ARGENTINOS SE AGRANDÓ CONTRA OTRO GRANDE
En el estadio Diego Armando Maradona, los grandes caen, se inhiben, pierden. Desde que la cancha de Argentinos, en La Paternal, tiene ese nombre pasaron San Lorenzo, Boca e Independiente y se fueron sin nada y sin goles convertidos. Anoche, ante el equipo de Daniel Bertoni ganó 3-0 con solidez, con justicia y con dos golazos.
No fue, de todos modos, un partido de gran juego, propio de ese paladar negro que cobijaron por años los hinchas de ambos clubes. Hubo lucha, precauciones repetidas, más sacrificados que creativos, más despliegue que pausa pensante. De todos modos, el desarrollo tuvo velocidad, intensidad, destellos de lucidez y dos goles brillantes.
Fue apenas más incisivo Argentinos en el primer tiempo. Pero sólo por detalles. Un poco por su voluntad inicial de ir a buscar y otro tanto por la capacidad de su volante central Claudio Marini para imponerse en la lucha del mediocampo. Apenas eso, claro. Y por el gol, también. A los 17, con el partido en estado neutro, llegó un córner de Leonardo Pisculichi desde la derecha, cabeceó Leandro Fleitas y, ante una defensa y un arquero estáticos, el defensor de Argentinos convirtió su primer gol en la A. Lo que vino después fue más de lo mismo, pero con los roles parcialmente invertidos por una cuestión de necesidad: Independiente tuvo que salir a buscar.
Y cuando al equipo de Daniel Bertoni le toca asumir ese rol, sobre todo fuera de Avellaneda, no le resulta sencillo. Va y le cuesta, choca, no brotan las ideas… Y bastante de eso le pasó anoche en La Paternal. Trató con el dúo de ataque compuesto por Jairo Castillo y José Flores, con alguna aparición de Insúa, pero no… Nunca tuvo profundidad. Y así cuando intentó, fracasó.
Y terminó padeciendo a ese Argentinos que, aun sin brillos, fue un equipo convencido, firme, bicho. Así se puso en ventaja, sostuvo al Independiente que se venía, lo liquidó con un zurdazo del sorprendente Fleitas y se dedicó a coquetear con la goleada y casi a bailarlo.
Del otro lado, el Independiente que no tenía ideas mostraba su peor cara: la de un equipo preso de su nerviosismo. El tumulto colectivo con los jugadores de Argentinos que derivó en las expulsiones de Juan Eluchans y Carlos Galván y la roja para Fernando Lorefice fueron el testimonio de ese Independiente impotente.
Y en ese contexto llegó el golazo de Ariel Seltzer desde la casa y la fiesta. Tres a cero. El promedio que en La Paternal ya no es un estigma. La certeza de que el futuro tiene garantías con este semillero. Enfrente quedaba ese Independiente vacío. Por algo Bertoni dijo: “Este es el peor momento del equipo, estoy preocupado y amargado. Nunca antes habíamos perdido dos partidos seguidos. Tengo que hablar con todos para ver qué pasa”.
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