ARCHIVAN SIN CULPABLES LA CAUSA DEL ROBO A LA CAJA DE INGENIEROS
Uno de los desfalcos más cuantiosos registrados en Rosario en los últimos años se quedó sin responsables penales: la investigación por la desaparición de 375 mil dólares de la Caja de Ingenieros fue archivada ayer por el juez de la causa. Es que en el expediente aparece como principal responsable de la operación el arquitecto Alberto Traverso, quien obtuvo el sobreseimiento porque al haber fallecido la acción penal no puede continuar en su contra. También quedó libre de cargos una contadora a quien le reprochaban una colaboración menor. Ese delito, en realidad, había prescripto un año antes de que se denunciara el faltante de dinero de dos cajas de seguridad bancarias.
La resolución del juez de Instrucción Nº 14, Adolfo Prunotto Laborde, dispone el archivo de una causa que se abrió en diciembre de 2004 por una fabulosa defraudación. El fraude se destapó cuando el directorio de la Caja de Previsión Social de los Profesionales de la Ingeniería denunció ante la Justicia que se habían esfumado más de 300 mil dólares que se atesoraban en dos cajas de seguridad del Banco Municipal. El dinero era una suerte de reserva de la institución para hacer frente a futuras obligaciones previsionales o algún cimbronazo de la economía.
La desaparición se detectó dos días después del suicidio de quien hasta ese momento había sido el presidente de la entidad, Alberto Traverso. El arquitecto, que había conducido la Caja con un estilo personalista, se disparó un tiro en la cabeza el 4 de diciembre de 2004. Tenía entonces 52 años. A las 48 horas, sus compañeros del directorio fueron con una escribana y un cerrajero a abrir los cofres de seguridad en los que, según los registros contables, estaban depositados 375 mil dólares desde 2001. Pero las cajas estaban vacías.
El dictamen de una auditoría
Los registros bancarios revelaron que el directivo fallecido era quien había operado con las cajas, en forma exclusiva, desde 2001. Luego, una pericia contable precisó que los dólares habían sido depositados en una de las cajas para eludir el corralito financiero de diciembre de 2001. Y una auditoría interna detectó algunos desaciertos en el manejo y control de fondos al interior de la entidad de Mendoza 1520. El informe destacó que el uso de una caja de seguridad a la orden indistinta, como la que accionaba Traverso, no era “adecuada para el manejo de fondos institucionales”.
A esos desarreglos adjudicó el juez penal el hecho de que la causa se quedara sin responsables. A criterio del magistrado, la falta de controles internos hizo que desde la Caja de Ingenieros tardaran tres años en detectar la desaparición de una fabulosa suma de dinero. También por eso, destacó, la acción que investigaba en relación a la contadora imputada estaba prescripta incluso desde antes de ser notificada a la Justicia.
La investigación que culmina tuvo en el centro de la escena al fallecido Arquitecto Traverso. El ex directivo fue señalado como el único responsable de la apropiación de los dólares depositados en el Banco Municipal. Así lo estableció el juez al examinar las planillas de ingreso a las cajas de seguridad. De los registros bancarios se desprende que el 1º de junio de 2000 la entidad abrió una caja de seguridad a la orden conjunta para depositar allí dinero en dólares de un plazo fijo que vencía ese mes. Esa caja debía ser operada por dos o más titulares.
El 20 de octubre de ese año se produjo el último movimiento en ese cofre de uso conjunto. A las 12.30 fue accionado por el arquitecto Traverso, acompañado por la contadora Graciela López en su carácter de cotitular de la caja. Cinco minutos más tarde, Traverso accedió a otra caja a nombre de la entidad que podía ser operada a la orden individual, es decir que podía ser usada por sólo uno de sus miembros. Prunotto Laborde infirió que ese mismo día se produjo el traspaso de los fondos en efectivo a la caja que Traverso podía utilizar sin controles.
A partir de allí, utilizó el cofre con frecuencia mensual y sin la presencia de terceros. “Todas esas visitas permiten inferir la apropiación de los fondos, por abuso de confianza, por parte del arquitecto Traverso”, concluyó el juez. La conducta de Traverso hubiera encuadrado en la administración fraudulenta, un delito que no estaría prescrito porque prevé seis años de cárcel. Pero al tratarse de una persona fallecida, la acción penal no puede continuar en su contra y por eso el juez le dictó el sobreseimiento. No se detectó ni un centavo en la caja de seguridad que Traverso tenía a su nombre en otro banco ni un enriquecido sus familiares, por lo que la ruta del dinero sigue siendo un misterio.
En contra del estatuto
La investigación detectó otra irregularidad administrativa que favoreció el fraude: la existencia de una caja a la orden individual violaba el estatuto de la entidad, que expresamente lo prohibía. Si bien esa caja se había creado para guardar documentación y archivos del área informática, todo indica que allí se guardó el dinero ahora ausente. Por este motivo, el juez acusó a la contadora López de haber autorizado un “acto indebido” al permitirle a Traverso que traspasara fondos a una caja que podía accionar sin el permiso de terceros.
A criterio del juez, la conducta de la contadora no perseguía un fin de lucro ni de causar daño. Pero al avalar una operación antirreglamentaria, entendió Prunotto Laborde, se crearon las bases para que otra persona pudiera causar un perjuicio a la entidad. “Por su profesión conoce detalladamente la forma correcta de actuar y los deberes de vigilancia y cuidado que le competen”, evaluó. No obstante, la mujer fue beneficiada con un sobreseimiento porque la acción que le imputan está prescripta.
La “autorización de actos indebidos” tiene como pena máxima de dos años de prisión. Como el delito investigado ocurrió en 2001, dos años más tarde ya estaba fuera del alcance judicial. Así, la prescripción se concretó un año y dos meses antes de que se realizara la denuncia penal.
Al poco tiempo de detectarse el faltante hubo una nueva sorpresa para los afiliados a la Caja: se comprobó que faltaban otros 252 mil dólares de un fondo nacional de trasplantes que la institución tenía en custodia. Juan Cayetano Cignoli, quien fuera director de la Caja en tiempos de Traverso, había sido sospechado de tener una participación menor en la desaparición de ese fondo. Pero murió al poco tiempo de ser indagado y, como el resto, obtuvo el sobreseimiento.
Esa batería de sobreseimientos no deja ningún camino abierto para que la causa siga en curso. Lo que no impide que quienes se consideren defraudados soliciten alguna indemnización en un juzgado civil. Para el juez, los responsables están señalados, pero en materia penal ya nada se puede hacer en su contra.
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