ARIEL STRAJMAN REVIVIÓ SU PESADILLA: "QUISIERA PENA DE MUERTE EJECUTADA POR MÍ"
Ariel Strajman, el joven que estuvo secuestrado y sufrió la amputación de uno de sus dedos, tuvo hoy una dura respuesta sobre la pena que le correspondería a sus captores, que demuestra la indignación y el dolor que aún lo envuelven. “Quisiera pena de muerte ejecutada por mí”, afirmó. Momentos antes había revivido la pesadilla sufrida durante su cautiverio y había reconocido a Diego Sibio como uno de sus captores.
Al término de la audiencia, cuando uno de los periodistas le preguntó si “se haría justicia” aplicándole una pena de 37 años de cárcel a los delincuentes como pidieron sus abogados, Strajman respondió: “Es la máxima que podemos pedir, pero yo pediría pena de muerte ejecutada por mí, o tres millones o diez millones de años”.
El joven afirmó que el episodio le “arruinó la vida”. Y agregó, en referencia a la particularidad de este caso, que “según el fallo que tenga este juicio va a servir como precedente de lo que venga después, tiene que ser ejemplar”.
Strajman reconoció además que “desde hace rato” tiene miedo al salir a la calle, pero aclaró que “la inseguridad es para mí y para todos”.
Durante la tercera audiencia del juicio, Strajman afirmó estar convencido de que su secuestro fue planeado en detalle, y reveló que estuvo cautivo en tres lugares distintos, donde era sometido a torturas físicas y psicológicas. Aseguró que fue quemado en varias oportunidades con la llama de un encendedor, que en una ocasión fue recluido en un sótano con los ojos vendados, y que fue expuesto a constantes amenazas de daños o muerte.
El joven, quien por primera vez declara en el juicio, describió que uno de los captores le dijo: “Dame la mano que te vamos a cortar un dedo”, cosa que efectivamente hizo mientras otros cuatro lo sujetaban, cada uno de una extremidad distinta, y le colocaban un trapo a modo de mordaza que le tapaba la boca.
La víctima relató en detalle cómo fue el momento macabro. Afirmó que lo amputaron sin anestesia y recordó que le adormecieron la mano con golpes que le dieron con una “maza” y que luego usaron una “pinza o tenaza” para cortarle el meñique.
Pero más allá de ese macabro episodio, Strajman describió otros malos tratos, entre ellos haber permanecido encerrado en un sótano con los ojos tapados mientras lo amenazaban con “inyectarlo” con sustancias desconocidas, y haber sido quemado con la llama de encendedores.
Strajman ratificó todos sus relatos aportados durante la etapa de instrucción, especialmente los vinculados con el odio racial. “Judío hijo de puta, vos y tu viejo son dos ratas. Ahora vas a saber lo que sentían en el Holocausto”, relató la víctima que le gritaba uno de los secuestradores mientras le quemaban el cuerpo con un encendedor y le colocaban trozos de jamón en la boca. Además, afirmó que lo amenazaron con grabarle una cruz esvástica “en la frente”.
Cuando el tribunal oral federal número uno pidió a los acusados que se pusieran de pie, Strajman señaló a Sibio -uno de los nueve imputados de la “banda de los patovicas”- y lo incriminó como uno de los que lo secuestraron en octubre de 2002.
El matrimonio Somaruga, dos de los nueve imputados, se retiró de la sala de audiencias antes que comenzara el relato de Strajman argumentando problemas de salud. Sibio, reconocido como uno de los secuestradores, es medio hermano de los hijos de los Somaruga.
Strajman, hijo de un comerciante del oro, fue secuestrado el 15 de octubre de 2002 en el barrio porteño de Villa Urquiza y liberado tres días después en Pilar. Lo que más impactó de este caso fue la amputación de su dedo para pedir más dinero de rescate a su familia, tras un primer cobro de 2.000 dólares.
Cuando la familia recibió una caja con el dedo adentro, había una nota que decía: “Les mandamos un regalito y si no pagan, luego va la mano y el cuerpo cortado en pedacitos”. Tras este episodio, denunciaron el secuestro a la Policía y los investigadores dieron con la banda.
De los nueve acusados, cinco pertenecen a una misma familia. Son Juan Sommaruga (70), su mujer María Esther Gottig (57), sus hijos Adrián (33) y Pablo Sommaruga (24), y Diego Sibio (26), hijo de Gottig con otra pareja. Los restantes acusados son Claudio Abeiro (32), Diego Ferreyra (35), Osvaldo Keroa (27) y Nicolás Barlaro (30).
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