ARTURO FIRPO: “EL MAYO FRANCÉS SIGNIFICÓ UNA REVOLUCIÓN CULTURAL”
“La revuelta y solamente la revuelta es creadora de la luz, y esta luz no puede tomar sino tres caminos: la poesía, la libertad y el amor” (André Breton)
—Cuando usted arribó a París, la sociedad francesa estaba fuertemente marcada por el Mayo Francés, ¿cuál era el espíritu de época?
—La revuelta de Mayo del ’68 había transformado completamente las costumbres. Francia era un país muy jerarquizado. Si bien la estructura político-económica de la sociedad francesa no se vio afectada, las relaciones entre patrones y obreros, entre padres e hijos, entre hombres y mujeres, no fueron las mismas. El movimiento tuvo alguna intencionalidad política aunque, en realidad, el Mayo Francés significó una revolución cultural. No hay que pasar por alto el peso de los intelectuales, que estuvo enmarcado por el pensamiento y la obra de Jean-Paul Sartre, su idea del compromiso y del proyecto individual integrado en un proyecto colectivo.
—Para Sartre el estudiantado era el sujeto revolucionario de aquel momento, ¿quién es actualmente el sujeto que encarna el valor real del cambio y la vanguardia revolucionaria en nuestro país?
—El Mayo del ’68 es la culminación de un proceso que comienza con la Revolución Cubana y que se vincula con la aparición en el escenario de la época de un nuevo protagonista: los jóvenes. La Revolución Cubana, al igual que el Mayo Francés, fue hecha por jóvenes con la idea de un proyecto político revolucionario, concebido como la acción de una vanguardia sobre el conjunto de la sociedad. En ese entonces, Francia vivía un momento de bienestar económico. En la Argentina, en cambio, después de diciembre de 2001, resulta difícil concebir un sujeto de esa índole debido a que el movimiento de la protesta social se ha generalizado y hay diversos frentes: el frente docente, el frente de los piqueteros, distintos frentes de mujeres en lucha, los frentes regionales, los frentes de defensa del consumidor.
—Así como el Mayo Francés intentaba romper con las estructuras socioculturales y era un movimiento estudiantil anti-académico, ¿es posible pensar la Universidad argentina contemporánea en esos términos?
—Sería deseable, pero no veo en el horizonte que desde la Universidad haya una propuesta de transformación académica. En todo caso, aparecen ideologías que proponen cambios vagos en la sociedad sin demasiada preocupación en cuanto a lo estrictamente académico. Los estudiantes de muchas facultades no reflexionan sobre la formación profesional que reciben. En ese sentido, los problemas fundamentales que cuestionaron los estudiantes franceses fueron el tipo de saberes y sus modos de transmisión. En la Argentina ya hubo una Reforma Universitaria en 1918 parecida a la del Mayo Francés. Sin embargo, el debate no se agota con una reforma porque los saberes son campos en permanente transformación y movimiento.
—De acuerdo a lo anterior, ¿cómo se produjeron los cambios en el pensamiento intelectual de aquella época?
—En Francia, los estudiantes contaban con la presencia de algunos maestros jóvenes del pensamiento —Gilles Deleuze, Félix Guattari, Roland Barthes, Michel Foucault—, quienes crearon las condiciones de posibilidad del movimiento. Ellos fueron los agentes e incentivadores de la politización y del pensamiento alternativo. Por eso, considero interesante señalar algunas enseñanzas del Mayo Francés. Primero, la importancia del compromiso de los intelectuales; segundo, la puesta en marcha de estrategias situacionistas (VER LINK) y, tercero, la liberalización de las costumbres, es decir, la ampliación del espectro de libertades individuales, elecciones personales y sexuales.
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EL SITUACIONISMO
Explica el Informe sobre la construcción de situaciones y sobre las condiciones de la organización y la acción de la tendencia situacionista internacional (Documento Fundacional de 1957):
“Pensamos que hay que cambiar el mundo. Queremos el cambio más liberador posible de la sociedad y de la vida en la que nos hallamos. Sabemos que este cambio es posible mediante las acciones apropiadas.
El tema que nos ocupa es precisamente el uso de ciertos medios de acción y el descubrimiento de nuevos -que se pueden identificar fácilmente en el dominio de la cultura y de las costumbres-, aplicados en la perspectiva de una interacción de todos los cambios revolucionarios.
Lo que llamamos cultura, manifiesta, pero también prefigura en una sociedad dada, las posibilidades de organización de la vida. Nuestra época se caracteriza fundamentalmente por el retraso de la acción política revolucionaria respecto del desarrollo de las posibilidades modernas de producción, que exigen una organización superior del mundo”.
Para Arturo Firpo, “el Mayo Francés resultó un levantamiento en parte espontáneo y en parte preparado. Desde 1951, había un grupo de intelectuales jóvenes, denominados situacionistas, que fueron creando el clima para el estallido: orquestaron el sistema de publicidad y graffitis en las calles de París.
Las estrategias situacionistas planteaban un urbanismo integrado; es decir, en una ciudad como París donde había un núcleo rico y barrios muy pobres, proponían una reducción de la fragmentación de los espacios urbanos”.
El montaje escenográfico del situacionismo tuvo un gran significado político. A esto se suma la movida artística que venía desarrollándose como cultura marginal -el teatro del absurdo, la canción popular, el jazz¡-los obreros y, principalmente, la corriente estudiantil.
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