ARGENTINA Y BRASIL INTENTAN CERRAR HERIDAS A TRAVÉS DE LAS FIRMAS DE CONVENIOS
Argentina es un socio incómodo, poco confortable, pero no caprichoso”. Así definió ayer el canciller Rafael Bielsa la relación societaria con Brasil: Y cuando el gobierno argentino demanda es “por necesidades de su pueblo y no por arbitrario”, subrayó el ministro. El ministro describió ante Clarín después de una reunión con su colega Celso Amorim en Brasilia, que el clima fue de “trabajo y más trabajo”. Y abundó: “Si le tuviera que pintar la escena, discutimos sobre papeles, con las camisas arremangadas y los cafés enfrente nuestro”. Como broche de esta visita oficial, Bielsa fue recibido por el presidente Lula da Silva, en el Palacio del Planalto.
Los dos cancilleres firmaron un “acuerdo de Brasilia” que impone un programa de trabajo acelerado, con reuniones de “alto nivel político y técnico” cada 15 días. Fijaron el 29 de noviembre como fecha límite para firmar varios protocolos “con anclajes en cosas concretas”. Se trata de convenios bilaterales en tres grandes áreas: energía, obras físicas e industria y comercio. Por ahora, no suben al carro ni a Paraguay ni a Uruguay (los socios chicos del Mercosur). Tal vez sea por aquello que dijo Amorim: “Un Mercosur fuerte depende de una relación sólidas y estrecha entre Brasil y Argentina”. El canciller brasileño se entusiasmó: “El sustrato de esta reunión es que entre Argentina y Brasil no caben las rivalidades”.
En la delegación argentina dijeron a Clarín que detectaron, por primera vez, un cambio de actitud en el gobierno brasileño. “Nosotros tomamos la iniciativa de traer una propuesta concreta que define temas y fija un cronograma de trabajo para resolverlos. Y ellos se mostraron muy receptivos”. También se esmeraron en señalar que el proyecto de llegar a noviembre con convenios a firmar no excluye la discusión de medidas comerciales. En síntesis, se mantienen las iniciativas argentinas que pretenden negociar mecanismos para evitar desequilibrios comerciales con Brasil, tanto en el corto como en el largo plazo. “Esto se va a seguir discutiendo” admitió Amorín.
También confirmó que ya le llegó un documento escrito que le envió Roberto Lavagna: contiene un nuevo diseño de mecanismos destinados a saldar los problemas generados en las asimetrías entre los dos países (es decir, eventuales excesos de importaciones de bienes brasileños que perjudican el despegue de la industria argentina y la radicación de inversiones en el país).
Amorim informó que le había pasado el documento a sus colegas de Hacienda, Antonio Palocci y de Industria, Luiz Fernando Furlán.
En tanto, Bielsa y Amorim se comprometieron, además, a presidir en conjunto reuniones empresariales, de argentinos y brasileños, que apunten a la integración de sectores productivos. Hablaron específicamente del área nuclear y de la actividad aeroespacial, donde se buscará montar una “sociedad industrial conjunta” al estilo de los emprendimientos europeos. “Es un proyecto que puede avanzar rápido ya que son sectores donde el Estado tiene mucho peso”, argumentó Amorim.
Ayer por la mañana, los cancilleres discutieron el problema del gas que proviene de Bolivia. Lo que preocupa a la Argentina es que ese insumo, provisto por una subsidiaria boliviana de la estatal brasileña Petrobras, llega a precios mayores al mercado nacional de lo que se paga en el mercado brasileño.
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