Argentina ganó con dos goles de Bertoglio
Para Martín Palermo, los goles que lleva convertidos nunca son suficientes. Siempre está dispuesto a hacer uno más. Los busca con la misma obstinación de los comienzos de su carrera. Ese espíritu ambicioso e inconformista explica una carrera que, a los 36 años, lo tiene por primera vez a las puertas de un Mundial.
Al amistoso de anoche cuesta encontrarle un eje. Pudo tener fines recaudatorios para pagarle el contrato a Diego Maradona. Pudo servir para llevar al seleccionado a una ciudad en la que nunca había jugado y a la que cuesta imaginar que volverá algún día. Pudo ser una oportunidad de vestir la camiseta para muchos jugadores que no tienen futuro de seleccionado. Pudo ser un tributo para Ariel Ortega por sus días de esplendor ya idos con la Argentina.
Es difícil encontrarle una utilidad concreta a este 4 a 0 que sólo es material para las estadísticas, sin mayor sustento futbolístico. No sólo la formación de la Argentina, con una amplia mayoría de jugadores que mirará el Mundial por televisión, limita el análisis. El rival, este endeble Haití, también obliga a no profundizar la evaluación ni a sacar conclusiones.
Lo queda son imágenes, apuntes. Como la particularidad de ver al seleccionado en una cancha de pequeñas dimensiones, más propia de los torneos de ascenso. El partido seguramente será inolvidable para Facundo Bertoglio, el promisorio volante de Cólon, al que algunos comparan con Pablo Aimar. Debutó en el seleccionado y convirtió dos goles. En el primero, con el que se abrió la contundente victoria, aprovechó un error de principiante de un zaguero haitiano, y la no menos esperpéntica salida del arquero. A los dirigentes de Colón se les habrá iluminado el rostro, ya que la cotización de Bertoglio, pretendido aquí por Newell´s y también por equipos del exterior, podrá incrementarse en algunos miles de dólares gracias a esta incursión por el seleccionado.
Palermo fue uno de los pocos que sabe que Cutral-Có puede ser una escala en su viaje a Sudáfrica. Maradona lo hizo ilusionarse en febrero, luego de que marcara un gol en el 2 a 1 a Jamaica, en otro ensayo tan irrelevante como el de ayer. En aquella noche marplatense, el director técnico dijo que Palermo estaba "en un 80 por ciento en el Mundial".
Estos amistosos son territorio de Palermo. Además del citado tanto frente a Jamaica, había anotado los dos en el 2 a 1 a Ghana, en septiembre pasado, en Córdoba. En el medio de estos festejos de relativo valor, Palermo había agigantado su leyenda de goleador con uno de mucho peso específico, como lo fue el que convirtió en tiempo adicionado a Perú para el agónico por las eliminatorias, bajo el diluvio que caía en el Monumental.
A la par de la trayectoria de Palermo ocurren hechos que alimentan su vida de película. Anoche no fue la excepción. La existencia del N° 9 de Boca se aleja de los carriles convencionales. Son situaciones ajenas a su voluntad, fuera de guión, a veces anecdóticas, otras riesgosas. Anoche vivió una circunstancia que pudo ser de más gravedad. A los 2 minutos, una esquirla de un petardo lanzado desde una tribuna le pegó debajo del labio inferior, casi en la pera. Se le produjo una herida sangrante que demandó atención médica y la aplicación de un apósito.
Palermo nunca evaluó la posibilidad de abandonar la cancha. Está acostumbrado a lidiar con lesiones, heridas, golpes, cortes. Su vocación goleadora está por encima de todo. Incluso, de la escasa participación que tenía en el juego hasta que apareció en el minuto 40 para definir de frente al arco, con un cabezazo, el preciso centro atrás de Garcé. Palermo cumplía con su cuota en un partido en el que el resultado era lo de menos. A los 20 minutos del segundo tiempo fue reemplazado por Pereyra y se dio un abrazo con Maradona. En un partido simbólico, no faltó el gol testimonial de Palermo.
Debido a la lesión de Braña, el otro jugador al que se le abrió una hendija a Sudáfrica es Mercier. Su rendimiento fue de menor a mayor. Empezó algo nervioso, pero se fue asentando y terminó con la comodidad que otorgaba este amistoso sin grandes exigencias. Imposible juzgar a Pozo y Gabbarini, candidatos al puesto de tercer arquero en el plantel de 23. Haití los inquietó menos que los suplentes de sus equipos en una práctica. El amistoso pasó de largo, como algo insustancial, imposible de llenar hasta con cuatro goles. Aunque es probable que a Palermo le haya sido útil.
8 son los goles que convirtió Palermo en 13 partidos con el seleccionado. El primero fue hace más de 10, en el 3 a 0 a Ecuador por la Copa América 1999.
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