ARGENTINA ENFRENTA A LAS ESTRELLAS DE BRASIL
Es el clásico futbolero de América de este tiempo. Un clásico mundial, en realidad. Porque Brasil, el pentacampeón, no tiene otro rival —fuera de la magna competencia—, por los puntos, de la envergadura y la historia de Argentina. Ellos lo reconocen sin eufemismos. Es el partido que quieren ganar, especialmente. Por la rivalidad de siempre, que se afirmó en los últimos 25 años. Y también, ahora, para pegar el salto en la tabla de las Eliminatorias donde Argentina está primera y ellos terceros. Ocurrirá esta noche, a las 21.45, en el gigantesco Mineirao de Belo Horizonte.
Están parejos en las estadísticas. Pero ellos son los amos del fútbol mundial, los que mejor se cotizan, aunque no muevan los millones de los europeos. Lo consiguieron con una clave sustancial: siempre fueron fieles a su estilo. Aun en los tiempos en que los rigores tácticos les confundieron los conceptos a muchos, incluso al fútbol argentino.
No se duda, Brasil es el favorito para llevarse la victoria. Por la actualidad de varias de sus individualidades y por su localismo. Aun con la ausencia de Ronaldinho, lesionado, su figura de esta etapa. Dicen que se sienten presionados por la exigencia de su gente. Porque todavía están en deuda con el buen juego en estas eliminatorias. Y que eso les puede complicar el rendimiento si no consiguen un gol en los primeros minutos. Especulaciones, bien al ruidoso estilo brasileño. Es extraña la mezcla de suficiencia y respeto que muestran ante todo lo que sea argentino. Los códigos de la rivalidad, bien notorios. Carlos Parreira, el entrenador, no quiso jugar al misterio. Pondrá lo mejor que tiene, al margen de Ronaldinho. Dida, en el arco, por el lesionado Marcos. Los dos laterales de la gran experiencia, Cafú y Roberto Carlos y la eterna duda de los centrales. Juan será el primer marcador y Roque Junior estará a su izquierda. Edmilson será el volante central, con Juninho y Zé Roberto. Con la entrada de Luis Fabiano, quizás Ronaldo tenga compañía ofensiva y Kaká se quede solo en el armado, sin Ronaldinho, su socio. Saldrán al ataque, se cree. Para imponer protagonismo.
Del otro lado estará la selección argentina del estilo Bielsa. Con disposición ofensiva, pero mecanizada en sus movimientos. Con más obligaciones que libertades y con la religión de las posiciones por encima de las características de los jugadores. Casi nada cambió en el funcionamiento en relación con la fácil conquista de la eliminatoria anterior y la frustración del Mundial. Sólo algunos nombres. Y la desconfianza generalizada. Lo que antes se aprobaba —previo al Mundial de Corea y Japón— ahora se desprecia. Se creyó, al principio por el éxito numérico, pero la derrota desató el vendaval de la crítica. Porque se le exige más que resultados al equipo. Pero el enigmático Bielsa sigue encerrado en sus concepciones, sin atender al debate.
Si a Brasil le faltará Ronaldinho, Argentina no podrá contar con Ayala. Y es un dato importante. Porque el campeón del Valencia es la voz de mando en el fondo. Las otras ausencias, la de D’Alessandro o la de Riquelme (uno de los dos, según el entrenador) obligarán a Aimar —duda de última hora por una lesión— o a Lucho González al compromiso del armado ofensivo. Lo demás será lo de siempre: línea de tres (que puede ser de cinco cuando se sumen Zanetti y Sorin, marcadores laterales en esencia) con Samuel como bastonero entre Quiroga y Heinze. Mascherano, con la compañía de Kily González (aunque figure como extremo) en el medio, más los laterales del ida y vuelta. El Chelito Delgado y Crespo. Como se ve no sobran los nombres rutilantes. Pero sí el compromiso de la reivindicación. Los jugadores saben (y Bielsa también) que un buen desempeño puede variar la indiferencia de la gente. Ese es el desafío. Habrá que ver hasta dónde lo correrá Delgado a Roberto Carlos, para entender las intenciones. O hasta dónde Roberto Carlos lo esperará a Delgado.
Es un clásico, quizás el mayor del fútbol mundial, e incluye emociones diferentes. Valdrá la pena palpitarlo.
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