ASEGURAN QUE LOS INCENDIOS EN LAS ISLAS ENTRERRIANAS ESTÁN CONTROLADOS
El fuego está controlado”. Así lo aseguraron funcionarios de los gobiernos de Entre Ríos y Santa Fe. Es más, los dos pilotos expertos en el manejo de fuego que desde hace días sobrevuelan las islas entrerrianas frente a Rosario coincidieron ayer en que los focos que todavía arden “no constituyen un incendio peligroso”.
El jefe de operaciones de Defensa Civil de la provincia de Entre Ríos, Marcelo Salas, confirmó ayer que “el incendio está controlado” pero aclaró que el personal del Plan Nacional de Manejo del Fuego continuará trabajando. En tanto, su par santafesino, Eduardo Wagner, tras sobrevolar las zonas afectadas indicó a La Capital que “el panorama está mucho más despejado que en días anteriores y sólo quedan dos o tres focos grandes”. El funcionario subrayó especialmente que “está plenamente garantizada la seguridad de la población isleña” y apuntó que debido al control de los focos ígneos “el humo ya se siente mucho menos”.
En ese sentido, Salas explicó que “los trabajos para extinguir las llamas comenzaron sobre las costas santafesinas para evitar que el humo y las cenizas continuaran afectando a la gente de Rosario y de otras localidades ribereñas”.
Los expertos desde el aire
La experiencia del piloto civil José León Cantero y del capitán de la Fuerza Aérea Oscar Luzardo es clave para tratar de apagar los incendios en las islas. Poco después del amanecer, La Capital dialogó con ellos en el aeropuerto internacional de Fisherton, donde esperaban órdenes y coordenadas para empezar su plan de vuelo del día. La idea de Cantero, a bordo del avión hidrante PZL-M18B, era intentar apagar distintos focos y la de Luzardo, al mando del helicóptero Bel UH1H, trasladar a las brigadas de bomberos y Defensa Civil que operan en las islas por tierra.
Aunque uno es civil y el otro militar, los dos trabajan con el Plan Nacional de Manejo del fuego desde 1996 y tienen sobrada experiencia en incendios forestales en distintas regiones del país. Sin embargo, es la primera vez que operan sobre las islas ubicadas frente al sur de Santa Fe.
Los terrenos donde se distribuyen los focos ígneos comprenden unas 25 mil hectáreas entrerrianas. De frente al Paraná desde la costa santafesina, ocupan una franja que se extiende desde Fray Luis Beltrán hasta Villa Constitución por unos 60 kilómetros tierra adentro en Entre Ríos.
“Si bien hay muchos focos extremadamente dispersos, no son muy grandes”, sostuvo el capitán Luzardo, que ya combatió el fuego en localidades del sur cordillerano y también sobre el Amazonas, al norte de la ciudad brasileña de Manaos. “No quedan más que tres o cuatro focos grandes”, agregó el piloto.
La medición del fuego no se hace a ojo, sino a través de marcaciones por medio del Sistema de Posicionamiento Global (GPS), un dispositivo que indica la ubicación en cualquier punto de la Tierra mediante señal satelital. Esa información, explicó Luzardo, luego se vuelca a un software para calcular con exactitud el área que está ardiendo.
El helicóptero sirve para garantizar el traslado del personal que combate el fuego, los víveres e instrumentos y opera en los relevos de cada brigada para mantener un ritmo sostenido de trabajo. La aeronave -que transporta hasta 11 personas y 5 toneladas de peso- puede descargar sobre el incendio unos 500 litros de agua que traslada en una bolsa de lona llamada bambi bucket.
“No me asusta el fuego, pero siempre hay que extremar las precauciones porque el helicóptero trabaja al límite y cuando se vuela sobre humo existe la posibilidad de que una ingesta de ceniza afecte el rendimiento del motor”, afirmó Luzardo, ya listo para despegar.
También el piloto del avión hidrante esperaba sus coordenadas para arrancar con la agotadora jornada. A diferencia del militar, Cantero viaja solo porque su aeronave es monoplaza y su trabajo específico consiste en descargar 2.500 litros de agua a unos 10 ó 20 metros de altura sobre los focos.
“Ayer (por anteayer) hice ocho descargas y logramos apagar los cinco que despedían más humo”, explicó el aviador, confiado en que a lo largo de la jornada de ayer podría duplicar su performance. Aun así, aclaró que por la dispersión de los focos “el avión solo no puede controlar el fuego, por lo que se hace indispensable el apoyo terrestre”.
Cuando no trabaja para el Plan Nacional de Manejo del Fuego, Cantero se gana la vida como fumigador. O sea: se la pasa volando. “Nadie quiere tener el fuego a la espalda. Por eso empezamos desde el sur de Rosario y avanzamos hacia el norte (de donde está soplando el viento), y si se vuelve a prender un foco siempre va a correr para el lado contrario de uno”, graficó.
Su avión puede alcanzar una velocidad de hasta 180 kilómetros por hora, pero a la hora de descargar el agua no lo hace a más de 120 porque la súbita pérdida de peso lo haría saltar peligrosamente hacia arriba. “¿Miedo? No, por qué, si es mi trabajo”, dijo con sencillez Cantero. Y sin embargo admitió que, aun sin fuego de por medio, “volar ya tiene sus riesgos”.
Este contenido no está abierto a comentarios

