Artesano de palabras, habitante de puertos y ciudades
Viejos edificios, calles, casonas, bares y esquinas. Todos se develan en las palabras de Elvio Gandolfo cuando alude a las distintas ciudades que transitó y habitó. Nacido en San Rafael (Mendoza), sus recuerdos de “ciudad natal” provienen de Rosario, donde se inició en el oficio de escribir y, como un artesano de palabras y libros, supo de imprentas e impresiones. Más tarde, llegaría a la capital uruguaya y a Buenos Aires. Y entre esos puertos construiría un prolífico derrotero de cuentos, poesías y artículos periodísticos. Días atrás visitó Santa Fe para participar del VI Argentino de Literatura. Organizado por la UNL, el encuentro culminó el viernes 20 de agosto con un panel dedicado a “Las ciudades y la escritura”, del que Gandolfo fue parte junto a Sergio Chejfec y Nicolás Peyceré.
Cordial, el autor de “Caminando alrededor”, “Boomerang” y “Ferrocarriles argentinos”, evoca que su padre (Francisco) “era tipógrafo”. “Trabajó muchos años en una imprenta y, poco a poco, construyó su propio taller. Con esa facilidad, yo había hecho un par de pequeños periódicos y tenía la inquietud, leía cosas, las copiaba a máquina y las encuadernaba. A su vez, mi viejo terminó la secundaria de grande, cerca de cuando yo mismo la hice. En vez de ser el padre que le da al hijo el conocimiento, lo descubrimos juntos. Toda la literatura moderna la descubrimos juntos en la imprenta”.
Esa sociedad filial le daría forma a una mítica publicación literaria que se editó entre los ’60 y los ’70. Se trató de El lagrimal trifurca. “Tuvo una virtud: tener la imprenta. Era bastante larga, una mezcla de libro y revista –define-. Arrancó con 60 y pico de páginas. Traía cuentos, poemas, notas… Llamaba la atención, incluso en el contexto de la época que era mucho más revistero que el actual”.
Un tipo esencial
Santa Fe cobra un valor singular para Gandolfo en el nombre de otro escritor. Admirador y contemporáneo de Juan José Saer, reflexiona que la “la última novela (“La grande”) que quedó inconclusa, me parece una de las mejores. Justamente, porque quedó inconclusa. Una característica a la que le doy mucha importancia es que había una imagen de él hacia la academia, que lo habló mucho; y otra como escritor. Él, como escritor, cambió permanentemente. Tenía un estilo, pero cada uno de los proyectos es distinto. ‘Glosa’, ‘Nadie, nada, nunca’, cada uno de esos textos no tiene que ver con el resto. Hay una continuidad, pero siempre abre perspectiva. Además, como tiene que ser en toda obra compleja, tiene libros fracasados. ‘Las nubes’, ‘La pesquisa’, honestamente, no me engancharon. Me gusta que no sea un monolito terminado. Me parece un tipo esencial. Siempre lo vi inquieto en la búsqueda, y con una solidez esencial personal que irrita a mucha gente, pero hacía lo que quería”.
Mundos urbanos
Al momento de analizar el vínculo entre los mundos urbanos y su obra, el poeta apunta que “entra de una manera extraña”. “Por ejemplo, en ‘Caminando alrededor’ aparece un edificio de Rosario. A su vez, el departamento donde vive el protagonista es, en realidad, el departamento de un escritor amigo de Montevideo donde viví unos meses. Por eso digo que se dan montajes”. En ese proceso no están exentos “el Londres de Sherlock Holmes y ‘Doctor Jekyll y Mister Hyde’”. Y ahora, “por fin, estoy escribiendo sobre Montevideo”, anuncia.
A propósito, la otra orilla del Río de la Plata ha dejado una huella particular en la producción y la vida de Gandolfo. “Fue un contacto muy fuerte que surgió con la revista ‘Los huevos del Plata’, que dirigía Clemente Padín. Me invitó a ir, el 24 de diciembre del ’68. Estuve unos días y me sonó que era mi ciudad. Tengo una muy buena relación con Rosario, bastante buena con Buenos Aires, pero la única ciudad que te banca, la ciudad en sí, no la gente, es Montevideo”, afirma sin titubeos e ilustra: “Tiene algo especial: es antigua”. Y acerca de su idiosincrasia, considera que es “muy compleja”. “Hay mitos cruzados. Los montevideanos admiran de los porteños, de los ‘argentinos’, dicen, que se animan. El montevideano es más lento, pero no sentís muchas diferencias con Rosario. Buenos Aires es mucho más complicado”.
“Ordenan”
Amén de numerosas colaboraciones en revistas, diarios y suplementos culturales de Argentina y Uruguay, Gandolfo escribió libros de cuentos como “La reina de las nieves”, “Sin creer en nada”, “Dos mujeres” y “Cuando Lidia vivía se quería morir”, a lo que se añaden las novelas “Boomerang” y “El doble Berni”. Frente a esa producción y al momento de tomar la pluma, no duda en indicar que los géneros “ordenan”. “Te acostumbra a no perderte en los meandros intelectuales de la literatura. Alguien, alguna vez, comentó que el 90 por ciento de la ciencia ficción era basura. Entonces, el 90 por ciento de todo es basura, lo cual es cierto. El género, como tiene reglas, si no las cumplís ya no estás haciendo género y, a su vez, si las cumplís y tenés ambiciones, lo que pensás es cómo las rompo, cómo las supero. En la literatura, cuando tenés una pandilla, te das manija de que lo que estás haciendo es fantástico. Los medios, La Nación, Clarín, Los Inrockuptibles… cada uno tiene una pandilla y, automáticamente, sabés que los libros de fulano los van a comentar y todos van a ser buenos. Una estupidez total”, concluye.
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