ARGENTINA GRITÓ UNA VICTORIA JUSTA QUE DEBIÓ SER MÁS FÁCIL
La mirada oscura, la pesimista, podría enfocar la cuestión haciendo hincapié en los dos goles de Venezuela, que nunca hasta anoche había convertido siquiera uno en la Argentina. Pero la Selección ganó. Y fue justa la victoria. Y no es un mérito menor haber terminado el año como líder de las Eliminatorias después de esa crisis interna que destapó el portazo de Marcelo Bielsa.
En este marco, el seleccionado nacional está atravesando un período de transición en cuanto a su identidad futbolera. El vértigo y la presión constante de otros tiempos ahora son reemplazados por un juego que requiere un proceso de mayor elaboración. La intención es ésa. Y desde que asumió Pekerman en general, como anoche en particular, Argentina tuvo momentos lúcidos. Y de los otros…
Ya había perdido Brasil en Quito, más temprano, y en el arranque nomás Argentina gritó a rey muerto, rey puesto: Riquelme despachó un tiro libre cerrado, desde la izquierda, y José Manuel Rey —apurado por ganarle en el salto a Figueroa— cabeceó la pelota hacia el fondo de su propio arco. Se le allanaba el camino al equipo de José, desde luego.
De este modo, con el partido ganado en el resultado, Argentina pretendió construir méritos desde el funcionamiento. Y lo hizo con paciencia, sin desesperarse. Así, entonces, se dedicó a elaborar juego para distraer, para mover a esta Venezuela que llegó al Monumental en el mejor momento de su historia.
La idea, entonces, era distraer y luego progresar hasta la zona de definición. Pero aquello que comenzó siendo una virtud, se fue transformando en una marcha exageradamente lenta. Se percibía una postura parada en las antípodas de aquella búsqueda furiosa de los tiempos de Bielsa. En este contexto, el desequilibrio se encendía sólo por obra y gracia de Román. Las intenciones eran saludables, claro. Pero las llegadas netas de riesgo, si bien nacían en la mente de Argentina, se producían esencialmente por las limitaciones de Venezuela en el fondo.
Por eso eran sucios los arribos hasta Dudamel, que de todos modos debió revolcarse varias veces para evitar el segundo. No emergía con nitidez un socio para Riquelme. Y Riquelme, con espacios, sin marcas a presión, cargaba con toda la mochila de la generación ofensiva. Incluso metía miedo a través de los tiros libres.
El triunfo estaba bien puesto pero no era convincente el rendimiento general. Zanetti se cerraba, Sorin no ganaba con lo hace habitualmente por el otro lado, y por adentro la Selección no atornillaba las marcas, sobre todo en torno a Juan Arango. Y en un error conceptual Argentina perdió la pelota. No llegó Gonzalo Rodríguez, no pudo Milito, y Arango convirtió el primer gol de la historia para Venezuela en suelo argentino, con caño al Pato Abbondanzieri incluido. Tuvo que frenar la angustia Riquelme con un estupendo tiro libre, justo antes de ir al descanso.
Aumentó Saviola -sucesor de Delgado- en el complemento y pareció partido liquidado. No fue así, al menos desde el resultado, porque Vielma, con la complicidad de Abbondanzieri, marcó el segundo gol visitante de tiro libre. Y acaso en esta cuestión habitó el mayor pecado de la Selección: no haber resuelto el asunto temprano. Argentina ganó y punto. A su nuevo perfil todavía le falta un golpe de horno.
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