ARAFAT EN ESTADO DESESPERANTE: YA HABLAN DE MUERTE CEREBRAL
A la medianoche y bajo el frío, más de cien palestinos esperaban la peor noticia en un clima de funeral en Clamart, un suburbio de París. Más de 50 policías descendían barreras, cerraban la calle y alineaban a los periodistas de todo el mundo, en la clásica coreografía de un gran anuncio. La muerte del líder palestino Yasser Arafat es inminente. Pero, fiel a su historia de “nueve vidas”, sigue peleando en la sala de reanimación del hospital militar de Percy, aun cuando varios líderes mundiales anunciaron anticipadamente su deceso.
Arafat está “en coma, entubado” y con “nulas posibilidades de recuperarse”, según una fuente médica del hospital. Tres electroencefalogramas se le han realizado en las últimas horas a Arafat, sin que hayan trascendido sus resultados. Son la clase de exámenes médicos que determinan si hay muerte cerebral en un paciente terminal. Los protocolos franceses lo exigen en un caso como el suyo.
“Está vivo. No está clínicamente muerto, pero su estado se agrava”, se sinceró Ashraf Kurdi, su neurólogo personal, que viajó junto a él a París. En medio de contradictorias informaciones que comenzaron a llegar desde Israel y fueron sucesivamente negadas y confirmadas por sus allegados en París, la salud del líder palestino se comenzó a deteriorar en la tarde del miércoles, cuando entró y salió varias veces del estado de inconsciencia.
Hasta el presidente George Bush lo dio ayer por muerto y deseó que “Dios bendiga su alma”. Fue durante una conferencia de prensa que dio ayer en Washington. Dos medios israelíes anunciaron su muerte basándose en fuentes francesas, sin identificarlas. El primer ministro de Luxemburgo, Jean Claude Juncker, cometió el mismo error durante el Consejo de Europa en Bruselas, antes de que el presidente Jacques Chirac llegara a la capital belga, después de una visita de media hora al hospital donde Arafat está internado y después de hablar con sus médicos.
“Arafat no está muerto”, dijo el doctor Christian Estripeau, vocero militar del hospital, en la puerta de ese inmenso y moderno edificio. “Su situación clínica se ha vuelto más compleja y ha sido transferido a otro servicio dentro del hospital, más adaptado a su patología”, declaró.
“Está en estado comatoso, no ha recuperado la conciencia desde el miércoles”, explicó una fuente a Clarín. Leila Shahid, la representante palestina en París, había anunciado temprano que “el presidente ha sufrido una recaída, propia de la enfermedad”.
¿Cuál enfermedad? Nadie la precisa. En su único comunicado oficial, los médicos que atienden a Arafat descartaron el cáncer y la leucemia y se refirieron a serios “problemas digestivos”. Los hematólogos franceses, que no han visto a Arafat pero saben de sus síntomas, creen que el líder palestino sufre de púrpura, una enfermedad que devora las plaquetas y deja al paciente a merced de cualquier infección por su falta de defensas. El riesgo de muerte es una hemorragia inesperada.
El entorno palestino no descarta otra alternativa más siniestra: el envenenamiento, a través de un medicamento. Los test que se realizaron en Ramallah no detectaron presencia de veneno, pero ahora los médicos franceses analizan esa posibilidad.
Sólo cuatro personas tienen acceso al “Rais”: su esposa, Soha, un sobrino, Mohamed Rachid —su asesor más próximo— y Leila Shahid. Los demás consiguen la información a través del “teléfono árabe”, como llaman en Oriente Medio a los rumores boca a boca.
Mohamed Rachid, uno de los consejeros más próximos a Arafat, informó que “a veces su estado de salud conoce cierto deterioro, y otras, mejora. No hay que dejarse dominar por el pánico”, advirtió. Una nueva endoscopia y una punción lumbar fueron ordenadas por los médicos, sin que se conozcan los resultados.
La salud de Arafat se convirtió en una información estratégica en la feroz lucha de poder entre diferentes miembros de la Organización para la Liberación de Palestina con aspiraciones de sucederlo y en el gobierno israelí, que teme el caos en los territorios y ha decretado el estado de alerta.
El primer ministro palestino, Ahmed Qureia, desmintió ayer en Ramallah que Arafat estuviera en coma y dijo que estaba viajando a Gaza para prevenir enfrentamientos entre facciones. El y Mahmmud Abbas son los reempla zantes —de facto— de Arafat después de la reunión de la OLP del sábado, cuando se apresuraron a declarar terminado el liderazgo político de Arafat.
Más de 200 periodistas de todo el mundo han acampado frente al moderno hospital de Percy. El silencio, las contradicciones sobre el estado de Arafat y las largas limusinas que ingresaron con sus ventanillas levantadas sólo aumentan las certezas de su estado desesperante.
Este contenido no está abierto a comentarios

