ASALTO CON TOMA DE REHENES EN UNA DESPEDIDA DE AÑO
Alrededor de una veintena de personas, entre hombres y mujeres, mayores y menores de edad, fueron sorprendidas y reducidas bajo amenazas de muerte por cinco sujetos armados que irrumpieron en una casa de calle Vieytes al 4900. Eso ocurrió cuando la familia Fernández ofrecía una fiesta para despedir el año.
Apenas pasada la medianoche la casa de los Fernández -a escasos 50 metros de avenida Blas Parera-, fue tomada por asalto. Cinco hombres que lograron burlar la vigilancia de un perro boxer de gran porte con un poderoso somnífero, aparecieron en escena y apuntaron con sus armas a todos los presentes.
Los indeseables visitantes exigieron que anfitriones e invitados se echaran boca abajo, en el piso del comedor, pero no del todo seguros de la respuesta que obtendrían de ellos, agravaron el cuadro y -antes de pasar la gorra-, uno de ellos apuntó a la cabeza de un bebé, un niño recién llegado a este mundo cinco días atrás.
Como es de imaginar con ese solo gesto tan inesperado como impiadoso la concurrencia entró en pánico. Entonces hubo algunos forcejeos, gritos, ruegos y llantos de madres.
Pero la reacción de las víctimas no iría más allá porque uno de los delincuentes gritó por sobre todos ellos y se hizo oír. Les advirtió que nada malo les pasaría si obedecían sus órdenes.
Después, ese mismo sujeto que al igual que sus cómplices cubría su cabeza con una remera, explicó la situación con voz calma y pausada. Dijo: “Nuestro trabajo es robar. Somos ladrones, no somos matones y no queremos lastimar a nadie”.
Luego, apenas el encapuchado remató su actuación la gorra pasó entre los aterrados espectadores. Todos y cada uno de ellos se vio obligado a echar mano al bolsillo para contribuir a la causa de los amigos de lo ajeno.
Después, el grupo se retiró en orden, pero no sin antes reiterar su amenazas siniestras. Las víctimas que habían enmudecido no atinaron a pedir auxilio, sin embargo la casualidad quiso que una patrulla policial advirtiera un comportamiento sospechoso en esos muchachos que, ya lejos del lugar del hecho, caminaban apresuradamente.
Por supuesto que, apenas los uniformados se acercaron con intención de identificar a esos desconocidos, el grupo se dispersó precipitadamente .
La persecución que siguió a la estampida permitiría la captura de dos jóvenes que llevaban con ellos parte del dinero robado en la casa de la familia Fernández y también, de algunos efectos personales sustraídos a las víctimas.
La policía trabaja ahora en procura de dar captura a los miembros de la banda que lograron escabullirse en medio de la noche.
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