ARGENTINA VENCIÓ A PUERTO RICO POR 80 A 85
Si contra Canadá los argentinos recuperaron el juego, anoche, ante Puerto Rico, se reencontraron con el fuego interior que les permitió llegar a la final del Mundial hace un año. Si bien es cierto que el triunfo por 85-80 sobre los locales terminó con acciones deslucidas por malas decisiones en momentos clave, los hombres de Magnano terminaron con el ánimo en alza porque sobrellevaron un encuentro adverso por la presión del público y por un arbitraje que muchas veces lo perjudicó. Así se encara la segunda etapa, que comenzará hoy, con grandes posibilidades de llegar a la definición.
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Tardó en acomodarse en defensa la Argentina. Le costó tomar rebotes ofensivos y Puerto Rico protegió muy bien su aro con la marca zonal. Encima faltó precisión en la la resolución de varias ofensivas, por lo que los locales, con un buen rendimiento de Carlos Arroyo, llegaron a sacar ocho puntos de ventaja (24-16) a los 20 segundos del segundo cuarto.
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Pero la Argentina empezó a trabajar su defensa con mucho sacrificio. Se destacó el cuidado sobre Piculín Ortiz, que recibió tres tapas que lo desmoralizaron (dos de Wolkowyski y una de Oberto). Al final se ganaron los rubros estadísticos en robos (9 sobre 5) y en tapas (9 a 0).
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A partir del arranque del segundo cuarto, los argentinos establecieron un parcial de 21-4 en poco más de ocho minutos y pasaron a ganar por 37 a 28. La recuperación se dio gracias a los robos y algunas torpezas de los locales, que se quedaron sin variantes cuando no pudieron jugar el contraataque.
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Si bien el rival se mantuvo en juego con la alta eficacia de Santiago en el juego interno (6 de 8 dobles), la ofensiva argentina se hizo fluida y ganó confianza. Y aparecieron los triples: el equipo de Magnano convirtió 13 de 25 en el primer tiempo, incluido uno formidable de Fernández para cerrar el primer tiempo con la máxima ventaja de doce puntos(44-32).
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Mantuvo su superioridad la Argentina en el tercer cuarto siempre con un excelente porcentaje en triples. Los que se destacaron fueron Montecchia (3 de 5), Fernández (3 de 4) y Wolkowyski (4 de 7). Y el triunfo también era en las plateas, porque las 9000 personas que colmaron el estadio no podían ensayar una reacción, siempre detenidas por la regularidad ofensiva de los visitantes. Los hinchas argentinos, gritaron como nunca y apoyaron pese a ser muchos menos.
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La diferencia llegó a ser de 16 puntos (a los 6 minutos del tercer cuarto), pero cinco pérdidas en el último minuto y medio, más varios fallos pésimos de los jueces (especialmente del lituano Romualdas Brazauskas), permitieron la reacción de los locales, que se apoyaron, como siempre, en los tiros de tres puntos y en el permisivo arbitraje que permitó un roce físico por momentos violento. Del tranquilizador 83-70, se pasó a un preocupante 83-80. Pero el enorme corazón del equipo hizo que fuera posible resistir una situación tan compleja.
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Dos victorias más en la segunda rueda, dejarán al equipo casi en semifinales. Una realidad cada vez más alentadora y con el sueño olímpico intacto.
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