ARSLANIAN: “LA POLICÍA CAMBIA AHORA O NUNCA”
Jura que no es soberbia. Habla de un sendero, el que él transita, como el único posible para salir de la inseguridad que afecta a la provincia de Buenos Aires. “El que pretenda plantear esto en otros términos, se equivoca, porque si no la corrupción policial se recicla”, dice León Carlos Arslanián. A la Bonaerense se la cambia ahora o nunca”.
El ministro de Seguridad bonaerense cumple seis meses en este despacho de techos altos y tapizados de cuero verde. Asumió en abril, un martes 13 (“no soy supersticioso”, dirá). En una hora fumará cinco cigarrillos, que prenderá con uno de los diez encendedores que tiene parados sobre el escritorio, en un exhibidor de quiosco. Hay un viejo reloj de péndulo. Aquí adentro, el tiempo vuela: “No hay más tiempo para vacilaciones”, insiste.
Arslanián se sienta a la cabecera de una mesa de reuniones, lejos del retrato del gobernador Felipe Solá que se ve en una pared. Se enoja cuando se le pregunta si discutió con él por su escapada de fin de semana a un spa. “Yo no voy a cambiar mi vida. Y si alguien entiende que es incompatible, el gobernador o quien fuere, y me tuviese que ir, me iré. Pero yo no adultero nada”, afirma.
Según Arslanián, hay una campaña en su contra porque encaró una purga a fondo.
—¿Esa purga debió hacerse mucho antes?
—Por supuesto. En la medida en que no hubo decisiones políticas oportunas y se dejó aislada a la Policía con un sistema de organización pésimo, centralizado, macrocefálico y con total ausencia de control, la institución se fue descomponiendo. El punto culminante de este proceso fue la Policía de Camps, la del proceso militar. Yo creo que la democracia no se hizo cargo de esto. Y la idea de negociar con una Policía corrompida, la idea de no tocar nichos de corrupción por temor a que generen un problema de inseguridad, ha sido letal.
—¿Hay acuerdos a nivel municipal entre políticos y policías para dejarlos delinquir?
—Que pueda haber responsabilidades en segmentos políticos de ninguna manera lo descarto. O por lo menos, no ha habido el grado necesario de contribución para desarticular ese entramado.
—¿Usted cree que no todos los intendentes están a fondo con este tema?
—Efectivamente, creo que no todos los intendentes van a fondo.
—¿Hay una regulación policial del delito?
—Lo que ha existido tradicionalmente es condescendencia para la recaudación policial de las actividades provenientes del juego y la prostitución. Esta actitud forma parte del proceso de degradación y descomposición policial, porque terminó convirtiéndose en sistémica: pasó a incorporarse a la práctica de la institución. Así abrimos la puerta para la presencia policial en hechos como secuestros o piratería del asfalto.
—¿Hay muchos casos?
—Sobran ejemplos. Sobran. Debemos ser capaces de una vez por todas de dar batalla contra esto. Hay que revisar el proceso de organización policial. Para evitar eso empecé el proceso de descentralización, que es fundamental. O descentralizamos, o no podemos gobernar esta institución, no la podemos manejar. Tenemos que llegar a que la descentralización llegue a lo municipal.
—¿El Gobierno está atado al resultado de su gestión?
—No sé si está atado al éxito de mi gestión. En realidad, creo que está atado a la necesidad de producir cambios en esta área, que los podré hacer yo o los hará cualquiera, siempre y cuando tenga el grado de resolución, decisión y convicción que tengo yo. Y un programa consistente para evitar que este fenómeno de la corrupción se recicle. Creo que hay que ir con el bisturí a fondo. A la Bonaerense se la cambia ahora o nunca. Quien quiera cambiar la institución policial, hacerla creíble, querible y confiable, debe transitar por el sendero que estoy transitando yo…
—Le van a decir soberbio…
—No lo soy. Los fenómenos de corrupción policial se ven a diario. ¿Hay alguien decente, con dos dedos de frente y sentido de la responsabilidad, que dude de la necesidad de hacer una depuración a fondo? Estoy haciendo una apelación al sentido común. No va a haber seguridad en la provincia de Buenos Aires con un cuerpo policial infectado. Recién con el cuerpo saneado y curado podremos dar seguridad.
—Si no se soluciona este problema a fondo, ¿se podría ver afectada la gobernabilidad?
(Arslanián se queda en silencio, meditando. Se acomoda la corbata a rayas que hace juego con el pañuelo. Toma agua…)
—Sí, puede llegar en el fondo a afectar la gobernabilidad… Si el Gobierno no da las respuestas apropiadas a este fenómeno de delincuencia, por supuesto que vamos a atravesar una crisis severa. Pero la decisión de Solá de llevar adelante este proceso de purga y reforma está en línea con la demanda popular.
—¿Siente respaldo de Solá?
—Totalmente…
—Se dijo que el gobernador había discutido con usted por ir al spa de Punta del Este…
—Eso es una patraña de un grupo periodístico de derecha. Yo fui a descansar un fin de semana porque lo merezco. Trabajo 18, 20 horas por día… Sufro la tensión de la demanda popular para que las cosas se solucionen, siento las presiones internas por las decisiones duras que tomo respecto al personal policial. Entonces, ¿por qué no me voy a merecer un fin de semana de descanso?
—¿Qué ocurre cuando se entera de un nuevo secuestro?
—La Policía tiene la orden de avisarme inmediatamente. Lo primero es tratar de contactarme con la familia. Es un momento terriblemente difícil… algunas noches ni duermo…
—¿Cuál es el mejor modo de actuar? ¿Cortarlo o esperar que liberen a la víctima?
—La responsabilidad es del fiscal, pero nosotros creemos que el corte del pago, cuando las condiciones lo permiten, es legítimo.
—¿Así no se pone en riesgo la vida de la víctima?
—Hay que evaluar las características de cada caso, pero yo creo que los delincuentes no quieren incrementar su responsabilidad. Cuando ven frustrada la posibilidad de éxito, huyen.
—¿Qué opina de una ley que prohíba pagar los rescates, como hay en Colombia?
—No me parece bien. El riesgo es que se desalienten las denuncias y que las familias opten por hacer acuerdos por su cuenta. Y con esto el problema se agrava… La clave en todos los casos es denunciar el hecho.
—Pero con las sospechas de participación policial, ¿no es una contradicción esperar que la gente vaya a la Policía a hacer la denuncia?
—También hay otras formas de involucrarse. Y la mayoría de los vecinos saben dónde están los buenos policías y dónde están los malos, o los más renuentes a tomarles la denuncia….
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