APRENDER A LEER Y ESCRIBIR, UN DESAFÍO PARA LOS MÁS GRANDES
Regina Heredia tiene 75 años, pero recién hace uno que lee y escribe. El año pasado asistió a los encuentros que durante cinco meses ofreció el Programa Nacional de Alfabetización en el barrio Santa Rosa de Lima, a través del movimiento social Barrios de Pie.
“Antes sólo reconocía las letras, deletreaba. Ahora salgo confiada porque puedo leer los carteles con los nombres de las calles y sé dónde estoy, no me voy a perder”, confesó orgullosa sosteniendo entre sus manos su prolijo cuaderno tapa dura.
Las páginas guardarán para siempre sus primeras palabras escritas en lápiz, la secuencia de vocales repetidas una y otra vez a lo largo de todo el renglón, algunos dibujos y recortes de revistas, sus primeros intentos por sumar, restar, multiplicar y dividir. Tal cual el cuaderno de un niño de primer grado.
Este año, la Municipalidad de Santa Fe decidió sumarse a esta propuesta del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, tomando como base la experiencia de Barrios de Pie, que el año pasado capacitó a 42 personas en 10 centros de alfabetización.
Pero multiplicó la apuesta. Promediando fin de mes, cuando cuenten con todos los materiales, abrirá 180 centros en 41 barrios de la ciudad.
“En esto interviene el Ministerio que crea el proyecto y el municipio que tiene voluntad de tomarlo y trabajarlo seriamente. Pero es fundamental el compromiso de la sociedad civil, sin ellos no funciona porque hay muchos movimientos sociales, ONGs, vecinales, docentes de escuela y vecinos particulares que ponen su propia casa para dar un curso y hasta esperan a sus alumnos con unos mates y una torta”, remarcó Nicolás Cabó, asesor de la Secretaría de Gobierno a cargo de coordinar acciones para implementar con éxito el programa.
El lema que impulsa el organismo nacional es “1810 – 2010. Argentina un país libre de analfabetismo.
Compromiso y corazón
Analía Arce pone sus horas para lograr que cada vez más personas puedan comenzar a leer y escribir por sí mismas. Por el gran trabajo que llevó adelante en 2005, tiene ahora la misión de coordinar en territorio la implementación de los centros de alfabetización.
Por estos días se están capacitando los 255 alfabetizadores, interiorizándose de los módulos de enseñanza, que en realidad son una buena orientación que ellos deberán adaptar a las características del grupo, respetando sus tiempos de aprendizaje.
En total, son 32 encuentros de lengua y 13 de matemáticas, que parten desde los conocimientos más básicos de cada área apoyados con láminas y gráficos del reconocido humorista y dibujante Roberto Fontanarrosa. Cada grupo tiene entre 4 y 10 alumnos y se reúnen seis horas a la semana.
La novedad este año, es que la Municipalidad aportará 50 pesos más a los que ya aporta el gobierno nacional para pagar a cada capacitador.
“Más allá de compromiso y voluntad, a esto le tenemos que poner el corazón, sino es imposible lograr resultados”, señaló Arce.
Y las experiencias recogidas por quienes el año pasado debutaron como alfabetizadoras da cuenta de ello. Laura Jumilla, Ivón Pigos, y Virginia López fueron de las pioneras.
“Sabíamos de la necesidad que había en el barrio (Santa Rosa de Lima) y tuvimos que salir a buscar a la gente, nos costó mucho convencerlos. Nos encontramos con muchas chicas, jóvenes mamás con tres o cuatro hijos que nos preguntaban con quién iban a dejarlos. En algunos casos ni siquiera había voluntad. Encontramos más predisposición entre la gente grande, mayor de 50 años, casi todas mujeres”, relató Ivón.
El trabajo de convencimiento duró lo mismo que el curso: “Tuvimos que hacer un apoyo casi psicológico para que no abandonen porque en sus casas muy pocos eran incentivados, a muchos les decían `para qué vas a seguir si ya sos grande’. No se terminaban de convencer del para qué”, agregó Virginia.
Logro alentador
Con el certificado del Ministerio de Educación en manos de sus alumnos, las alfabetizadoras sintieron que habían cumplido con éxito una etapa, que intentarán repetir este año. La experiencia “fue muy gratificante” para ambos. “Para nosotras al ver que aprendían, que decían ma-me-mi, que nos seguían el ritmo, o que respondían a nuestras preguntas sin ningún tipo de ayuda”. Para los alumnos, al escuchar sus primeras oraciones leídas, escribir cartas para Navidad, hacer las cuentas en el supermercado.
“Cuántos años viví sin saber nada, antes no entendía nada, era burra, qué burra era. Ahora conozco todas las letras y puedo leer”, celebró Regina, quien está tan entusiasmada por aprender que por las noches asiste a la escuela Cristo Rey.
Cabó lo define así: “La importancia del programa va más allá de la propia alfabetización. No solamente queremos que puedan leer el diario, sino darles la posibilidad de que puedan capacitarse en oficios, porque cuando hacen talleres de albañilería o panadería, por ejemplo, les resulta imposible calcular o medir y se les termina el curso. También tiene que ver con la dignidad de la persona, hay abuelos que no pueden sentarse con sus nietos a hacer la tarea”.
Los cinco meses de encuentros son sólo el puntapié inicial. El objetivo final es, en definitiva, que puedan insertarse en el sistema educativo formal. “Es una motivación para que, con esos conocimientos previos, se animen a empezar la escuela primaria”, sintetizó Analía Arce.
En cifras
%s180
centros
255 capacitadores
1.500 alfabetizando
18 coordinadores
41 barrios
100 pesos recibe cada alfabetizador y coordinador($50 de Nación y $ 50 del Municipio).
5 meses dura el curso
Apostar a la educación
El intendente Martín Balbarrey confesó que pretende que la ciudad de Santa Fe sea “uno de los centros más importantes de alfabetización” del país porque “queremos que no quede ningún santafesino sin saber leer y escribir. Muchas veces se criticó al gobierno peronista por el clientelismo y me parece que quien puede aprender a leer y a escribir puede elegir de qué manera quiere vivir y también cómo votar”.
Insistió en que “es imprescindible apostar a la educación para que luego puedan aprender un oficio. A veces se insiste en bajar proyectos de calificación y se enseñan oficios pero las personas no saben de medidas ni de proporciones, no pueden separar un cuarto kilo de harina porque no tienen el mínimo nivel de instrucción”.
Destacó además que el programa “opera como un motivador para que la gente pueda valorar la educación en sus hijos, porque a veces pasa que quien no tiene ningún nivel de instrucción no valora la importancia de la educación y no obliga a los chicos a ir a la escuela, no los incentiva para que no la abandonen. Me parece que sólo aquel que viva en carne propia lo que significa el valor de la alfabetización hará que sus hijos y nietos vayan a la escuela”.
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