ARSLANIÁN ASUMIÓ Y APUNTÓ A LA CORRUPCIÓN EN LA BONAERENSE
Igual que en una vieja foto. Como el 13 de abril —pero de 1998— cuando asumió ese mismo cargo, León Carlos Arslanián advirtió que “uno de los problemas más graves” de la Policía “es la corrupción”. Algo que asoció al “desquiciamiento moral” de la última dictadura militar, ante “la ausencia de controles”.
Desde ayer es el ministro de Seguridad de una provincia que él mismo definió como “cautiva de la ola de violencia” y comprometió su gestión en erradicar la “promiscuidad” entre policías y delincuentes en las comisarías.
Arslanián reconoció que la “crispación social”, por la falta de respuesta institucional ante la violencia criminal, también responde a la “connivencia política” con los policías corruptos.
En su discurso, el gobernador Felipe Solá coincidió con él: “El pueblo denuncia la corrupción y la ineficiencia policial con la misma fuerza que denuncia a la Justicia, el servicio penitenciario y la dirigencia política”.
Ambos tienen un margen apretado para demostrar la efectividad del plan de seguridad. Ese condicionamiento evitó el uso excesivo de dialéctica. Arslanián fue al grano y anunció numerosas medidas, muchas de ellas, ya conocidas desde hace unos días, como la creación de una nueva Policía para el conurbano. El ex camarista anticipó, además, que el virtual jefe de la Policía será un civil (coordinador general de Seguridad).
No le faltó cautela: dijo que pretende una “profunda reestructuración” de la Bonaerense “sobre la base de una cuidadosa depuración” para “discriminar” entre “excelentes” y “malos” policías.
Arslanián abandonará temporalmente la atención de uno de los estudios jurídicos más importantes de la Capital Federal. Defiende su reforma policial, de la misma forma que su defensa en Tribunales de los ex interventores del PAMI, Víctor Alderete y Matilde Menéndez. Arslanián fue el presidente de la Cámara Federal que juzgó a la juntas militares y ejerció, luego, el Ministerio de Justicia de Carlos Menem, quien firmó los indultos.
Por su lado, Solá aprovechó ayer la tribuna pública que se le presentaba para condenar la política de “golpes de efecto” que tuvo como destinatario el pasaje de Carlos Ruckauf por la Gobernación. Omitió decir que él era el vice. Ruckauf no tardó en responderle.
El Gobierno nacional también cimbra con el conurbano. La última movilización por el caso de Axel Blumberg llegó hasta Plaza de Mayo. De allí, la presencia, ayer, en La Plata del ministro de Justicia, Gustavo Beliz.
El Gobierno nacional comprometió la asistencia logística de las Fuerzas Armadas para la represión del delito en el Gran Buenos Aires. Ya funcionan con tareas coordinadas 1.500 gendarmes y prefectos en tareas de disuasión. Solá agradeció “el apoyo del Presidente de la Nación”. En estas horas parecen haber desaparecido las susceptibilidades entre miembros del Gabinete nacional y la provincia. La controversia surgió a partir de la demanda de un fondo especial para el conurbano que realizó el gobernador. El lunes, Kirchner estimuló el viaje del ministro de Defensa, José Pampuro, a La Plata para la firma de un convenio de “complementariedad” entre las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Arslanián. En una semana anunciaría el Plan Federal que incluye el abordaje del conurbano. Arslanián adelantó que en esos 31 distritos habrá una nueva Policía que será “funcional” con las fuerzas federales.
Anoche, el flamante ministro permanecía reunido con la plana mayor de la Policía provincial para analizar el diagrama operacional de sus cuarenta y cinco mil efectivos. Con la ventana del Paseo del Bosque entornada, el ministro volvió a recitar a los oficiales su frase favorita.”Quiero ser franco, aun a riesgo de quebrar una ilusión: la situación no va a cambiar de la noche a la mañana pero sería un logro si consiguiéramos que empiece a cambiar a partir de mañana”.
Este contenido no está abierto a comentarios

