APLAUSOS Y ABUCHEOS PARA LULA EN UN ACTO PATRIO
Desde un palco de honor, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva asistió en el aniversario de la independencia a un menguado desfile cívico-militar durante el cual fueron escasos tanto los vivas como las silbatinas de los asistentes, aparentemente cansados con las continuas denuncias de corrupción.
Hubo desfiles similares en todas las ciudades importantes de Brasil en ocasión del aniversario, tanto como manifestaciones de grupos sociales demandando cambios en la política económica, castigo a los denuncias en corrupción y agilidad en la reforma agraria.
En Brasilia, el desfile se inició con la llegada de Lula a un palco especial en la llamada explanada de los ministerios, o el vasto complejo de doble vía que alberga 17 edificios ministeriales, el Congreso, el palacio de gobierno, el Supremo Tribunal Federal, y la catedral.
Al llegar, en un carro descapotable, se escucharon algunas vivas y unas pocas silbatinas, y luego cuando tomó asiento en el palco y declaró abierto el acto.
“Es muy difícil creer que el Presidente no supiera nada de ese esquema tan grande (de corrupción), pero tampoco hay pruebas y esas investigaciones en el congreso acabarán en nada como siempre”, dijo Rodrigo Alvarez, un estudiante de Derecho de 22 años. “La gente está cansada”, agregó el joven al llegar al desfile junto a otros compañeros.
“No se puede decir que todos son corruptos, Lula con certeza no sabía ni se involucró” en los casos denunciados, dijo Nilton Barbosa, un administrador de 41 años.
Pancartas. “Gobierno corrupto. Brasil de luto”, “Fuera todos, Lula, congreso”, eran algunas pancartas que portaron asistentes. Pero también había algunas en las que se leía “Lula estamos contigo” o “Viva Lula, íntegro, entero, e incorruptible”.
La distancia entre unas y otras pancartas dependía de la proximidad que tuvieran los asistentes al palco de honor: las a favor más cerca, las de oposición alejadas de la tarima, donde Lula y sus ministros presenciaron el desfile de dos horas teniendo como invitado especial al presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo.
Al desfile asistieron entre 30.000 a 35.000 personas, dijo a periodistas el coronel de la policía militar Antonio José Serra, que desplegó al menos 1.500 agentes, 200 de ellos apostados en el palco presidencial. La misma policía militar estimó en más de 50.000 los asistentes al desfile del 2004.
Al final de la parada, manifestantes del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) se congregaron en la catedral, al inicio de la explanada, desde donde marcharon pacíficamente unos dos kilómetros hasta la sede de la cancillería y frente al congreso para demandar desde cambios en la política económica, agilizar la reforma agraria hasta el retiro de unidades brasileñas en Haití.
Las diversas posiciones de los asistentes son una muestra de la polarización en Brasil, sumergido en una crisis política desde que el 6 de junio el diputado Roberto Jefferson, quien era aliado al gobierno, aseguró que el Partido de los Trabajadores (PT), de Lula, pagó en 2003 y 2004 sobornos a congresistas de la coalición para garantizar que votaran a favor del gobierno.
Las denuncias desde entonces no han cesado y abarcan ahora desde el financiamiento ilegal de campañas electorales hasta cobro de sobornos y contratos sobrefacturados en empresas estatales.
Tres comisiones en el congreso investigan las denuncias y una de ella pidió el 1° de septiembre pasado la apertura de juicios políticos a 19 diputados por aceptar del PT dineros, que aseguran no fueron sobornos sino “ayudas” para pagar deudas de campañas.
Brasil conmemora el 7 de septiembre la jornada en que Pedro I, regente de Brasil, proclamó en 1822 la independencia de la nación de Portugal.
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