ARRIBÓ A BUENOS AIRES EL JEFE DEL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL
El presidente Néstor Kirchner, quien esta noche comerá con Köhler en la primera jornada de la crucial visita de un día y medio del funcionario alemán, pretende exhibir firmeza para negociar una quita en la deuda con los acreedores privados, un período de gracia con los organismos de crédito y la revisión de los contratos de las empresas privatizadas, entre otros ejes.
El mensaje oficial consistirá en destacar que el Gobierno quiere “un acuerdo de mediano plazo”, con reformas estructurales, pero “sin la soga al cuello”. En el ala política del Poder Ejecutivo se señala que sería mejor esperar que pasara el calendario electoral previsto para el resto del año antes de firmar un programa de largo alcance.
En cambio, el ministro de Economía, Roberto Lavagna, que hoy almorzará con el jefe del FMI, ratificará que “hay tiempo” para negociar un programa de fondo antes del fin del acuerdo corto que vence a fines de agosto.
Köhler, que ayer estuvo en Montevideo, llegará acompañado por su esposa y por el jefe del Hemisferio Occidental del FMI, Anoop Singh. También se encontrará con empresarios y organizaciones sociales.
KIRCHNER RECIBE A KÖHLER CON UNA POSICIÓN DE FIRMEZA
Insistirá en que el país requiere fortaleza antes de volver a normalizar el pago de la deuda .
Apenas se esfume el rigor del protocolo, el presidente Néstor Kirchner mostrará esta noche al jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Horst Köhler, que llega al país hoy por la mañana, su estilo crudo para negociar. Kirchner confía en dejar claro al menos un concepto que considera central en la relación entre la Argentina y los organismos de crédito: sin sustentabilidad interna, el país jamás será confiable para sus acreedores.
Un duro como Köhler no necesita traducción para esas palabras. El pedido inicial del nuevo gobierno será otra postergación de los vencimientos de deuda con los organismos, con la promesa de afianzar en el corto plazo las posibilidades de crecimiento económico, la calidad institucional y la seguridad jurídica.
Kirchner y Köhler se conocerán durante una cena en Olivos. Mañana habrá una reunión de trabajo ampliada, de la que participarán el ministro de Economía, Roberto Lavagna, casi todo su equipo de colaboradores y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
A simple vista, el jefe del Fondo chocará con el reclamo de tiempo que escuchó decenas de veces durante el gobierno de Eduardo Duhalde. Pero esta vez, según fuentes de la Casa Rosada, se dará una clara señal del rumbo político y económico que seguirá la Argentina.
“No va a ser una simple formalidad. Queremos que sepa desde el principio con quién va a negociar”, anticipó uno de los ministros políticos del Gobierno, en referencia a la costumbre de Kirchner de exponer con poca diplomacia cuáles son sus aspiraciones a la hora de discutir.
Entre septiembre y enero próximos, la Argentina debería pagar más de 10.000 millones de dólares a los organismos multilaterales de crédito, casi tanto como las reservas que hoy tiene el Banco Central.
“Perseguimos un acuerdo de largo plazo y pensamos encarar reformas estructurales, pero no podemos hacerlo con la soga al cuello”, sostuvo la fuente.
Aflojar esa soga implica primero que se renueven los gobiernos provinciales y que asuman los legisladores surgidos del proceso electoral que acaba en noviembre. También requiere que dé frutos la embestida contra la Corte Suprema. Kirchner prevé dedicar un capítulo de su charla con Köhler a explicar esa jugada. “La seguridad jurídica será una fantasía si la cabeza del Poder Judicial sigue marcada por el desprestigio”, suele afirmar.
En ese sentido, intentará tranquilizar a Köhler respecto de la posibilidad de que la Corte redolarice los depósitos bancarios, una reiterada preocupación del FMI.
Y reafirmará la posición sobre las tarifas de servicios: no habrá aumentos inminentes y se revisarán los contratos.
Primera impresión
Exhibir firmeza para negociar y convicción en los objetivos (sobre todo políticos) ya es bastante, considera Kirchner, para una reunión de “presentación”. El FMI aclaró que la visita de Köhler no significa el inicio de negociación alguna. Los lineamientos del plan de Kirchner con los organismos de crédito ya quedaron expuestos durante la reunión con el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, hace dos semanas.
El Presidente dijo en aquella oportunidad que la Argentina necesita una reprogramación de su deuda multilateral atada al crecimiento de la economía y al superávit primario.
En la agenda del Gobierno figura primero la necesidad de ordenar la renegociación de la deuda privada en default (más de 100.000 millones de dólares), antes de acordar un programa con el FMI. Para eso, se requeriría otro plazo de gracia para las obligaciones multilaterales.
El acuerdo de largo plazo con el que sueña Kirchner incluye una lista de reformas estructurales que deberían cumplirse en forma escalonada entre enero de 2004 y el final de su mandato. No va a comprometerse, remarcó, a sacar una nueva ley de coparticipación federal en dos meses o a bajar abruptamente el gasto público de un día para el otro. Sí tiene en mente exhibir a Köhler que la austeridad en materia de gasto será prioritaria, siempre que no se afecte el presupuesto social.
Como ejemplo de su forma de pensar el poder, Kirchner aceleró la puesta en marcha del paquete antievasión: antes de promover una reforma impositiva busca que exista un sistema claro de premios y castigos para quienes deben pagar. “La política arrastra a la economía”, enfatizó ante sus visitas extranjeras.
Seguramente es lo que escuchará hoy Köhler en algún momento de una reunión que Kirchner hubiera preferido agendar para otro momento, cuando tuviese más despejados los frentes internos.
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