ASALTAN Y GOLPEAN A UNA JUBILADA EN EL BARRIO CANDIOTI NORTE
Un ladrón solitario cometió ayer una temeraria incursión en un domicilio de barrio Candioti Norte, donde sorprendió a una jubilada a la que robó algo de dinero para finalmente darse a la fuga.
El grave suceso ocurrió minutos antes de las 21 y tuvo lugar en la vivienda de Sarmiento al 4300, lugar donde reside desde hace años María Isabel Martos, una jubilada de 65 años.
Anoche la señora, como todos los jueves, había salido a cumplir unos trámites ignorando que a su regreso iba a pasar por una de las experiencias más dramáticas de su vida.
Lo más temido
A poco de ingresar la mujer advirtió que ciertas costumbres de la casa habían variado. Por ejemplo, sus dos perritas no habían salido a “recibirla” como lo hacían siempre.
Otro detalle fue que al dirigirse hacia la cocina observó que un vidrio pequeño de la puerta de ingreso estaba roto. “Voy a tener que cambiarlo, antes que llegue el invierno”, pensó ingenua.
Los minutos pasaban y el silencio provocado por la ausencia de los ladridos de las perras era cada vez peor. Intuía que algo muy raro estaba pasando. Y así fue nomás.
Detuvo su marcha frente a uno de los dormitorios. En el preciso instante que se detuvo a pensar sintió todo el peso de la violencia en sus hombros. Un sujeto, la tomó de los pelos y en cuestión de segundos ya la tenía reducida contra el suelo.
Sin gritos, sin perros
La primera reacción de María fue gritar, pero enseguida recibió una orden certera: “dejá de gritar porque te mato. Además, hacé callar a esos perros. No me mirés y decime rápido dónde está la plata”.
En todo momento el rufián actuó con seguridad en sus movimientos. Según se supo estaba armado con un cuchillo del tipo Tramontina, de cocina.
Los forcejeos que realizó el delincuente para vencer la vertical de la víctima dejaron sus huellas. María terminó con una herida cortante en la cabeza, además de lesiones en sus piernas y hombros. Y ni hablar del terrible impacto psicológico que aún le provoca lágrimas cuando lo relata.
Al cabo de unos minutos el mismo ladrón la ayudó para que se levante. La tomó del cuello desde atrás y, tras recordarle que no debía mirarlo a la cara, le ordenó que le dijera dónde estaba el dinero.
A la pobre María no le alcanzaban las palabras para decirle que “a mal puerto había llegado si es que allí pretendía hacerse de una cifra millonaria.”.
El botín
Conocedor del asunto el rufián comenzó a abrir cajones por todos lados. Lo único que logró encontrar fueron unos magros 30 pesos que no desestimó.
Pero también en su recorrida el malviviente se llevó un objeto de mucho valor sentimental para la dueña de casa. Una medalla con la virgen de los reyes de España. “Era el único recuerdo que tenía de mi abuela paterna”, dijo hoy María llorando.
“Perdón señora”.
Ya convencido que no iba a salir rico de esa casa, el delincuente comenzó a preparar su retirada. Aunque en plena faena dejó en claro sus muestras de humanidad.
Tomó una de las cortinas tejidas con las que María habitualmente “engorda” su jubilación, y la utilizó para atarle las manos hacia atrás. Luego agarró otro pedazo de tela se lo colocó en la boca a modo de mordaza.
“Bueno, ya casi terminamos. Ahora espere diez minutos y no se le ocurra comenzar a gritar. Ah… perdón señora”, le dijo el rufián antes de desaparecer de la casa.
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