ARGENTINA LOGRÓ UN PEDIDO PARA LA ONU
(De un enviado especial).- Cuando la primera dama Cristina Fernández terminó su exposición frente a los 14 jefes de Estado y sus respectivos acompañantes en la cumbre de gobiernos progresistas, y el canciller alemán Gerhard Schršder se levantó para felicitarla, se había completado para el matrimonio Kirchner una jornada tan excitante como exitosa desde el punto de vista político.
La Argentina había conseguido introducir en el documento final del cónclave la petición de que la comunidad internacional, léase la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pueda actuar sin violar la soberanía de los países en caso de comprobarse la pobreza extrema y la indigencia. Esto pone a la exclusión social en pie de igualdad con el genocidio y con la limpieza étnica.
La senadora Kirchner participó en la reunión como la acompañante de su esposo, el Presidente. A esos guías se los denomina sherpas en las reuniones de gobiernos progresistas. Sherpas son los guías nepaleses que asisten a los andinistas que intentan escalar el monte Himalaya.
Fiel a un estilo que cosechó y reivindica en cada reunión del Senado argentino, el discurso de la primera dama fue muy enérgico, según confió el vocero presidencial a los periodistas. Hizo eje en la comparación de los indicadores ambientales que surgen de los análisis entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo.
En medio de un impresionante operativo de seguridad, que incluye además de policías uniformados y de civil varios integrantes de la división perros y donde hay que mostrar el pasaporte y la credencial para trasladarse de un salón a otro, se desarrolló anoche el debate que arrojará la carta final de intención de la cumbre. La senadora Kirchner hizo su exposición luego de la cena y de la charla que su esposo tuvo con el premier británico y anfitrión, Tony Blair.
Además de haber escuchado la catarsis, como consideraron los concurrentes argentinos -según el vocero presidencial- al largo debate de los presidentes respecto de la posición que deben tener los países en casos como la decisión de los Estados Unidos de atacar Irak, sin el respaldo de la ONU.
Cristina Fernández tomó seis puntos para sostener su hipótesis de que hay dos agendas en el mundo, una americana y la otra europea. La mortalidad infantil, dijo, triplica en el Cono Sur a los países centrales. Siguió luego con el analfabetismo de adultos, que sextuplica los índices en los países subdesarrollados respecto de las potencias y con el Producto Bruto Interno (PBI) per cápita, que es seis veces mayor respecto del Cono Sur.
La brecha de distribución de ingresos (cuatro veces mayor en los países pobres), el índice de desempleo (también cuatro veces mayor en los países en vías de desarrollo) y la tasa de pobreza respecto del ingreso (tres veces superior en el Cono Sur) son los otros valores que tomó la senadora para construir su formulación en nombre de la Argentina. Logró su cometido.
Hoy, cuando los 14 jefes de Estados, entre los que se encuentran, entre otros, el sueco Goran Persson, la neocelandesa Helen Clark, el canadiense Jean Crétien y el polaco Alexander Kwasniewski, suscriban el documento, quedará asentada la posición del Gobierno junto con el eterno pedido de terminar con los subsidios agrícolas por parte de los países europeos.
Una formalidad que no hace más que ratificar cuál es el norte que se plantea la gestión que el presidente Kirchner inauguró hace menos de dos meses.
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