ARANCEDO VISITÓ A LOS INUNDADOS QUE INTEGRAN LA “CARPA NEGRA” DE LA MEMORIA
Ya llevan 125 días en la plaza de Mayo. Desde que instalaron la Carpa Negra de la Dignidad para reclamar una reparación justa a las víctimas de la gran inundación aguantaron de todo. Carlos Reutemann intentó ignorarlos. La policía echarlos. Los amigos del gobernador, demonizarlos. Pero ninguno cruzó la valla que separa la sede del poder con esos restos de vidas y muertes que llaman Museo de la Memoria: fotos, muebles, testimonios rescatados del desastre. Optaron por mirar de lejos o entrar y salir de la Casa Gris por el patio trasero. El pasado sábado, a siete meses del fatídico martes 29 de abril -cuando el río Salado invadió un tercio de la ciudad- el arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo, cruzó la plaza para rezar con ellos. “Hermanos” llamó a los resistentes de la Coordinadora de Barrios Inundados. “Vengo a recordar y acompañar el dolor y el justo reclamo de quienes aún esperan una respuesta para reconstruir su vida, su familia, su trabajo e incluso su pequeña empresa”. Arancedo los reconfortó con su palabra y hasta les pidió que sigan la lucha. “Esta realidad que nos aqueja no nos debe abatir ni enfrentar, porque el reclamo es justo y no busca réditos de pequeña política”, afirmó el cura.
El gesto del arzobispo marcó su distancia con el gobierno de Reutemann. En 125 días el gobernador jamás cruzó la plaza ni respondió los pedidos de audiencia. “Sólo se mostró en los medios y se escondió detrás de las ventanas de su despacho, en un intento de ignorar nuestro reclamo”, le reprochó la Coordinadora de Barrios Inundados. “Pero no se lo permitimos. Como no permitiremos que olvide las 23 muertes”, agregó.
A siete meses de la inundación, la vigilia había comenzado muy temprano, como todos los 29. Eran casi las 12, cuando monseñor Arancedo llegó a la Carpa Negra. Lo esperaban con ansiedad y él valoró el gesto a su estilo. “Lo tomo como un hijo de Dios que es obispo, Vengo a acompañarlos, a dar una oración. Nada más. A estar con ellos este momento”, le dijo a Rosario/12, el único medio presente.
Después alguien acercó un micrófono, para aprovechar las sombra de un árbol. “He venido a recordar y acompañar, al cumplirse siete meses de la inundación del Salado, el dolor y el justo reclamo de quiénes, estén o no en esta plaza de Mayo, aún esperan una respuesta que posibilite reconstruir su vida, su familia, su trabajo e incluso su pequeña empresa”, dijo Arancedo. Y recordó cuando, recién llegado a la ciudad, “recorría y asistía conmovido con la gente de Caritas aquella realidad lacerante pero que conservaba en el rostro el deseo de un mañana. Dije entonces que Santa Fe estaba herida pero no vencida, y mucho menos sola, porque éramos testigos de la solidaridad de todo el país. No puedo dejar de agradecer una vez más aquel gesto que nos tuvo por destinatarios”.
“A partir de ahí, y aún en el dolor de muchos hermanos nuestros se abrió un camino de esperanza, que se manifestaba en expresiones tales como: hay que reconstruir Santa Fe, hay que refundar Santa Fe. Estas expresiones siguen siendo válidas, necesarias y hoy, agregaría, urgentes”, apuntó.
“Pero han pasado siete meses y muchas preguntas o justos reclamos aún no tienen respuesta”, insistió Arancedo. “La dimensión de la catástrofe que hemos vivido, más allá del gesto solidario particular que no hay que olvidar y valorar, adquiere una dimensión política porque reclama decisiones que deben reorientar los fondos hacia las necesidades más puntuales, pienso en la educación y la salud, la vivienda y el trabajo. Algo se ha hecho pero aún falta un camino por recorrer. La política, bien entendida, es el arte de construir la ciudad del hombre a la medida del hombre y sus necesidades, o como acostumbra a decir Juan Pablo II, es el ejercicio de la caridad social al servicio del bien común. La necesidad y la nobleza de la política reclama, por lo mismo, un nivel de virtudes morales y de compromiso social en su clase dirigente”.
“Queridos hermanos: -volvió a llamarlos Arancedo- he venido a acompañarlos pero también a rezar con ustedes por esta realidad que nos aqueja, pero que no nos debe abatir ni enfrentar, porque el reclamo es justo y no busca réditos de pequeña política. He venido a rezar, y por ello quiero invitarlos a elevar juntos nuestra oración, primero por aquellos hermanos nuestros que han muerto a causa de la inundación, pero también por aquellos otros que aún hoy viven sin haber encontrado respuesta al drama de la inundación. Que esta oración fraterna de los hijos de Dios sea un signo y un compromiso, también una madura solidaridad de toda nuestra amada ciudad de Santa Fe”, concluyó.
La Coordinadora de Barrios Inundados difundió también su propio mensaje con duros reproches al gobierno. Recordó aquel 29 de julio cuando instaló la Carpa Negra “para plantarnos frente al poder, hartos de la ceguera, la sordera y el mutismo de ciertos prepotentes”, dijo. Habían transcurrido tres meses de la gran inundación. Ya llevan cuatro de espera y siete de resistencia. “Nuestro deber como ciudadanos es persistir en la lucha contra la impunidad y ejercer nuestros derechos… El silencio y la inacción nos vuelve cómplices de aquellos que conspiran para que la sociedad se debilite. La impunidad no debe salir airosa”, apuntó al insistir en su demanda de verdad y justicia. “Los responsables de lo que ocurrió en la provincia deben pagar por sus actos ante una justicia independiente”. Los integrantes de la carpa reclaman justicia por las víctimas, una reparación integral, la investigación por los muertos, el reconocimiento de víctimas fatales y enfermedades posteriores y la construcción y reconstrucción de viviendas. Los pedidos se extendieron también a la atención de la salud física y psíquica, y la dignificación como ciudadanos a través de la recuperación de los puestos de trabajo perdidos.
“El gobernador Reutemann se mostró en todos medios, pero aquí frente a la plaza de Mayo, se escondió detrás de las ventanas de su despacho, en un intento por ignorar nuestro reclamo. No se lo permitimos. Como no permitiremos que olvide los 23 muertos y otras tantas muertes que se van sucediendo en los últimos meses a raíz del desborde del río Salado”, señalaron. “El 10 de diciembre asumirá el nuevo gobernador (Jorge Obeid). Nosotros estaremos aquí, esperando que nos reciba. No pedimos más de lo que necesitamos. Sin justicia no habrá perdón. No podemos ni queremos olvidar”.
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