ARGENTINA SUMÓ OTRA VICTORIA PARA ILUSIONARSE.
Fue un cierre exquisito, ideal para encarar la fase final con esperanza. Porque se encontró un goleador, porque quedó claro que los suplentes no desentonan, porque se marcaron cinco goles, porque Argentina es el equipo más goleador y el que menos goles recibió en el torneo… En fin, motivos suficientes para creer en esta selección que busca el pasaje al Mundial de Finlandia y recuperar la gloria sudamericana en esta categoría, en la cual no se obtiene un título desde 1985.
Fue tanta la diferencia entre unos y otros… Pareció uno de esos picados que en ocasiones suele verse en las plazas: el de un equipo de pibes que corre y juega en otra dimensión contra un grupo de veteranos cansados, más allá de sus habilidades de antaño. Y aunque en este caso los jugadores son de la misma categoría, los bolivianos ni siquiera mostraron dotes para hacer un papel serio.
Argentina no necesitó transpirar y a los seis minutos se puso en ventaja gracias al nuevo goleador del Sudamericano, Hernán Peirone. Cordobés de Valle del Rosario, potente, encarador, el delantero de San Lorenzo fue un sinónino de contundencia. Anoche metió cuatro goles (le había hecho otro a Paraguay) y está al tope de la tabla de artilleros.
Peirone comenzó temprano con su cosecha. Recibió un pase preciso de Lucas Biglia y aunque primero le pifió a la pelota, le dieron todo el tiempo del mundo para recuperarse y definir en el siguiente toque. Un minuto más tarde, metió un cabezazo que dejó sin chances a Poquiviquí. El tercero llegó cuando el reloj se acercaba a la media hora. Otra vez Peirone se encontró en soledad y gritó tras un nuevo pase de Biglia. El cuarto fue otro souvenir local: pelotazo de Garay, Durán se quedó dormido y Peirone, bien despierto, no perdonó. Cuatro goles en sólo cuarenta y cinco minutos.
Los Enanitos Verdes, aquel grupo de rock que surgió en la década del ochenta, podrían haberse inspirado en esta selección boliviana para escribir su “Lamento Boliviano”. Porque los jóvenes futbolistas locales dieron pena. El único que se salvó del incendio fue Gustavo Pinedo. Con apenas 15 años y una historia de película (es el hijo del canchero y vive debajo del estadio, además de ser cuidacoches), es veloz, gambetea y lastima. D’Alegre sufrió bastante con su despliegue y Lucas Sánchez le cometió la falta que se tradujo en penal.
Entonces, Mariano Arnulfo tuvo la oportunidad, la única al cabo, de demostrar sus condiciones. El arquero suplente se arrojó a la derecha y contuvo el tiro de Velasco. Fue la última chance de Bolivia. A esa altura perdía 2 a 0 y Peirone, dicho está, no iba a detener su hambre de gol.
Tocalli quiso hacer jugar a todos los pibes, por eso puso de entrada más cambios que los anunciados. Y en el segundo tiempo guardó a Peirone. ¿Lo dejará sentado en el banco durante la fase final? Debutaron Armenteros y Leandro Díaz. Faurlín, con un zurdazo, anotó el quinto a los catorce minutos. El resto de los minutos estuvo de más. Argentina sacó el pie del acelerador y Bolivia no supo qué hacer con la pelota. La cabeza ya estaba en Uruguay, Colombia y Brasil, en el fútbol que se viene, en reencontrarse con la gloria.
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