ASALTAN UNA FRACCIONADORA DE AZÚCAR DE BARRIO BELGRANO Y SE LLEVAN $5.000
Robar a mano armada los 5 mil pesos de la venta del día en una fraccionadora de azúcar de barrio Belgrano no les impidió a los asaltantes tener un gesto, si se quiere, de buena educación. “¿Nos podemos llevar las bicicletas?”, preguntaron una vez consumado el golpe, en un tono tan amable que desorientó a las víctimas. Los empleados les pidieron que no lo hicieran porque usan las bicis para ir a trabajar. Y los maleantes respondieron con inesperada cortesía. “Está bien. Entonces nos vamos”, se despidieron los dos muchachos que se alejaron charlando sin prisa del lugar del asalto, como si hubieran completado un simple trámite.
El inusual diálogo entre ladrones y víctimas se registró a las 14.30 del miércoles en un depósito de azúcar de Barra y Río Negro, ubicado en una ochava frente a la vía, tres cuadras al sur de Mendoza al 6100. En un galpón con puertas de chapa negra funciona una planta fraccionadora de azúcar. La firma compra esa mercadería en consignación en la provincia de Tucumán y luego la revende en Rosario a panaderías, almacenes y fábricas de chocolate o galletitas.
Entre las bolsas de azúcar apiladas casi hasta el techo, cuatro empleados, un changarín y un fletero cargaban un camión Ford 7000 para realizar un reparto cuando aparecieron los ladrones. Gisela, una empleada de 20 años, los vio llegar e intentó impedir que entraran. “Cuando los vi me fui al humo, pero sacaron armas y tuve que volver adonde estaba”, contó la joven.
De acuerdo con la descripción de una de las dueñas del negocio, Silvia, de 46 años, los maleantes eran dos jóvenes de entre 19 y 20 años, bien vestidos y tan parecidos entre sí que podrían ser hermanos. El más nervioso de los dos se acercó al grupo y ordenó: “Todos al piso, venimos por la plata”. Los empleados les dijeron que no había dinero allí, pero los muchachos parecían contar con información precisa. “Sí, sí. Hay plata”, insistieron.
Mientras uno de los asaltantes se quedó apuntando al grupo de trabajadores, el otro fue directamente a la oficina y abrió el cajón donde había 5 mil pesos guardados en una bolsita. También se llevó el celular de la dueña. “En el lugar había otras cosas de valor. Estaba mi mochila con un celular y el bolso de Gisela”, apuntó Aldana, de 18, otra empleada que presenció el robo. Las víctimas contaron que los ladrones llevaban armas cortas, una de las cuales podría ser un revólver calibre 22.
Una vez concretado el atraco, los jóvenes se acercaron a las tres bicicletas que estaban recostadas contra una pared, cerca de la puerta. Entonces hicieron la pregunta que descolocó a las víctimas: “¿Podemos llevarnos las bicicletas?”. Ante la insólita situación estar frente a ladrones que piden permiso para robar, las empleadas no sabían qué decir. Les explicaron que habían comprado las bicis con mucho esfuerzo y que las usaban para ir a trabajar. Y los maleantes resolvieron irse a pie.
PEINANDO EL BARRIO
Se retiraron caminando por la calle Río Negro. Cuando reaccionó, uno de los empleados, Rubén, de 37 años, salió a perseguirlos. “Párenlos que nos chorearon”, les gritó a los vecinos. Luego paró un taxi y salió a buscarlos por el barrio, pero los asaltantes se habían esfumado. Un patrullero de la comisaría 14ª también los buscó sin éxito por la zona, según dijeron fuentes policiales.
El del miércoles fue el primer robo en cuatro años que sufren los socios de la envasadora de azúcar. Dos horas antes del asalto, según contó a La Capital Silvia, los repartidores de la firma habían sido abordados por dos policías de la comisaría 18ª cuando descargaban 19 paquetes de azúcar en el depósito de un cliente, en Lamadrid y Francia. Los efectivos les exigieron documentación que avalara la transacción. “Teníamos los remitos y las facturas de la mercadería que íbamos a entregar. Da la casualidad de que pasó todo el mismo día”, dijo la mujer.
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