ARGENTINA PUSO DE RODILLAS A BRASIL
No voló Goycochea de un palo a otro. No estuvo Maradona emocionando con un arranque de los suyos. Tampoco hubo un Caniggia eludiendo al arquero y empujándola al arco vacío. No fue un Mundial… Esta vez fueron las manos perfectas de Wilfredo Caballero, un tiro libre-centro de Osmar Ferreyra y una peinada de Gonzalo Rodríguez. Todo en un Preolímpico… Sí, todo como en Italia 90. Otra vez 1 a 0 a Brasil después de ser dominado, después de sufrir. Todo para reforzar el espíritu de cara a los dos partidos definitorios que se vienen. Todo para sacar medio pasaje al gran sueño, a los Juegos de Atenas.
La Selección de Marcelo Bielsa supo anoche lo que es ser dominada por un rival, algo que no le había ocurrido a lo largo del torneo ni siquiera cuando jugó mal. Por algo el entrenador vivió el nacimiento de la noche a puro grito, desesperado por ordenar los desacoples que se originaban por la zona derecha de su equipo, desde el medio hacia atrás.
Es que Brasil explotó esa zona poblándola con inteligencia. Subía el marcador lateral Wendell, aprovechando que Delgado no podía frenarlo. Daniel Carvalho se recostaba a la espalda de Mascherano. Y ahí, atrás del 8 y adelante de Leandro Fernández, picaban Marcel o Robinho.
Argentina sufría sustos: 3 en los primeros 9 minutos surgidos todos en ese sector frágil. Entró Marcel, pero pateó alto. Robinho desbordó, la mandó al medio y Caballero atajó. Y Robinho cabeceó cruzado.
Tanto lastimaba por ese costado Brasil que Bielsa sacó antes de la media hora a Mascherano y puso a Clemente Rodríguez, una variante que produjo al menos alivio defensivo. Claro que el cambio no alcanzó para aportar frescura y sorpresa ofensiva.
Si bien hubo un zurdazo alto de Mariano González, una aparición de Clemente gambeteando al arquero y pateando afuera y un derechazo de Tevez que el arquero Gomes desvió, Brasil seguía creando las situaciones más claras. Carvalho tuvo dos posibilidades, una salvada por Caballero.
Todo porque Tevez seguía sin mostrar la chispa que lo hizo diferente en Boca. Todo porque Luis González se preocupaba por no perder de vista a Fabio Rochemback. Todo porque el Chelito Delgado no desbordaba y el Malevo Ferreyra estaba contenido. El único que insinuaba algo, aunque también muy poco, era Mariano González.
La trama del segundo tiempo agrandó la imagen de Wilfredo Caballero: se lució ante Diego, le ganó un mano a mano a Marcel y le quitó el gol a Robinho. También Marcel disparó solo, cruzado, afuera. La pelota era de Diego y de Carvalho. Argentina continuaba sin encontrarle la vuelta al partido y sólo preocupaba si alguna individualidad se iluminaba, como cuando César Delgado exigió a Gomes.
Bielsa, por otro lado, protestaba contra el árbitro, con razón, porque era muy meticuloso cobrando infracciones de Argentina y siendo algo permisivo con los brasileños. Claro que el técnico no sólo se quejó: intentó poniendo a Rosales por Delgado. Pero nada. Argentina no crecía. Parecía que era cuestión de resistir. Sólo de resistir. Hasta que a los 32, el centro de Ferreyra, la cabeza de Gonzalo Rodríguez peinándola y la locura. El milagro. Como en Italia 90. Con Argentina gozando. Con Brasil sufriendo.
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