ARGENTINA AGUANTÓ HASTA DONDE PUDO
Final que duele. Porque Argentina había aguantado como podía, casi aire, y todos los caminos conducían a la definición por penales. Sí, vale aclararlo: España merecía irse con la victoria. Y en uno de los últimos intentos, Cesc metió un golazo de oro que le dio a su equipo el pase a la final y dejó sin nada a los pibes de Tocalli.
Todo cambió de golpe, casi sin que nadie se diera cuenta. Porque Argentina, luego de un primer tiempo espléndido, ganaba cómodo 2 a 0 y por momentos hasta se floreaba. Pero, se sabe, el fútbol es una caja de sorpresas. Y en el arranque de la segunda parte, España produjo un vuelco impensado. Descontó através de Cesc y, sin perder tiempo, llegó al empate con un derechazo de Jurado. ¿Eso nada más? No, para rematarla el árbitro expulso a Cardozo por doble amarilla. Todo en menos de quince minutos. Mal, muy mal para Argentina.
Que había dejado una impresión bárbara en esa etapa inicial. Ahí quedó la sensación de que era un equipo con todas las letras. No extrañó, entonces, que en una pelota cruzada al corazón del área chica, el pibe Biglia (un jugador para la mesita de luz) estampara el uno a cero. Sólo se jugaban dos minutos y en esa acción quedó demostrado cuál iba a ser la postura Argentina.
España se desorientó. Todo lo que tenía planeado de antemano tuvo que archivarlo. Y se fue con todo al ataque, sumó a los laterales en posición ofensiva y complicó por los costados. Otro equipo se hubiese refugiado cerca de su arco, pero Argentina fue inteligente y se defendió con la pelota, saliendo rápido de contra y siempre con un conductor fenomenal como Biglia. Que juega y hace jugar. Aunque no parezca, tiene 17 años. Es tiempista, talentoso, cuida la pelota como nadie, la distribuye con precisión y también, si es necesario, mete la patita. Completo por donde se lo mire. Lástima que se lesionó y tuvo que salir, justo en el peor momento del equipo, cuando más se lo necesitaba.
En el arranque Argentina merodeó con peligro el arco español. Apelando al mismo recurso: pelota corta y dominada. Así, después de mil toques, vino un centro cruzado y Garay cabeceó adentro. Gol. Dos a cero y a esa altura, cuando se jugaba media hora, parecía cosa juzgada. Error, grueso error.
Porque empezó el segundo tiempo y España dio dos golpes mortíferos. Eso, sumada a la expulsión de Cardozo, obligó a que Argentina se pusiera el cuchillo en los dientes y aguantara de la mejor manera. Fue un monólogo de los españoles que no tardaron en convetir en figura al arquerito Ustari.
Fueron al suplementario y parecía que Argentina, con esfuerzo, se las rebuscaba para llegar a los penales. España hizo el último intento y gritó bingo. Una lástima para Argentina. quizá, si la justicia en el fútbol existiera, no hubiese estado nada mal que se llevara el descuento al vestuario. Pero no pudo ser.
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