ASAMBLEA EN LA ESCUELA BUSTOS POR LOS DESTROZOS DEL ÚLTIMO SÁBADO
En la jornada de hoy, autoridades, maestros, alumnos, padres y vecinos de la escuela Nº256, Juan Bautista Bustos se reúnen en asamblea para analizas la situación, de cara a los últimos ilícitos que colocan al establecimiento educativo en el ojo de la tormenta.
Cabe recordar que el pasado sábado, cuando los maestros ingresaron para desarrollar una actividad extracurricular al edificio de la escuela, ubicada en calle Rivadavia frente a la plaza España de esta ciudad, descubrieron que desconocidos habían ingresado y provocado destrozos de los más crueles y variados.
En ese sentido, la Vice Directora de la Escuela, Lucía Ríos invitó a toda la comunidad de la zona a la asamblea de esta mañana para que se decida la elevación de un petitorio. “Es muy importante que los chicos reflexionen. Creo que nuestro deber, como docentes, es hacer que los alumnos tomen conciencia de que las cosas tienen que cambiar y hay que pensar de que modo se pueden revertir”.
Además, agregó que “es difícil encontrar la punta de esto, pero es importante que los padres de los chicos que provocaron esto se hagan cargo de la situación”.
Por su parte, una gran cantidad de vecinos ya se llegaron hasta el inmueble de la escuela Bustos para expresar su solidaridad con la comunidad educativa y participar del debate que comenzará en minutos, cuando alumnos, maestros y padres se reúnan para encontrar una solución.
PREOCUPACIÓN POR LA “BANDA DEL POXI”
María Luisa Nieres, está preocupada. La escuela Juan B. Bustos, que conduce hace tiempo, es uno de los blancos preferidos de la llamada “banda del poxi”, un grupo de chicos de entre 5 y 15 años, que antes estaba en la terminal y desde que se privatizó, deambula por la plaza España.
En la escuela casi todos conocen y tiene identificados a los “poxis”, incluso saben que algunos son de Paraná, pero no encuentran la manera de evitar sus atracos, aunque el fin de semana algunos fueron detenidos por este delito.
A media mañana también fueron integrantes del gremio docente Amsafé y funcionarios del Ministerio de Educación para constatar los daños que sufrió la institución y buscar la manera de salir adelante.
EL ACTO VANDÁLICO
La policía encontró que dos de los autores del estropicio, de 12 y 13 años, todavía estaban en el lugar del hecho y están detenidos, al igual que otros chicos de 11, 13 y 15 años de edad que fueron encontrados en la calle con parte de los objetos robados. El edificio -de calle Rivadavia al 2900- fue saqueado con una saña nunca vista antes en nuestro medio, donde los ataques a establecimientos educativos son frecuentes.
Dos menores que habitan en la zona de la terminal y la plaza España, aparecieron en el interior de la escuela N° 256 General JB Bustos, en la que provocaron destrozos en puertas, ventanas, muebles y material de la administración. Otros tres, cuyas edades no superan los 16 años, lograron saltar las rejas del patio y se llevaron en algunas bolsas el botín.
La policía había sido alertada por los vecinos, que alrededor de la 6.30, vieron a dos criaturas trepadas a las rejas, de entre 8 y 10 metros de altura, que dan a la calle Hipólito Yrigoyen.
Llevaban bolsas en las que trasladaban los objetos que pudieron robar, y lograron escaparse.
“Los dos más grandes quedaron adentro, porque estaban tan drogados que no podían caminar”, relató uno de los testigos del episodio, que estimó que la parejita de chicos ronda los 13 años. “La nena estaba envuelta en la bandera argentina, y no sabía quienes éramos nosotros, no entendía nada”, se alarmó la docente.
CON SAÑA
La policía no pudo ingresar ante el primer llamado, porque la escuela estaba cerrada y no estaban autorizados para hacerlo; por eso tuvieron que esperar que llegue la encargada de coordinar el curso.
Una vez en el hall central comenzaron a notar los destrozos, acompañados de los docentes que llegaban al curso. Vidrios esparcidos por doquier, puertas descalzadas y armarios rotos, fue la primera imagen. En el patio, las macetas estaban dadas vuelta, y el crujido de los vidrios bajo los zapatos condujeron a las autoridades hasta el patio mayor, donde encontraron a los dos chicos, ya sin fuerzas para oponer resistencia.
Los uniformados tomaron nota de los daños e incautaron bolsas y tarritos de pegamento, y bolitas de naftalina, que los chicos utilizaron como estimulantes. En principio, serían 5 los que ingresaron a la escuela de calle Rivadavia al 2900, y como la puerta principal no estaba forzada y el establecimiento es muy seguro, se presume que podrían haberse escabullido el viernes a la noche, mientras tomaban clases los alumnos de la escuela nocturna.
Además de los dos capturados en el patio -una nena de 13 y un varón de 12-, una patrulla detuvo a los tres restantes en cercanías de la terminal de colectivos. Eran un nene de 11 años, oriundo de Paraná, y dos de 13 y 16 años, a quienes sorprendieron acarreando un radiograbador, una video y una plancha.
“NO SON LOS NUESTROS”
Lo primero que dijeron las profesoras, que con profunda amargura recorrieron la escuela, fue que “no son nuestros alumnos los que hicieron esto. Tampoco de otra escuela de esta localidad”. Todos en la Bustos identificaron a los menores como “los chicos de la terminal”, o como “la banda del poxi”.
Se trata de una docena de chicos -que deambulan por la zona y duermen a la intemperie- que está bajo seguimiento de un grupo de “operadores de calle”, que actúan en coordinación con el Juzgado de Menores y la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia.
Para los presentes, ésta no es la primera vez que ocurre algo así. “En marzo, tiraron piedras y rompieron ventanas”, y “en mayo, subieron a la planta alta, robaron paraguas y un manojo de llaves que no eran de la escuela”, contaron las profesoras.
“Nuestros alumnos hacen el recreo en la plaza, entre el turno mañana y el de la tarde, y les tiran barro hecho con tierra y orina, les roban y rompen las carpetas y los abrigos”, explicó una docente que conoce el barrio. “Si los chicos no les dan sandwiches o gaseosa los cascotean.
ADEMÁS, LOS ESCUPEN EN LA CALLE”.
Los relatos hablan de la mala convivencia de los 700 alumnos que soportan los ataques de un grupo de niños desamparados, de los que nadie se hace responsables.
“Nuestros alumnos no quieren tener problemas con esos chicos”, aclaran las profesoras, que saben que además de la intención de robo, los daños vistos representan la intención de venganza y el rencor que los enfrenta. “Si hoy no veníamos por el curso, no encontrábamos ni las puertas”, coincidieron todas.
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