene en cartel con muy buena repercusión. Además, claro, todos pudieron cobrar sus salarios.
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