ARGENTINA GRITÓ EN EL ALARGUE CONTRA EGIPTO
Vaya si se complicó el panorama para Argentina en esos primeros minutos de pura desorientación. Porque, sinceramente, pocos creían que Egipto iba a hacer tanta fuerza. Aferrado a la simpleza de tocar corto y de mover la pelota, se las ingeniaron para que los volantes argentinos dudaran una y otra vez. Samir, un habilidoso que parece salido de Soldati, se atrevió a poner la pelota debajo de su suela y así obligó a que, tanto Mascherano como Zabaleta, salieran a tratar de tomarlo con el riesgo de exponerse a una tarjeta.
El problema de esos veinte minutos iniciales pasaba porque los talentosos, como Montillo, no lograban escaparle a su marca. Entonces, los traslados de Argentina hacia campo rival se limitaban a las proyecciones, asiduas aunque alternadas, de Ferreyra y de Romero. Conclusión: La pelota llegaba no tan limpia y esto quitaba precisión.
Cavenaghi y Herrera volvieron a tener problemas para jugar junto. Como tienen características muy parecidas, por lo general chocaban entre sí. El de River rápido se dio cuenta de que tenía que hacer algo para encontrar los caminos ofensivos y no dudó en tirarse hacia los costados para tener más tiempo la pelota. Ahí sí, el equipo mejoró.
Fue justamente Cavenaghi, de pelota parada, el que abrió el camino. El árbitro cobró un tiro libre en el vértice del área y el nueve le dio bajo, al palo del arquero. La pelota entró mansamente y la diferencia, al menos en los minutos posteriores, tranquilizó al equipo argentino.
Pero Egipto, muy seguro de su fútbol y empujado por muchos hinchas en las tribunas, siguió aferrado a su receta mágica de tocar corto y hacia adelante. Tuvo chances de empatar, pero todos los caminos al entretiempo conducían hacia la victoria parcial argentina. Error. Porque llegó una pelota difícil al área, los centrales argentinos tardaron en reaccionar, Barbosa salió a corta como pudo y el rebote le quedó a Metwaly, que definió sin problemas. Uno a uno y cuarenta y cinco minutos por delante.
Todos, sinceramente todos, estaban esperando la reacción de Argentina. Pero los minutos empezaron a pasar y nada. El partido, es cierto, se hizo malo, porque los egipcios se quedaron sin piernas y el empate les caía más que bien. Lo preocupante fue la actitud de Argentina, que además de jugar muy mal, le faltó actitud para ir a revertir una historia complicada. El 1 a 1 conducía al alargue y Argentina hizo poco y nada para impedirlo. Un dato, apenas: sólo se registra como situación clara una entrada solitaria de Herrera. Demasiado poco para un equipo con aspiración que, como si fuera poco, es el campeón del mundo.
Lo cierto es que el empate condujo al alargue. , entonces.
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